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Podemos definir el género del thriller o, en español, suspense, como aquel que usa todos los elementos dramáticos a su alcance con el fin de generar un sentimiento de ansiedad o incertidumbre en el espectador que mantenga su atención hasta el desenlace. El éxito o no de una película de este género depende del uso que el director sepa hacer de las llamadas emociones primarias y de cómo conecte con la psicología del espectador sumergiéndolo en el mundo ficticio de estas emociones.

Siendo un género tan complejo e intenso emocionalmente, debemos congratularnos de que la XV edición del festival de Tribeca en Nueva York se haya caracterizado por la gran variedad de thrillers que se han exhibido este año y, si bien en todas las ediciones este género ha tenido representantes solventes, la variedad y calidad en ésta hace que merezca la pena destacar algunos.

Como A kind of murder (Chris Seager), que gustará a los cinéfilos amantes del cine negro clásico de los años 40 y 50 por su cuidada ambientación del Nueva York de finales de los 50, con unos efectos digitales muy cuidados que recrean a la perfección algunos de los más bellos lugares de Brooklyn. No en vano, la película se inspira en una obra menor de la escritora de novelas policíacas Patricia Highsmith, algunas de cuyas obras han sido adaptadas brillantemente al cine negro, como  Extraños en un tren, El amigo americano o, más recientemente, Carol, basada en el relato The price of salt. En este caso, la película se basa en el relato corto The Blunderer, que ya había conocido una previa adaptación cinematográfica en Francia bajo el título de Le Meurtrier (Autant-Lara) en 1963.

La cinta narra la historia de un matrimonio infeliz entre un arquitecto y su esposa, que sufre de problemas mentales y celos obsesivos. El protagonista, Walter (Patrick Wilson), escribe novelas policíacas en sus ratos libres para evadirse de las miserias de su matrimonio y de su aburrido trabajo como arquitecto. Cuando Walter lee en la prensa que se ha producido la muerte violenta de la mujer de un anticuario en la vecina New Jersey, comienza a investigar por su cuenta y llega a la conclusión de que se trata de un asesinato.

Desde ese momento, Walter empieza a investigar cómo el anticuario ha podido cometer el crimen ‘perfecto’ y a fantasear con la idea de escribir una novela sobre el asesinato de su propia esposa. Simultáneamente, un policía-sabueso (Vincent Kartheiser), quien tiene como principio en sus investigaciones sospechar de los maridos con motivaciones para asesinar, empieza a acechar al anticuario, en la línea de lo que  hace el personaje de Barton Keyes (Edward Robinson) en el clásico del cine negro Perdición (1944).

Las cosas se complican todavía más cuando la esposa de Walter (Jessica Biel) es asesinada. Walter, pese a ser inocente, comete una serie de errores durante la investigación policial que le colocan como el máximo sospechoso del crimen ante los ojos del policía. La película tiene ritmo y aun no tratándose del mejor material de Highsmith, Chris Seager consigue construir una historia cautivadora a partir de un guión lleno de sorpresas y de un final que es un homenaje al mejor cine negro. La mayor crítica que se puede hacer es que constituye un deja vu de clichés y estereotipos asociados al cine negro clásico y está llena de referencias a clásicos del género como la celebre persecución final en la fábrica de maniquíes de El beso del asesino (Kubrick) o, en todo lo relativo a la obsesión por diseñar un plan criminal sin fisuras, a Alfred Hitchcock en Crimen perfecto (1954). También hay un guiño al clásico de Orson Welles Sed de mal (1958) perfectamente visible en la construcción del  personaje del policía de cuestionables métodos. Pese a que A kind of murder contenga referencias (homenajes si lo preferimos) a las grandes películas del genero y que use en ocasiones algunos de los clichés normalmente asociados con el género, su historia y su construcción son interesantes y es sin duda una película muy recomendable.

