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Política y redes sociales

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Redes sociales

Los Verdes, bastante consolidados en Alemania, representan la modernidad del país, el impulso hacia las nuevas tecnologías con un gran respeto medioambiental, la superación de los viejos tópicos políticos y la conquista de un futuro integrador y cosmopolita. Joschka Fischer, ministro de Asuntos Exteriores de Schröder, fue quien consolidó aquella opción política innovadora, que hoy mantiene su alta cotización.

Pues bien: Robert Habeck, actual líder de los Verdes y uno de los políticos más en alza de Alemania, ha anunciado que abandona ese ecosistema a veces tóxico de las redes sociales. Primero, porque, para él, este espacio limita la reflexión por su esquematismo y elementalidad y porque a su juicio las redes le hacen más agresivo y propenso a la polémica. Y, segundo, por el nuevo robo masivo de datos que pone de manifiesto la abundancia de mafiosos en este mundo, empezando por las compañías que se valen de malas artes para incrementar beneficios aun a costa de la mixtificación y el engaño.

A la gresca en las redes sociales

En el caso del líder de los Verdes ha reconocido haber protagonizado incidentes en las redes –malos entendidos por la linealidad de los mensajes— que le aconsejan renunciar a estas herramientas que, en la práctica, están favoreciendo en todo el mundo, y también en Alemania, la mejor y más rápida infiltración social de las opciones más radicales y hasta violentas, que encuentran terreno abonado en el polvorín de Twitter, en la mendaz planicie de Facebook y en la maquillada simplicidad de Instagram.

En democracia, la política se basa en valores, que se plasman en ideas, que compiten entre sí. Conceptos abstractos como libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto, que son las piezas elementales de los programas políticos, no pueden totalizarse en simples frases que se lanzan al espacio público. La política seria debe realizarse sobre soportes adecuados –el discurso oral, la letra impresa en papel o en la pantalla digital— pero no puede arrojarse impunemente al flujo magmático de las redes sociales.

Las redes sociales comunican, vertebran, integran, forman tejido social, dan acceso público a voces que no lo tendrían de otro modo pero no son el mejor escenario para vivir, ni para platicar, ni para seducir políticamente, ni mucho menos para escenificar la gran controversia que la representación formal de los ciudadanos. Conviene saberlo, tanto para que los políticos obren en consecuencia cuanto para que los ciudadanos no nos dejemos engatusar por los ecos distorsionados de las voces en Internet.

Lee aquí nuestra entrevista al politólogo Pablo Simón
Antonio Papell
Director de Analytiks

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