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Aquella guerra y sus muertas sin mascarilla

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Gerda Taro, descansando, en 1936. Foto: Endre Friedmann (Robert Capa)

Vuelve a subirte la mascarilla, Sandra. ¿Más preguntas? La profesora no sabe qué hacer con su propia mascarilla cada vez que habla en clase. Ni con su voz. ¿Y si el virus ya no existiese y se hubiera quedado sólo en las narices de quienes dan positivo en las pecéerres esas? Se pregunta, mientras recoge su carpeta y el libro de texto que aún sigue abierto por las páginas 122 y 123, las de la Guerra Civil.

La profesora sale del aula, ha vuelto a ver la foto de su abuela muerta sobre una acera en 1936. Está deseando quitarse el bozal lleno de los mocos de su llanto ahogado, insufrible. Han pasado más de 80 años y otra vez todo lo que uno quiere que todos pongan al servicio de todos, eso que además tiene ese nombre tan tétrico, tan nazi, tan comunista, tan solidario también, tan esperanzador si no eres un tiburón, Estado, eso ha vuelto a desmoronarse y apenas se mantiene en pie más que en las declaraciones por internet y televisión de los ministros, ese señor de la voz raspada o el propio presidente. Está fuera del instituto, la mascarilla ya no le entorpece la vida.

En su casa, la profesora se pone un disco de Chris Isaak. De vinilo. Suena de maravilla la casa ahora, ella que ha estado abaratada por el silencio de unas pocas horas. La música, esa voz, esa guitarra, reconforta a la profesora que olvida por un instante esta extraña forma de vida y aquella concreta forma de morir. La de hoy la una, la de ayer la otra. ¿Aprenderán algo de valor sus alumnas y sus alumnos estos días en los que les trata de explicar que aquella guerra no fue culpa de nadie? Que simplemente ocurrió porque los deseos de unos cuantos completaban todo el lugar para el odio en el corazón de otros cuantos, tan muertos de miedo los unos como los otros ante la incertidumbre del pasado, la certeza cruel del presente y la aspereza inevitable del futuro. Todo teniendo lugar, aconteciendo, siendo, mientras, en medio de aquel tira y afloja, la mayoría de los españoles tuvieron que optar por odiar a unos o dejarse hipnotizar por los otros. ¿O será mejor explicarles que la dureza moral de una minoría arrastró a muchos a creer que nada puede ser de todos y que esa convicción habría bastado para querer matar a cuantos se opusieran a ella? Porque su abuela sigue muerta en las páginas de un libro de Historia. Bien a la vista de todos. Muerta sin mascarilla.

Iberia Navidad
José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La transición'. '¿Qué eres España?' y 'La Historia: el relato del pasado', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español', 'Narrativa Breve' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com) y dirige la revista digital Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com).

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