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Don Carlo, la leyenda negra sublimada

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Don Carlo, la leyenda negra sublimada 1

Llega al Teatro Real una producción de Don Carlo, de Verdi, dirigida por el escenógrafo escocés David McVicar, uno de los genios de la escena operística británica que también ha triunfado internacionalmente.

Y curiosamente, como en tantas otras cosas de la vida, recuerdo a Julián Marías y su España Inteligible. ¿Y por qué? dirán los lectores. Pues muy sencillo: nadie desmontó la leyenda negra sobre España como lo hizo Julián Marías en su muy conocido libro, publicado justo después de la Transición española, encaminado, según él mismo indicó, a resaltar sus errores, cuyas consecuencias hoy vivimos en el desolador panorama político español.

Veamos: Don Carlo esta basada en la obra homónima del dramaturgo romántico alemán Friedrich Schiller y trata, bajo la forma de drama musical histórico, el reinado de Felipe II en nuestro país y las guerras de religión en Europa, en la etapa de la Reforma, con particular atención a los Países Bajos.

La “leyenda negra”

Felipe II aparece retratado como un extremista religioso que quería imponer sobre toda Europa el yugo de la religión católica y el papado, en un país dominado por el fanatismo religioso.

Esta caracterización (que fue la propaganda oficial de los países protestantes cuando España era el país mas poderoso de Europa) es lo que vino en llamarse, a lo largo de la historia, la “leyenda negra” sobre España.

Nada mas lejos de la realidad, como también muestra la misma ópera: Felipe II fue uno de los grandes reyes de la Edad Moderna, un hombre de gran sensibilidad y mérito como gobernante. Basta con visitar la biblioteca del Monasterio de El Escorial para comprobar que aquel no era un rey fanático sino un hombre instruido y culto que quería lo mejor para su país y para la Humanidad.

Como decía Marías en España Inteligible, la defensa de la religión católica hecha por los reyes españoles de la Edad Moderna no fue un intento de imponer una religión, sino de mantener los vínculos entre los distintos pueblos europeos, lo cual podría haber evitado muchas guerras posteriores en la historia. Si queremos hablar de reyes fanáticos, pongamos por ejemplo antes a Enrique VIII, que decidió romper la unidad religiosa de su país (en aquel entonces fundamental, lo que acabó causando guerras civiles en Inglaterra posteriormente) por un capricho de faldas pasajero, por decirlo de una manera fina.

En cualquier caso, la leyenda negra se extendió por Europa de manera imparable y el Don Carlo es un resultado de ese proceso. No creo que Verdi fuera partidario de la leyenda negra. Simplemente le interesó una historia y una obra teatral de indudable valor artístico como la de Schiller.

La ópera es una maravilla, una de las mejores de la ingente producción de su autor, plagada de melodías sublimes y con personajes de fuertes acentos dramáticos, como siempre hace Verdi. Sin duda, el personaje preferido debe ser el marqués de Posa. Los barítonos  deben ser los preferidos si hablamos de Verdi, al menos, para este apasionado de la obra del genial compositor de Le Roncole. En Italia, los llaman barítonos “de nobilta” y deben expresar con su línea de canto la nobleza de sus intenciones. Podríamos hablar durante horas sobre la ópera, pero lo mejor es ir a verla y escuchar con pasión tal maravilla. Y si tienen ocasión, preparen su visita al Teatro Real escuchando la maravillosa versión de la opera grabada por Carlo Maria Giulini, con Montserrat Caballe y Placido Domingo en los años 50, uno de los mejores discos de ópera grabados en la historia.

Montserrat Caballé tiene una anécdota muy famosa relacionada con Don Carlo. Para el personaje de la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II, Verdi escribió la última nota cantada de la ópera, un grito desgarrador cuando el fantasma del emperador se lleva, a no sabemos bien dónde, a su amado Carlo en el monasterio de Yuste. La Caballé, cuando estaba en su apogeo, hacia durar esta nota mucho mas de lo que escribió Verdi para lucir su aliento de gran soprano verdiana.

En el Met, de Nueva York, Caballé proyecta esta nota hasta casi después del apogeo de la orquesta, en una exhibición de medios absolutamente brutal pero que no habría gustado mucho a los puristas. Habría que preguntar al gran Riccardo Muti sobre su opinión sobre esta práctica de auto-lucimiento de la Caballé. Seguro que diría: “Brava Caballé, ma bisogna fare quello che Verdi a scrito!”. Genial Muti.

Hace unos años tuve la ocasión de ver una función de Don Carlo, en la Royal Opera House, de Londres, sin duda uno de los templos operísticos mas importantes del mundo. Escenografía de Nicholas Hythner, uno de los mejores directores teatrales de Inglaterra, que ha producido verdaderas joyas como su ‘Cosi fan Tutte’, en Glyndebourne o su reciente ‘Julio Cesar’, de Shakespeare. Para mi sorpresa, la escena del auto de fe, un momento de la opera de Verdi donde Felipe II se muestra inflexible ante las peticiones de piedad del pueblo flamenco, sometido por el yugo opresivo español, se convertía en una escena de cremación masiva de cadáveres de holandeses, como si la España de la época hubiera sido Auschwitz y no el país mas moderno del mundo, el que descubrió América y dio la primera vuelta al mundo, por mencionar unos méritos “menores”, alcanzados por el pueblo español.

La leyenda negra sigue contaminando la percepción de lo español en Europa, pero incluso ahora podría decirse que ha penetrado a la misma España, debido a los errores de la Transición y a la inadecuada gestión posterior de un sistema de reparto territorial del poder abierto a negociaciones posteriores. Julián Marías ya avisó, en su famoso artículo sobre la mención en la Constitución, del concepto de “nacionalidades” para conseguir el apoyo en falso y con mala fe, como se ha acabado viendo 40 años después, de los nacionalistas catalanes y vascos. Decía Marías -la cita no es literal- que la única nación es la española y, por ello “incluir conceptos difusos de nacionalidades o medias naciones traerá malas consecuencias”.

En consecuencia, debemos hacer una recomendación a los lectores para que acudan a ver esta ópera con mucho orgullo de ser españoles, que disfruten de la sublime música de Verdi y del talento dramático de McVicar, pero que, por favor, no se crean nada de lo que allí se les dice. Mas aún, si viene de un director escénico británico. Aunque bueno, McVicar, realmente es escocés, y podría tener cierto interés en desmontar la propaganda anti-española para debilitar a los ingleses y que otro primer ministro enloquecido, convoque un nuevo referéndum de independencia en Escocia. Pero claro eso sería fiarse de un nacionalista…  Escuchen la música de Verdi y juzguen ustedes mismos.

Don Carlo, la leyenda negra sublimada 2

El autor del texto (d) junto al director Ricardo Muti.

Iberia Alexa

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1 Comentario

  1. Gran articulo. Un abrazo

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