Fotograma de 'Awol'

Fotograma de ‘Awol’

Deporte y apuestas

Wolves (Juanmi Aspiroz) es otro thriller que toma el mundo del baloncesto y las apuestas como eje narrativo (tema de máxima actualidad a raíz de los escándalos que han salido a la luz el año pasado sobre mafias que amañaban los resultados de partidos de fútbol y tenis, entre otros deportes). La película se centra en los problemas personales y familiares de Anthony Keller (Taylor John Smith), un prometedor jugador de baloncesto de instituto que está a punto de ser fichado para el equipo de la prestigiosa universidad de Cornell. Su padre, un escritor frustrado y profesor de literatura, aficionado al mundo de las apuestas, arruina a su familia tras una serie de fracasos, lo que pone en serio riesgo la carrera deportiva de Anthony, que podría no poder pagar la costosa matrícula universitaria.

La película es demasiado previsible y llena de clichés sobre la mafia y el mundo de las apuestas y es precisamente esto, el excesivo uso de clichés, sin aportar una perspectiva novedosa, más acorde al funcionamiento actual de las mafias, lo la devalúa. Lo más destacado es el trasfondo de la relación entre Lee, el padre de Anthony interpretado por el actor Michael Shannon, y su hijo; una relación basada en la competitividad y el desafío permanente de un progenitor que no puede evitar proyectar en su hijo sus propias aspiraciones y fracasos personales. Aún así, no consigue la suficiente intensidad emocional y sin duda se trata de una cinta bastante floja.

Críticas al sueño americano

The fixer podría ser definida como thriller-indie, con innegables méritos. Plantea una análisis acerca del fenómeno de la violencia en EEUU. Para ello, nos ofrece el punto de vista de un periodista afgano refugiado en California que había servido como intérprete y mediador de un corresponsal de guerra americano y con cuya madre, sheriff del condado, convive. Mientras trabaja como reportero para un medio local, se comienzan a producir una serie de asesinatos al parecer vinculados con una especie de secta posthumanista. La película está en la línea de lo que hacen  directores como Jim Jarmusch, llena de veladas críticas al sueño americano (sueño de libertad, consumismo, patriotismo y beligerancia) y plantea la idea de que la violencia en EEUU puede ser tan sistémica como lo es en Afganistán. La diferencia es que la violencia americana esconde un halo de siniestra hipocresía y etnocentrismo. Tenemos a un afgano rescatado de las garras del salvajismo atroz talibán que se ve inmerso en el salvajismo americano.

La cosa humana ha sido una de las pocas películas en lengua española de Tribeca, un festival que sigue programando escaso cine en castellano pese al auge de este idioma en EEUU. Se trata de la última propuesta del documentalista cubano Gerardo Chijona, cuya película Adorables mentiras tuvo una gran acogida en Francia y EEUU a principios de los años 90. La cosa humana combina el thriller y la comedia a partes iguales, sirviendo de interesante metáfora sobre el concepto de la autoría en el mundo de la literatura y sobre la obsesión que tienen muchos escritores por la originalidad.

La película, llena de referencias literarias (Bukowski, Kerouac, Cabrera Infante, Padura Fuentes…) narra la historia del ficticio escritor cubano Justo Morales, quien se encuentra atravesando una crisis creativa y sentimental. Cuando acaba de terminar su última novela, la que él cree que le va a devolver el esplendor creativo, un par de ladrones de poca monta a sueldo de un gangster local que se dedica al estraperlo, entran en su casa para robarle su ordenador y acaban llevándose también su novela. Uno de ellos, aficionado a la literatura y alumno de Morales en los talleres literarios que éste imparte en la prisión, decide presentarla como si fuera propia en un importante certamen literario. La película funciona como una especie de hermanamiento cinematográfico con el cine norteamericano, en la medida en que el director incluye muchas referencias a películas clásicas de cineastas como Coppola, los Coen, Allen y Scorsese, anticipándose en buena medida a las actuales ‘buenas’ relaciones entre EEUU y Cuba (la película es de 2015, pese a estrenarse ahora).

