Crónica negraArte

Instintos muy básicos: así termina una noche de placer en un doble asesinato

0
Instintos muy básicos: así termina una noche de placer en un doble asesinato 1

Un cóctel puede ser suave o fuerte. A veces, demasiado fuerte. Depende de las mezclas. Y en el caso que vamos a recordar, lo fue demasiado fuerte. En especial por los ingredientes, que eran, grosso modo, una anciana, un joven y una niña. Y, en medio, el sexo más burdo y primitivo, formando parte de unos instintos básicos exacerbados e imparables cuando se desatan.

Muchas veces pensamos que los crímenes más odiosos tienen como decorado las grandes metrópolis y, dentro de ellas, barrios degradados y miserables de las grandes ciudades. Pero ocurre muchas veces que es en los pequeños núcleos de población donde, en apretada síntesis, se desatan toda la gama de aberraciones y de  crímenes.

En este caso el escenario fue un pequeño pueblo asturiano llamado Colosía, próximo a los Picos de Europa. Corría el año 1929 y Fernando Simón, con apenas veinte años cumplidos, rumiaba por el pueblo su hambre de carne femenina, que cada día le exigía su enorme corpachón, apenas coronado por una cabeza ignorante y primitiva. Era un habitual de los prostíbulos de la zona, pero estos no eran muy numerosos en las proximidades, y Fernando sufría enormemente esa contrariedad que le impedía dar rienda suelta a su sexo desbocado.

María Antonia Vega y Dolores Fernández eran abuela y nieta, la primera alrededor de los 60, y la niña con apenas sus primeros 4 años recién cumplidos. Las dos “mujeres” vivían –es un decir– en una pieza se diría que prehistórica, una choza hecha de cualquier manera casi lejos de todas partes. Aquel día, como otros anteriormente, Fernando Simón caminó hacia la “casa” de la mujer y la niña, a las que conocía. Era una visita más que, al igual que las anteriores, iba -debía concluir- de la misma manera. Ambos habían estado reunidos al fresco de la noche con algunos vecinos del pueblo hasta que alguien “levantó la sesión” y cada uno se fue a su casa. María Antonia y la niña se dirigieron a su cobertizo y, poco después, seguía el mismo camino el gigantón Simón.

Página de sucesos donde aparece el crimen de la noche de placer y sangre

Noche de placer y de sangre

La noche de agosto invitaba al relax y el despertar de los sentidos, y el mozo y la anciana (para la época casi lo era) se acostaron en la única cama de la vivienda donde, obviamente, también dormía ya la pequeña que, en ocasiones anteriores, con un sueño muy profundo propio de su corta edad, casi nunca notaba lo que ocurría allí mismo. Pero esa noche no fue así, y despertada en algún momento, la cría comenzó a llorar con desesperación y a gritar asustada.

Tras los zarandeos y gritos habituales de cualquier abuela, la pequeña Dolores hizo lo que hacían todos los críos: gritar y berrear aún más. Nuevos golpes y gritos por parte de María Antonia contra la criatura, de nuevo con resultados negativos. Ya fuera de sí y contrariada por haber sido interrumpida en sus minutos de placer en los brazos enormes de su amante, del zarandeo María Antonia pasó a mayores, estrangulando y matando a la niña.

Tras quitarle las medias a la mujer, ató con ellas los dos cuerpos ya sin vida y los dejó allí, mismo pensando quizás en que el terrible crimen habría sido cosa de algunos forasteros

Por muy corto de luces que fuese Fernando Simón, aquello lo turbó sobremanera e, inyectado en ira, como un poseso, probablemente sin saber lo que hacía, asfixió a su vez a la anciana (lo era para la época, y quizás no compartía el rol de entonces obligatorio para toda mujer “decente”, más obligado aún para las agobiadas por los años pero que, a la vista estaba, aún eran capaces de matar por el sexo). Una vez enfrentado a los dos cadáveres y tras un tiempo de dudas sobre qué hacer, algo le dio una idea que inmediatamente puso en práctica: tras quitarle las medias a la mujer, ató con ellas los dos cuerpos ya sin vida y los dejó allí, mismo pensando quizás en que el terrible crimen habría sido cosa de algunos forasteros que pasaban por el solitario paraje y que se aprovecharon de lo solitario del lugar.

Pero todos sabían que el mocetón visitaba a la muerta habitualmente, y como principal sospechoso fue de los primeros en declarar ante la policía tras el descubrimiento de los cadáveres. También los agentes comprobaron que allí no faltaba nada de valor (que no lo había, claro) ni dinero (si es que lo hubiera habido). Y, en fin, la extrañeza aumentó cuando los policías corroboraron que todo estaba en orden en la infravivienda. Una vez descartada, por último, una improbable venganza, los investigadores tuvieron que aceptar lo que no parecía ya tan increíble, dados sus atípicos protagonistas: las muertes lo fueron dentro del desorden absoluto de unas relaciones sexuales aberrantes y primitivas.

Como si no fuese con él

Durante los interrogatorios, el acusado permanecería ensimismado y como si todo lo que había ocurrido no tuviera relación alguna con él. Ni siquiera perdió su habitual sonrisa bobalicona habitual, gestos y actitud que todos conocían en el pueblo. Pero, al final, apretándole las tuercas e investigando todo lo posible, la policía supo de las taras que portaba aquel hombrón, muchas heredadas de familiares de diversos grados, pero unidos por un invisible, pero terrible, cordón umbilical con toda clase de enajenaciones. A sumar enfermedades propias padecidas por el acusado, como algunas fiebres palúdicas que, sumadas a la herencia descubierta, habían hecho de aquel pobre ignorante un monstruo.

Fernando Simón sería juzgado un año después, pero tras la sentencia no visitaría ninguna cárcel, sino que sería residente permanente –hasta el día de su muerte, que desconocemos– en diversos establecimientos sanitarios, conocidos entonces como manicomios, sin duda, más terribles e inhumanos en aquellos momentos que las peores prisiones y penales del país. ¿Recordaría en su celda de esquizofrénico a aquella mujer a la que, a su manera -a su terrible manera-, había amado?

Iberia Alexa
José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

    Zanón y Carvalho (para mayor gloria de Vázquez Montalbán)

    Entrada anterior

    Volkswagen ID.3 un eléctrico para más bolsillos

    Siguiente entrada

    También te puede interesar

    Comentarios

    Los comentarios están cerrados.