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Iñaki Gabilondo y los terraplanistas

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Iñaki Gabilondo abandona los análisis políticos que realizaba en Hoy por Hoy y en El País desde 2011. El periodismo de opinión pierde una de las voces más respetadas en la profesión. Lo deja por cansancio, por hastío, porque hay mucho listillo. Porque mientras algunos, con una reputación ganada a pulso durante años, duermen y despiertan pegados a la actualidad y viven por y para el conocimiento, otros se informan y forman su opinión con lo que ha leído en un pantallazo que le ha llegado por WhatsApp. Y este esfuerzo, claro, pasa factura, desgasta. Para qué esforzarse en informar, si ellos ya se consideran informados. Para qué tratar de explicar la realidad con argumentos serios cuando existen memes.

Somos muchos los que crecimos con la voz de Iñaki Gabilondo. Esta semana, el periodista, de 78 años, se va parcialmente, y así lo explica: «Ahora hay mucha gente que tiene opinión de una manera muy fácil, incluso sin necesidad de información».

El mundo sufre un problema general del que ya se ha hablado, las fake news. No es que la gente no necesite información, es que cualquier información les sirve, siempre que confirme sus prejuicios o sacie sus apetencias.

La gente peor informada es la que mejor informada se considera –“solo sé que lo sé todo”, replicarían a Sócrates–. No porque no lean, sino porque eligen mal lo que leer. No es una opinión subjetiva: existen multitud de medios dedicados a la manipulación y a los que con un par de visitas a web y fuentes fiables se les echa abajo cualquier argumento. Pero han elegido tomar el camino de la ciega devoción y no el de la razón. No dudan, no se hacen preguntas.

Solo así se explica que en una sociedad moderna y culta como se le presupone a la nuestra existan mentes pequeñas donde cabe todo un universo de conspiraciones absurdas: antivacunas, terraplanistas, paranoicos de las redes 5G, negacionistas del covid y de la nieve…

Los amantes de las conspiraciones no son idiotas ni unos iletrados, aunque tampoco son físicos de partículas, todo sea dicho. Son simplemente personas engañadas. ¿Es la nieve que estos días ha azotado Madrid un producto químico con el que nos rocían para controlarnos? El mero hecho de realizar esta pregunta produce sonrojo, pero lo cierto es que, si tiramos del hilo, en un cerebro manipulable tendría cierto sentido.

Veamos. A comienzos de 2018 salta una noticia (yo la leí en El Confidencial): “Científicos logran fabricar nieve en 30 minutos ‘sembrando’ nubes con aerosoles” (aquí puede leer el hallazgo). Este descubrimiento consiste en espolvorear yoduro de plata en un grupo de nubes que contengan agua líquida a muy baja temperatura. Así, en media hora nieva. Entonces, Mari Puri, 45 años (nombre y edad ficticios) toma una bola de nieve, la comprime entre sus manos, le acerca un mechero y… ¡no se derrite! ¡Es más, aparece una mancha negra! ¡Como si quemásemos plástico! Y así se construye una mentira que se viraliza, se comenta en grupos de WhatsApp y provoca que divulgadores científicos tengan que ocupar su tiempo en desmentir a Mari Puri.

Las mentes más preclaras se alejan y las mentes con sombreros de papel de plata se multiplican. Qué tiempos estos.

Sergio García M.

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