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Christian Gerhaher: el cantante romántico alemán

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Decía la gran soprano catalana Victoria de los Ángeles que los alemanes “cantan olímpicamente”, en alusión a la forma de pronunciar las consonantes en vez de en la elongación de las vocales, como sucede en la ópera italiana. Para entender lo que decía la gran Victoria basta escuchar un lied de Schubert cantado por el gran barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau o a Hans Hotter cantando la despedida de Wotan, al final del segundo acto de la Walkiria de Wagner, en cualquiera de las grabaciones del Bayreuth de los años 50.

Como heredero de la larga y profunda tradición alemana, llega ahora el gran barítono bávaro Christian Gerhaher. Ha habido algunos otros candidatos a heredero de Fischer-Dieskau en los últimos años, como Matthias Goerne o Thomas Quastoff (los dos fantásticos) pero, como dicen los ingleses, the real deal es Gerhaher. Los cantantes alemanes han sido históricamente y, por lo general, toscos. Fischer-Dieskau, tras los primeros años de su carrera en que alcanzó un nivel insuperable, la acabó con una emisión muy nasalizada que no gusta a todo el mundo. Goerne es un cantante de gran musicalidad pero usa la gola en exceso y Quastoff es excelente pero algo tosco y rudo, no acaba de conquistar por su insensibilidad.

Gerhaher es un barítono mucho más lírico que los anteriores, de voz ligeramente más pequeña pero mucho más refinado, no frasea con tosquedad y convierte la escucha del alemán en un placer maravilloso por su delectación en la suavidad de las consonantes alemanas. No, no nos hemos vuelto locos: la suavidad de las consonantes alemanas. Qué maravilla es escuchar a Gerhaher cantando en alemán. Como él mismo dice: “Es lo único que sé hacer bien”.

En los últimos meses, hemos tenido oportunidad de ver a Gerhaher en tres conciertos en Londres. En uno de ellos, interpretaba el Pélleas, de Debussy, dirigido por sir Simon Rattle, en el Barbican Centre, en versión semi-escenificada por el dramaturgo americano Peter Sellars. Gerhaher en francés no es Gerhaher en alemán, pero su caracterización de Pélleas fue magistral. Para Gerhaher (y probablemente para Sellars) Pélleas es una persona débil. Y es Melisande, interpretada por la gran soprano checa Magdalena Kozena, la que le lleva, en su inocencia consciente, a enamorarse perdidamente de ella, la mujer de su hermano Golaud.

La interpretación de Gerhaher fue sensacional, subrayando los aspectos más íntimos y con una penetración psicológica en el personaje fascinante, cantando con una voz de tonos apagados las escenas con Golaud y con reprimida y fascinada alegría las escenas con Melisande, como un niño que no se da cuenta del destino al que le conduce el juego del amor.

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Posteriormente, Gerhaher acudió al Wigmore Hall londinense para interpretar un concierto de lieder de Schubert sobre textos de Goethe, con su acompañante habitual Gerold Huber. Gerhaher no alcanza el genio de caracterización en los lieder que tuviera Fischer-Dieskau en Der Erlkonig, Der Zwerg o Der Zwager Kronos, pero destaca en los más poéticos y líricos, como Nachtgesang, Nachtviolen o Alinde. En estos, la penetración de Gerhaher en el mundo romántico alemán es luminosa. Como un poeta romántico, entra en el texto, se extrae del mundo a través de la poesía y el canto y suspende al oyente en un glorioso estado mágico de elevación del espíritu. Muy pocos cantantes son capaces de alcanzar ese grado de sensibilidad.

Lo mismo ocurrió en el tercer concierto, esta vez con las escenas del Fausto de Goethe de Robert Schumann en los atriles y con Daniel Harding dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres. Gerhaher interpretó el papel de Fausto y el del Doctor Marianus. En esta obra, a medio camino entre la ópera, el oratorio y la tesis filosófica, absoluta obra maestra olvidada hasta que la recuperó el compositor inglés Benjamin Britten justamente con Fischer-Dieskau como Fausto, Gerhaher se superó a sí mismo y emocionó profundamente a un público estupefacto.

El Fausto fue escrito en prosa de gran complejidad y aliento poético por Goethe y Schumann, dada su veneración por el gran literato de Weimar, no quiso adaptar la prosa para hacerla más musical y puso música directamente sobre el texto de Goethe. Esto hace que cantar esta obra sea muy complejo, dado que la música no fluye con facilidad con un poema aliterado y preparado para encajar con un determinado ritmo. Gerhaher no tuvo ningún problema en este sentido y en la famosa escena en la que Fausto se despierta en los Alpes y queda cegado por la potencia del sol naciente, antes de contemplar emocionado el esplendor de la naturaleza, dejó pasmado al público por su gran emoción.

La contemplación de la naturaleza es otro leitmotiv clásico del romanticismo alemán que Gerhaher encarna como nadie hoy en día. La conversación de Fausto con el personaje alegórico la Preocupación en la que ésta le trae la noticia de su muerte, fue admirable por la variedad de acentos aportados por Gerhaher. Su Fausto es altivo y displicente, se niega a someterse a la muerte. Su perorata final, exhortando a sus hombres a seguir trabajando en la tarea de ganarle terreno al mar, fue muy emocionante con una última nota elevada con facilidad pasmosa por encima de la orquesta, con entrega y raza de gran cantante, algo inesperado en un cantante tan cerebral y medido.

Ya en la tercera parte de la obra, llegó su intervención más inspirada, en la que el Doctor Marianus describe la visión de la Virgen María, el mito romántico de la mujer pura, salvadora del hombre pecador (en este caso, Fausto), en un dúo con el oboe de extraordinaria suavidad. En esta sección destacaron los delicados pianissimos de Gerhaher. Por muy bajito que cante, su voz llega perfecta a cada esquina de la sala.

En unas semanas, Gerhaher vuelve a Londres a cantar Wolfram en Tannhauser, de Wagner, un papel que le viene como un guante a su voz y talento de liedersanger y que ya le hemos visto cantar en varias ocasiones, con resultados siempre extraordinarios. Londres espera con impaciencia la visita del cantante romántico alemán por antonomasia, que cerrará en España el Ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela con Winterreise de Schubert el próximo 20 de junio.

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