ArteEn Portada

Pedro Luis de Gálvez, un poeta bohemio represaliado por el franquismo

0
Pedro Luis de Gálvez

Malagueño nacido en 1882, Pedro Luis de Gálvez acabaría siendo –justa o injustamente– el bohemio deleznable y odiado pero que acababa imponiéndose por su fortísima personalidad. Y, entre otras razones, acababa imponiéndose porque, como poeta, era excelso, y como sonetista, según algunos, el mejor de su tiempo. Luego, esta genialidad quedaba oculta por el ser humano, bravucón, pendenciero y violento.

Dueño de un ego tan poderoso como su miseria, él mismo se autorretrató en varias ocasiones, en una como “Seminarista, de Antineo prendado./ Presidiario en Ocaña. Aventurero…”; en otra “Corrió triste mi infancia. Meditaba/ la abuela hacerme cura. Yo escapaba…”; y, en fin, reconocía una vida “de fracaso en fracaso va rodando mi suerte./ Espero resignado la hora de la muerte”. Una hora que ya sabía el reo condenado Pedro Luis de Gálvez que iba a llegar, fatalmente, por aquellos días primaverales de 1940 en los que, desde la cárcel madrileña de Porlier, aún mataba con versos febriles el momento en que las balas acabarían con él.

Pedro Luis de Gálvez, poeta insoportable

La vida del poeta bohemio fue insoportable, y lo confirman tanto sus contemporáneos como los que, después, se han acercado al personaje. De una infancia sórdida en la que, encerrado por su padre carlista en un reformatorio, acabaría por destrozar un altar del centro, al ser expulsado de allí entró de meritorio en una compañía teatral, la de su paisana, la actriz Rosario Pino. Luego huiría a París donde se ganaría la vida con sus dibujos (también era artista del lápiz o el carboncillo). A su regreso a España, sus “defectos” anteriores volvían aumentados y corregidos -al alza-. Tanto que, habiendo llamado públicamente al rey “el mayor cretino del reino”, fue condenado a demasiados años de cárcel. Claro que también había opinado, y nada precisamente bueno, sobre el ejército español.

Esos largos años de encierro en las más alejadas prisiones del reino fueron de aprendizaje de todas las bajezas y lacras presentes y ocultas en los presidios de su tiempo, saliendo, al final libre, pero con el título a sumar a otros de “matón sableador” mayor de las Españas. Entusiasmado por su propia genialidad para sacarle dinero a la gente, le editaron en 1925 un opúsculo “docente” sobre el particular: El sable. Arte y modos de sablear. Bohemio también como visitador prostibulario –costumbre típica de muchos de sus colegas–, Gálvez escribiría sobre su experiencia en estas excursiones a la carne venal con su libro La casa verde. Y hasta inspiró una zarzuela, titulada, precisamente, La reina de Barrio Chino, musicada por Alberto Álvarez Cienfuegos, que se estrenó en 1927 en el barcelonés Teatro Apolo.

Su fama saltó fronteras

Prototipo del bohemio madrileño -se dice que, en Barcelona, sus “sablazos” fracasaron en su mayoría-, sin embargo, su fama saltó fronteras y, en París, en otra de sus estancias allí, conoció a lo más nutrido de los genios de todo pelaje agrupados junto al Sena.

Sobre todo, hizo muy buenas migas con su paisano, Pablo Picasso, y con el amigo y colega de este, Juan Gris. Fue “retratado” literariamente por Apollinaire y, en una excursión por Alemania, le ayudó y acompañó el pintor López Mezquita. A su paso por Italia conoció a D’Annunzio, y se jactaba de haber saludado también a Gorki y a Marinetti. Incluso fue recibido en el mismo viaje por un miembro de la familia real española, cierto que una rama un tanto atípica a la sazón como era la infanta Paz.

Y también en Italia conocería a un príncipe albanés, que le invitó a su país. Y en aquel discreto país se desarrollaría otra etapa de su vida: la de “generalísimo” de aquellas ignoradas fuerzas armadas, bajo cuya bandera combatió en la Gran Guerra. Tras tan insólita experiencia bélica, Pedro Luis de Gálvez volvió de Albania conduciendo un apabullante Rolls Royce, con cuya venta posterior tuvo para vivir bien una larga temporada, junto a otros bohemios y amigos, derrochando en juergas y despilfarros sin fin.

