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Buen momento literario

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Estaba a punto de firmarse el armisticio entre Polonia y la Rusia Soviética tras una absurda guerra, que había estallado en el mes de abril. Aparte de los consabidos muertos y destrucciones, nada se consiguió, ni siquiera el dirigente polaco, Josef Pilsudski, pudo hacer realidad su sueño de una Gran Polonia, que incluiría a la Rusia Blanca, Lituania y Ucrania. Eran los estertores, dos años después, de la Gran Guerra, que afectaba a todo y a todos, también, al parecer, a los españoles. Al menos en la prensa española aparecieron por aquel otoño dos anuncios relacionados con la gran conflagración. El primero, del gobierno inglés. En el mismo se podía leer: “Liquidación de stocks de guerra británicos”. Y, a continuación, una lista de lo que se podía adquirir, como, por ejemplo, máquinas de vapor, aeroplanos, mobiliario y materiales de construcción. También estaba la guerra presente en otra página publicitaria insertada en los periódicos. Se trataba de una agencia de viajes franco-española que animaba a vivir un emocionante circuito turístico por “París y los campos de batalla”, al módico precio de 1.200 pesetas (1ª clase) y 1.000 pesetas (2ª clase).

También en el país anfitrión del anterior circuito, un casi anciano Anatole France (setenta y seis años) matrimoniaba con una señorita, Mlle. Prevost, de quien no se indicaba edad. El gran novelista francés solo esperaba, en su carrera literaria, un nuevo galardón a sumar a su colección, creía que merecido, que le llegaría meses después en forma de Premio Nobel de Literatura de 1921. Poco después, en 1924, moriría seguramente muy feliz por su casorio y por su premio.

Ya en casa, seguían, por ejemplo, los crímenes horrendos (el último, el de un niño, Pepito Arcos, a manos de su padre, que lo degolló); o las huelgas y disturbios generalizados; más la guerra de Marruecos, aunque todavía se hablaba de escaramuzas. Tema delicado porque ya había muertes y batallas, y los periódicos, formalmente libres de censura, empezaban a escribir sobre lo que se veía venir. Por este delicado tema y por otros similares, que las autoridades querían evitar que se conocieran por la opinión pública, amenazaron a la prensa en general con la suspensión del rotativo que se pasara de rosca, aunque al final todo el gremio sabía que, en esa ocasión, los destinatarios eran dos colegas muy beligerantes: “El Socialista” y “España Nueva”. Ante ese panorama, el Sindicato de Periodista amenazó con implantar en sus cabeceras la llamada “censura roja”, que consistía en no publicar nada que tuviera marchamo oficial o gubernamental.

Menos mal que, en otro ambiente menos turbio y denso, por ejemplo, el de la cultura del libro, se publicó que se estaba a punto de llegar a los 1.500 títulos publicados en España en aquellos meses, no se sabe si incluidos los muchos títulos de las colecciones de bolsillo (la mayoría eróticas). Una novela corta de la más vendida por entonces, en este último apartado fue El buscador de lujurias, de Álvaro Retana. En otro panorama literario, también tuvo gran éxito la última novela de Pío Baroja: La caverna del humorismo. Y como ensayos o estudios muy interesantes, salió una Historia anecdótica de la novela española, y se publicó una densa antología del humorismo gráfico mundial reunida por José Francés: El mundo ríe.

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José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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