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‘A rienda suelta’ y la vuelta a la infancia

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A rienda suelta
Foto: AdobeStock

La infancia es, o debería haber sido, la particular arcadia feliz de cada uno de nosotros. Posiblemente, la etapa más fugaz de la vida y la más añorada conforme pasan los años. A rienda suelta es la crónica que toda infancia y toda juventud merecen. Un relato bucólico sobre aquellos maravillosos años de su autor, Xosé Fortes*, militar de carrera, historiador y padre de una familia de escritores y periodistas.

A rienda suelta

Portada del libro

Es tal la belleza y la pureza de la novela que algunos consideramos que la Constitución debería incorporar un artículo que obligase a Fortes a esculpir sobre un folio nuestra infancia. Sucede sin embargo que esta es patrimonio individual, un coto privado donde nadie puede mover ni una coma, de modo que solo podemos agradecerles a su autor y a la editorial, Ediciones del Viento, este regalo. Con la obra se abre una ventana por la que se cuela un tierno hilo de luz de un niño, huérfano pero feliz, similar en ciertos aspectos al niño que todos fuimos algún día, que va creciendo hasta que llega a casa, de nuevo, con veinte años y medio mundo a cuestas.

‘A rienda suelta’ surgió en uno de esos momentos en los que la vida te envida con toda su mala baba y te deja “con el brazo conectado a un gotero y a verlas venir”

Imagino que a la familia, hijos y nietos principalmente, el orgullo no les cabe en el pecho. Cuenta su hija y autora del prólogo, Susana Fortes, que la idea de A rienda suelta surgió en uno de esos momentos en los que la vida te envida con toda su mala baba y te deja “con el brazo conectado a un gotero y a verlas venir”. De qué sensibilidad tienes que estar hecho para, en esos instantes y después de haber escrito casi una docena de libros, tu dolor sea no haber dejado por escrito aquellos primeros años.

A rienda suelta, las infancias que no volverán

Fortes, quizá sin quererlo, nos enseña que difícilmente las infancias de antes se vuelvan a repetir en los niños de hoy, y no digamos del mañana. Pocos niños, acaso los de esa parte de España a la que hoy nos referimos como ‘vaciada’, crecerán frente a ese horizonte vivo y peligroso que es el monte y cerrarán, con un ego endiablado, las cancillas donde dormita su rebaño. Sabemos que este romanticismo se desmonta fácilmente, pues los tiempos cambian, la sociedad progresa y, afortunadamente, los críos de hoy gozan de un sistema educativo que, con sus fallas y deseando que evolucione favorablemente, les permitirá adquirir nuevos conocimientos que a nosotros se nos escaparán.

De fondo, en aquel mundo de habas contadas, se aprecia el carácter de una familia campesina, trabajadora, donde la frontera entre ricos y pobres la marcaban los animales. Y, claro, el hambre. “Habíamos conseguido librarnos de la Iglesia, pero seguíamos en manos de la burguesía liberal, así pintaban las cosas para los campesinos. Con los ahorros del abuelo Bouzán pasamos a ser dueños en el sentido más amplio (…) Éramos propietarios de nuestra hambre, pero propietarios libres”.

Si octubre, dijo el coronel de García Márquez, era un mes horrible para estar enterrado, noviembre era el de la supervivencia. “Viento frío, zafarrancho de combate en la cocina y hoguera en la eira (…). Era el mes de la matanza”. El joven Fortes no era un carnicero, ni siquiera llegó a acostumbrarse a contemplar aquellas escenas bañadas en sangre, pero era noviembre, aún quedaba mucho año por delante.

La prodigiosa memoria del autor no ha construido únicamente un fortín para solaz de la familia Fortes. Tampoco es únicamente un anecdotario ni una obra de leyendas familiares. A rienda suelta retrata una sociedad, una cultura de una España que a algunos nos queda lejos y que nos sirve para asomarnos a ese pasado y contemplar. Los paisajes, la vida, las miserias y las desgracias. Y disfrutar, pues ese es el sentido de la literatura y de novelas tan bellas como esta.

* Xosé Fortes es miembro fundador de Unión Militar Democrática, fue procesado y condenado en un Consejo de guerra al final de la dictadura. Con la llegada de la democracia, fue amnistiado y en 1987 se reincorporó a las Fuerzas Armadas con el grado de coronel. En 2010 fue condecorado junto a sus compañeros con la medalla al mérito militar en reconocimiento a su labor por la defensa de las libertades.

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Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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