Vida en España

Asentado ya –al parecer– en España fue una de las primeras firmas de la revista Grecia, difusora del ultraísmo en España, y que acogería en sus páginas diversos trabajos de Pedro Luis de Gálvez. En paralelo, aunque con cuentagotas, iban saliendo libros suyos: Buitres o Las dictaduras y el señor Cambó. Poco después, en 1930, publica Negro y azul, primer tomo de unas anunciadas Obras Completas que no tendría continuidad.

Abandonado por su primera mujer, Carmen Sanz, un día aparece junto a él su segunda y más amada compañera: Teresa Espíldora. Malagueña como él, sería la camarada inseparable, que, a pesar de no estar casados, ello no fue obstáculo para que la pareja conviviera más de veinte años, incluidos los más borrascosos. Madre de dos hijos del poeta, fue en realidad, mitad criada para todo en el “hogar” común y, a veces, “Julieta” exaltada en apasionados versos creados para ella por su compañero.

Sus últimos años

No obstante, en sus últimos tiempos coincidentes con la guerra civil y la inmediata posguerra, vivió otra gran pasión junto a la que sería conocida después, por los vencedores, como “la terrible Paquita”, una aguerrida camarada de andanzas milicianas en frentes y retaguardias. La tal Paquita era hija de una portera a la que el poeta casi “arrebató” a su madre, presentándola por ahí, sobre todo, como su “nuera” (otras veces como su “secretaria” o, también, cuando el vapor etílico lo poseía, como su “hija”).

Así, Francisca Ruiz Sanz sería su último amor real que, al final, cuando todo parecía hundirse para ella por su cercanía al terrible anarquista, sería absuelta en consejo de guerra, no así su compañero y amante, que sería condenado y ejecutado.

Según él mismo reconocía, Pedro Luis de Gálvez era agresivo y faltón, y, a su vez, le atacaban delirios masoquistas. Cuando el etílico le poseía, desatado, se refería públicamente a su compañera que le había abandonado para huir de la miseria del hogar, y que ahora era la querida de todos. O contaba lo de su hijo: “Yo tuve un hijo, tan cuerdo ya desde la cuna, que nació muerto”.

De aquí, seguramente, nació la leyenda de un Gálvez borracho, con un envoltorio en los brazos –ese hijo muerto– y pidiendo dinero por las tertulias de los cafés para poder enterrarlo. Luego pasaría el tiempo, avanzaría el siglo, y el más bohemio de los poetas se aburguesó un poco, sólo un poco, para convertirse en fundador de una revista nueva titulada Puerta del Sol.

Ejecutado tras la cruzada franquista

De nuevo se eclipsaría para reaparecer en la enorme sacudida social que supuso la guerra civil. Ahí, el bohemio se ha transformado en terrible “faísta” o algo similar, premiándose con la acción directa, ejerciendo de un muy “sui géneris” agente ejecutor de la retaguardia republicana. Colaboró con el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña y escribió para el diario de éste, El Sindicalista, y también fue firma habitual en El Pueblo de Valencia, el viejo periódico de Blasco Ibáñez.

A partir de ahí, mejor, a partir de acabar la guerra y ser detenido y encerrado en Porlier –allí tuvo un gran amigo: el escritor Diego San José, que hasta le dedicó unos versos en vísperas de la ejecución de su amigo–, ya todo se desbordó.

A los enemigos de siempre, numerosísimos, se añadían ahora los nuevos, que le acusaron de las mayores salvajadas (con alguna excepción: alguien reconoció que intentó salvar a Pedro Muñoz Seca y a Emilio Carrere, y a alguno más de los encerrados en la cárcel Modelo madrileña). De nada sirvieron esos hipotéticos avales, ya que Pedro Luis de Gálvez era “carne de patíbulo” y, como tal, fue ejecutado más de un año después de haber finalizado la “cruzada“ franquista.

José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

    España, paralizada desde 2015: el fin del bipartidismo imposibilita la tarea legislativa

    Entrada anterior

    Facebook financia experimentos para crear un dispositivo capaz de leer la mente

    Siguiente entrada

    También te puede interesar

    Comentarios

    Dejar un comentario:

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Más en Arte