El Consultorio del Dr. Cheshire

“Soy gay y de izquierdas… pero me siento atraído por Santiago Abascal”

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Un gay de izquierdas, atraído por Santiago Abascal

Querido Doctor Cheshire:

Me animo a escribirle tras ver el éxito y la calidad de las repuestas que da en su consultorio y sobre todo por el hecho de que sea un servicio de una web dedicada a la política. Mi caso es un poco extraño, pero, aunque le parezca una frivolidad, me está causando un gran sufrimiento.

Verá: soy gay, votante de Izquierda Unida de toda la vida y felizmente casado desde hace años. Antes que nada me gustaría que constara que soy el primero en estar escandalizado del actual escenario político y la aberración que supone darle pábulo a la extrema derecha y esa alianza que algunos denominan ‘trifachito’ –Ciudadanos, PP y Vox– que solo servirá para que haya un retroceso en los derechos y libertades.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte estoy experimentando sensaciones extrañas respecto a estos tres partidos políticos. Bueno, respecto a sus líderes. Tanto Albert Rivera como Pablo Casado y, sobre todo, Santiago Abascal me resultan extraordinariamente atractivos y me encuentro a mí mismo fantaseando con ellos en cualquier momento. Pese a todo, mi favorito es Abascal: siempre me han atraído los perfiles musculosos y la testoterónica defensa de los ideales españoles –yo me siento muy español–. Peor aún, frente a los lideres izquierdistas, no veo comparación posible.

Me está causando ya problemas con mi pareja –pierdo mucho tiempo en rastrear las redes de Vox buscando fotos de mi secretamente admirado oscuro objeto de deseo– y está empezando a sospechar que tengo un affaire real, puesto que para emularlo he empezado a usar gomina, correr por las montañas cercanas a mi casa y me he apuntado a un curso de equitación.

Doctor, estoy desesperado, ¿qué debo hacer? ¿Intentar suprimir estas fantasías a toda costa porque van en contra de mis ideales políticos? ¿Debo fijarme en otros hombres más afines a mi ideario? ¿Se trata de un aviso de que mi intención de voto está cambiando? ¿Es esto la erótica del poder? ¡Ayúdeme!

Firmado: un izquierdista confundido


Estimado izquierdista confundido:

consultorio del doctor CheshireEl mercado político está en crisis. Los partidos no cuentan con ideas novedosas que estimulen a la gente, por lo que los publicistas que los dirigen se esfuerzan en hacer apetecible el envoltorio. Y como puede comprobar en carne propia, a veces lo consiguen.

¿Qué tendrá que ver el encontrar atractivo a un político para apoyar su programa de gobierno? Pues, según los estudios, hay una gran relación. En esto como en tantas cosas, los humanos nunca dejarán de sorprenderme. Desde mi frialdad/desinterés felino quizá pueda ayudarle a analizar con mayor objetividad el fenómeno al que se enfrenta.

Para alcanzar el poder, los partidos deben ofertar un ‘líder de la tribu’ que seduzca a la gente. Cuando consiguen hacer funcionar los engranajes correctos en sus cerebros de primate han ganado. Y el sexo es uno de ellos.

Ahora en España tenemos por un lado la estrategia Rivera-Casado. Ambos guardan una similitud sin duda sorprendente (me refiero al físico, la política no es mi campo). Se trata de un producto de totalmente estudiado, recuerdan el prototipo de presentador de un magazine matinal. ¿Quién no querría como yerno a cualquiera de los dos? Ambos jóvenes, guapos y arregladitos, con el añadido de esa belicosidad típica de ‘soy el más popular de clase’.

Abascal es diferente. La única oportunidad de Vox era crear un nicho de mercado nuevo, por lo que se trata de un producto plástico mucho más arriesgado. Hace gala de un look dominado por la hipermasculinidad: alardea de músculos, monta a caballo, incluso lleva pistola (sólo le falta mascar tabaco). Para tratar de evitar que le tomen por un gañán añade el toque poético de cultivar bonsais. Es un cliché que podemos encontrar en la otros políticos reales (sería como un Vladimir Putin con barba, salvando las distancias), pero también en la ficción. A mí me recuerda a algún personaje de “El cuento de la criada” (repito que la política no es mi campo).

Mientras tanto, parece que en la izquierda todavía no se han enterado de qué va la historia y sus electores van cayendo rendidos a los encantos de los líderes rivales. Es como si los izquierdistas fueran políticos ”auténticos” que no pueden competir con las técnicas de diseño psicológicas. Así, las coletas, barbas desarregladas o simplemente la falta de una voluntad de forma se convierten en un hándicap que hace que hasta los votantes convencidos sean cautivados por los rivales. En realidad creo que sólo tienen peores asesores.

Mi consejo: déjese de enamoramientos adolescentes de papel couché. Recuerde que los líderes políticos son maniquíes modelados por las estadísticas: las  encuestas controlan desde su corte de pelo al tipo de series que dicen seguir en la tele. No compre el libro por la portada, léalo. Siga las votaciones de los partidos en los distintos parlamentos, revise las leyes que impulsan cada uno de ellos e intente informarse de forma no sesgada. Y deje las fotos de su adorado Abascal para momentos solitarios de intimidad.

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