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Alegres vacaciones

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El verano ya estaba aquí, y los privilegiados que podían permitírselo (aún una minoría escandalosa) ya hacían las maletas y se largaban a sus lugares de ocio veraniego, en una escala “ascendente” dirección sur-norte (pero que significaba también una escala social) que descubría destinos que iban desde los pueblos cercanos a Madrid: El Escorial, La Granja, hasta los ya situados en el norte, como Gijón, Santander, Elizondo, Zarauz y San Sebastián, continuando algunos hasta Fuenterrabía para, desde allí, saltar la frontera y disfrutar de Biarritz (“Hotel Carlton. 300 habitaciones, 200 baños”). No se decidía a este último trayecto la Reina María Cristina, que se conformaba con llevar una vida social activa en San Sebastián asistiendo, por ejemplo, en el Teatro Victoria Eugenia, a la representación de un espectáculo musical de calidad, como era La Reina del Tabarin, que no era otra que una estrella mexicana llamada Esperanza Iris, a la que la Reina Madre visitó después en su camerino para felicitarla por el lujo y belleza de la obra.

Otro grupo de la realeza y/o la aristocracia más cercana a los soberanos, ya veraneaban en Santander, donde algunos perdían las pestañas en las tentadoras salas de juego del Casino de El Sardinero. Para los que ganaban, muy cerca estaba un restaurante regido por un Mr. Vaudable, según la carta del establecimiento, “afamado restaurateur de Europa”. Aunque no solo de manjares y bebidas exquisitas vivían los adinerados que se movían por allí ya que, en el mismo Casino, se podía bailar al ritmo -a los ritmos- de la Orquesta Boldi, asistir a algún sketch de varietés, sofisticados desfile de modas, cantables de ópera y, para finalizar una jornada tan “agotadora”, se agotaban las reservas en cenas epatantes (“Diners de moda”).

Realeza, nobleza y ricos sin adscripción, pero aun así, nuestro monarca no era muy de mezclarse con toda aquella fauna, y poniendo distancia, Alfonso XIII viajó hasta Londres, donde tras las visitas obligadas a organismos, museos y demás, recibió la invitación de Marconi, cuyo complejo industrial visitó detenidamente, asistiendo además, de la mano del inventor italiano, al intercambio de mensajes por TSH (Telegrafía Sin Hilos), admirándose don Alfonso de aquellos primeros vagidos de lo que, muy pronto, iba a ser la radiodifusión. Pero, claro, esa escapada al extranjero de nuestro rey no rozó, ni de paso, algo que ocurría muy cerca: en la isla de Irlanda, donde se mascaba una latente guerra civil en forma de terrorismo, atentados y asesinatos a fuerzas de ocupación inglesas. Los republicanos asaltaban trenes, mataban a un comisario al enfrentarse con sus agentes a los rebeldes y, según publicaba la prensa, en los últimos meses, los enfrentamientos con miembros “sinn feiners” (así lo decía nuestra prensa), y los mil y un desórdenes en Belfast, habían costado a los británicos dos millones de libras esterlinas. Algún periódico llegó a tener casi una sección fija, titulada “El problema de Irlanda”.

Pero el mundo (¿cuándo no?) no se conformaba con “un” problema. Había otro en otra zona caliente, el próximo oriente, donde una Francia colonialista sin complejos, no dudó en destituir al rey Faisal de Siria, aunque para ello invadiera y ocupara con sus tropas, Damasco y Alepo. Por supuesto, pervivía sin bajar la fiebre el otro suceso histórico, que se arrastraba ya desde 1917: la Revolución Rusa. En España había una verdadera obsesión por lo que ocurría en el ex imperio zarista, de manera que los que podían, hasta viajaban al país de los soviets; y los que no, se conformaban con escribir ensayos o panfletos a favor o contra el comunismo. Uno de los últimos trabajos se tituló extensamente Rusia. Espejo saludable para uso de pobres y ricos, curioso nombre más cercano a un manual escolar que a un ensayo político. Su autor, Rafael Calleja.

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José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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