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Elogio de la escritura

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Elogio de la escritura

En un mundo en que el pensamiento político se resume en el breve contenido de un tuit (y, en ocasiones, hasta sobra espacio), que un político decida sacar optar por la escritura y llevar un libro a las librerías tiene su mérito. Máxime cuando en lo público abundan los gañanes ágrafos y cuasi analfabetos, los apparatchicks que no han leído en su vida un libro de historia y hablan de oído, y los volatineros que pasan de una formulación ideológica a otra sin el menor pudor, siempre atentos –eso sí— a la dirección de viento.

El libro de Pedro Sánchez, ayudado en su elaboración por la periodista Irene Lozano, engendra un riesgo inútil, según la crítica apresurada más frecuente. De hecho, el volumen, mal medido en el catálogo de anécdotas, ya ha sido objeto del habitual maltrato a cargo de la grosería autóctona que tanto goza y hoza en las redes sociales. Pero, al mismo tiempo, permite la aproximación a un personaje que devuelve el socialismo a un debate ideológico que se había perdido y que deja abiertas algunas cuestiones que, pese al pragmatismo en boga, no se pueden dejar de plantear si quien tiene o pretende alcanzar el poder conserva un mínimo sentido de responsabilidad.

En una lectura apresurada del volumen, se detecta la inquietud, cargada de contradicciones paradójicas, que deriva de tener que gobernar en un estado como el español que ha cedido gran parte de su soberanía a la Unión Europea en crisis, que a su vez está inmersa en una globalización creciente, que también impone sus normas.

No es difícil de entender –pero hay que plantearlo con crudeza para buscar soluciones— que la aplicación a un solo país del consenso socialdemócrata, reduciendo desigualdades y trabajando por la equidad, es un desiderátum imposible si Bruselas no es la primera en defender conjunta y solidariamente los estados de bienestar que, tras la segunda guerra mundial, generaron la prosperidad que todavía nos mantiene en una posición privilegiada. La fractura de Europa, o su abandono acrítico en manos de un liberalismo sin alma, abonaría aún más los inquietantes nacionalismos que canalizan el miedo de quienes ven derrumbarse sus referentes de seguridad.

De todas estas cosas habla el libro de Sánchez, quien al menos se ha tomado la molestia de subir el nivel del debate a los estadios en que nuestros grandes problemas nacionales pueden aspirar a encontrar una solución.

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Antonio Papell
Director de Analytiks

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