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‘La tía Güesos’, la beldad que acabó sus días en una chabola y rodeada de animales

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La tía Güesos

Curioso personaje esta Tía Huesos (o castizamente Güesos), titulada “reina de las basuras” que, allá por la década de los veinte, era ya muy popular en Madrid. La en esos momentos más famosa de las traperas capitalinas había llegado a España hacia 1910, decía ser inglesa –aunque nacida en la India– y vino a España contratada como institutriz de una familia de la nobleza española.

En sus buenos tiempos -siempre según ella misma- se había codeado con gente importante, léase Benito Pérez Galdós, Rafael Altamira, Emilio Carrere y otros genios literarios viviendo intensamente la bohemia. Pero lo que cambiaría su vida sería su encuentro con el doctor Mario Roso de Luna, un extraño personaje propagador del espiritismo en España -con viajes a la teosofía y a lo que luego se conocería como parapsicología-.

La tía Güesos, un ‘trofeo’

Roso de Luna ganó a tía Güesos para su causa como un trofeo importante, pero la entente fue breve y, tras ser abandonada por él, la vida empujaría a “miss” Margaret, al final, y tras dar muchos tumbos, hacia el universo barojiano de “la busca”. Entre los otros traperos de la entonces corte tenía fama de bruja, señalamiento que, al parecer, no le preocupaba demasiado. Siempre polémica cuando se encontraba entre sus amigos intelectuales, un día les confesó que los primeros furibundos artículos que Eugenio Noel escribió contra las corridas de toros, en realidad, los había escrito ella.

En aquellos momentos (1930), Margaret d’Espont (o la Tía Güesos), ya sexagenaria, vivía en una chabola rodeada de una docena de gatos y media de perros, y sus colegas de la busca –la miseria empujaba a hurgar en los montones de basura que previamente habían recogido de calles y casas– afirmaban que la, todavía altiva belleza inglesa, continuaba sus trances brujeriles, pero, además, afirmaban que también se comunicaba directamente con los muertos. Pero aún salía a trabajar de madrugada con su borriquillo y su carro de la basura, recogiendo en un edificio de la Gran Vía (la Gran Peña), y en la plaza de Manuel Becerra (conocida popularmente como de la Alegría, porque allí se despedían los duelos y los entierros que seguían hasta el cementerio del Este).

El reportaje de ‘la madam’

Fue entonces cuando -viviendo aún su irrefutable popularidad, y no solo entre sus colegas- un periodista publicó un reportaje con ella como protagonista en un semanario muy popular, captándola el fotógrafo en su chabola de las afueras de Madrid, rodeada de la fauna citada de gatos y perros. Seca como una hoja de otoño, seria, distraída con su pequeño y doméstico zoo, en el reportaje gráfico se podían apreciar aún restos -y rasgos- de una serena hermosura, lo que hacía creíbles las ¿fantásticas? historias que, en parte aireadas por ella misma, y también, difundidas por sus camaradas basureros -que aún no se llamaban barrenderos- no hacían sino ahondar en el misterio de la así mismo conocida en el gremio como “la madam”.

El pasado de Miss Margaret no solo hablaba de su primer trabajo como institutriz ya que también había sido, durante cierto tiempo, una apreciada modista, y hasta pisó otra profesión atípica y vanguardista como era entonces la de publicista. Incluso se decía que había tenido sus pujos de actriz, actividad que recuperaría ya en sus últimos tiempos, figurando en la curiosa Compañía de Teatro de los Traperos y Basureros madrileños (compañía de aficionados que existió realmente).

Resaltar, al respecto, lo bien organizados en su aparente anarquía laboral, de aquellos quincalleros capitalinos, realmente una sociedad bastante bien estructurada que, en este apartado del arte dramático, se presentaban ante el “público” con la misma seriedad con que lo hacían las demás compañías teatrales. (Eran tan profesionales que durante años tuvieron hasta su primera actriz oficial: una mujer sensible e inteligente llamada Tomasita Sanz, otra sombra evanescente entre tantas, e invisible de cara al futuro.)

En cuanto a la Tía Güesos, con la guerra, y como en tantos casos similares, se pierde la pista de esta mujer, nacida inglesa y adoptada por la España de los albores del siglo XX.

Iberia 350
José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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