Diversidad sexual

El cine de temática LGBT también ha estado presente en Tribeca con el drama rural Awol (Deb Shoval), una película sobre una relación lésbica en el mundo rural americano, bastante conservador y poco dado a la tolerancia con la diversidad sexual. La reciente legalización de las uniones entre personas del mismo sexo ha tenido una repercusión muy grande en EEUU, donde buena parte del país ha reaccionado con fiereza ante la decisión del Tribunal Supremo de dar cobertura legal a estas uniones. La película busca ‘normalizar’ la visión que en este país se tiene sobre las relaciones lésbicas, presentando una historia de amor imposible entre dos personas muy diferentes y que sólo tienen en común su mutua atracción sexual y el hecho de tener que vivir su pasión en un lugar poco propicio para ello: la zona montañosa del estado de Pensilvania.

La película nos presenta a Joey, una joven que, como tantos jóvenes de los pequeños pueblos y zonas rurales de EEUU, se enfrenta a un futuro poco prometedor si no se marcha de su localidad, por lo que decide, siguiendo el consejo de su madre, enrolarse en el ejercito y así garantizarse un mejor futuro. Reyna es una mujer de mediana edad, atrapada en un matrimonio desgraciado, que sobrevive como camarera local. Las vidas de las dos se unen y sus respectivos universos se trastocan, hasta el punto de que ambas se dan cuenta de que tienen que escapar para poder vivir su amor en libertad. La película naufraga completamente en la medida en que incurre en todos los clichés en que caen muchas cintas de temática gay: centrase más en escandalizar al personal que en presentar la historia. Tanta pluma y lentejuela acaba convirtiendo a cierto tipo de cine gay en un subproducto del cine porno al uso, con poco interés fuera de sus circuitos de distribución y sus ambientes.

El cine de Andrea Arnold

La directora británica Andrea Arnold (1961) acudió, el pasado 18 de abril, a uno de los famosos Tribeca Talks, los encuentros que organiza este festival con directores de cine, productores… Y que en este caso sirvió para que el cineasta neoyorquino Ira Sachs (1965) conversara con Arnold sobre su carrera. Arnold, que se sintió muy cómoda, departió durante cerca de una hora sobre su visión del cine, sus influencias y su particular forma de rodar, en la que evita trabajar con actores profesionales y huye deliberadamente de toda planificación previa.

Andrea Arnold

Andrea Arnold

Andrea Arnold empezó su carrera como actriz y guionista de televisión, hasta que decidió mudarse a Los Ángeles, donde estudió dirección de cine en el American Film Institute. Desde entonces ha desarrollado una brillante carrera como directora en la que destacan títulos como Fish tank, premio del jurado en el festival de Cannes en 2009, Red road (2006) o más recientemente su controvertida versión del clásico Cumbres borrascosas (2011). Arnold explicó que obtiene su inspiración de circunstancias de la vida cotidiana, generalmente a partir de una imagen o un concepto que le sugieren. También mostró su recelo hacia las influencias de otros directores y reivindicó el derecho a no tener referentes. Su trabajo, destacó, se basa mucho en la química con los actores y prefiere que no sean actores profesionales.

Palmarés

El festival de Tribeca, tras 12 días de proyecciones, llegó a su fin después de 102 largos y 74 cortos. En el palmares de sus secciones competitivas destacó el premio a la mejor película americana (el primer año que se otorga este galardón), que fue a parar a Dean (Demetri Martin), cuya “inteligente apuesta por combinar humor y drama con sutileza, en el contexto de una tragedia personal” ha cautivado al jurado. El premio para el mejor actor ha ido a parar a las manos de Dominic Rains por su papel de periodista afgano en The fixer. El premio a la mejor interpretación femenina ha sido para a la actriz Mackenzie Davis por su papel en el thriller psicológico Always shine.

El premio para la mejor película internacional ha sido para la coproducción alemana e israelí Junction 48, un drama que tiene el mundo del rap y el conflicto palestino israelí como trasfondo. En España aún tardaremos en poder verlas en la gran pantalla ya que tras el festival empieza la ‘guerra’ entre distribuidoras por hacerse con los derechos de aquellos filmes que han obtenido premio o las mejores críticas. No hay que perderse los largometrajes Elvis and Nixon, Dean y Dreamland ni los documentales My scientology movie y I voted?.

Aparece un documento con la firma de Cervantes

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