ArteCulturaEn Portada

El cine de Marvel, Scorsese y el Ragnarok

0
El cine de Marvel, Scorsese y el Ragnarok 1

Soy un profundo admirador de la novela gráfica y lector, desde chico, de cómics de Marvel, DC y del gran Francisco Ibáñez. Crecí leyendo viñetas, principalmente de Mortadelo y Filemón y del Hombre Araña, que eran las únicas que ponía a nuestra disposición el quiosquero del barrio, y peleando sobre una mesa camilla con mi abuelo por el control del mando, nuestro Teseracto. Él quería ver el telediario; yo, Spider-Man, Las tortugas ninja o Bola de Dragón. Para mi abuelo, los dibujos animados eran una chorrada. “Cuánta tontería y cuánta leche”, decía. Acto seguido, caía rendido gracias al brasero y al infecto sopor de los dibujos animados.

Me ha recordado esta escena Martin Scorsese. No es mi intención faltar a un director que tiene más talento en la cera de sus oídos que este que escribe. Simplemente comentaremos sus palabras –y la de alguno que otro– contra el Universo Cinematográfico de Marvel (MCU). Opiniones o prejuicios como respuesta lógica a la tensión entre lo tradicional y lo nuevo, entre quien tiene sus posaderas bien aseguradas en un regio trono y quien llega con su silla de playa con la única pretensión de disfrutar del paisaje. Por aquí van los tiros.

La otra cara de la moneda: Scorsese, delirios de realidad

En mis tiempos todo era mejor porque eran mis tiempos y punto

Scorsese argumenta que su rechazo es cuestión de gustos y carácter: “Sé que si hubiera nacido y me hubiera educado más tarde, quizá me apasionarían e incluso querría rodar una yo mismo. Pero me eduqué cuando me eduqué, y esa educación incluye un sentido del cine tan alejado del universo Marvel como la Tierra lo está de Alfa Centauri”.

El periodista Pedro Vallín —más adelante hablaremos de su célebre obra ¡Me cago en Godard! (Arpa, 2019)—, que sabe de cine tanto como para dar una charla en la ONU, en una entrevista en el programa de humor No te metas en política dio la explicación a tal argumento: “En cine, en música y en literatura, a todo el mundo le parece que lo más importante y la edad dorada de la creación, corresponde a aquello que ocurre mientras uno tiene entre 14 y 28 o 30 años. Cuando tienes 35 o 40 ves todo lo anterior como lo clásico, lo mejor y lo inmejorable”.

Tememos que lo nuevo actúe como una plaga que devora nuestros cultivos culturales, que contamine nuestro florido patrimonio, que nunca jamás podamos volver a disfrutar. Pobres de aquellos que vienen detrás. Nos vemos amenazados por lo nuevo y, conservadores que somos, nos rebelamos. Contra el tiempo, los cambios culturales y el avance tecnológico. Adargas quijotescas contra el Stormbraker de Thor.

El genio de Queens ha intentado ver “unas cuantas” películas de Marvel, todas desagradables para él porque “están más cerca de un parque de atracciones” que del cine. Los espectadores, según su teoría, llegan al éxtasis al ver cómo cobran vida esos simpáticos dibujos. Como niños pequeños al lado de Mickey Mouse. Scorsese defiende que en muchas películas de franquicia “trabajan auténticos artistas, personas con talento”, pero hasta aquí las concesiones. Para él y otros tantos directores que peinan canas, explica, el cine consistía en “una revelación estética, emocional y espiritual; en unos personajes, la complejidad de las personas, contradictorias y a veces paradójicas, su capacidad de hacerse daño y amarse, y de pronto enfrentarse a sí mismas”.

Los algoritmos y el acantilado de Volmir

En el mismo artículo, Scorsese reconoce que es posible que todas las películas de Hitchcock, a quien admira intensamente, fuesen parecidas. Al genio del suspense se lo perdona, no así a los superhéores. “Las franquicias actuales”, sostiene, “se parecen entre sí de otra manera. En las películas de Marvel están presentes muchos de los elementos que definen el cine para mí. Lo que no hay es revelación, misterio ni auténtico peligro emocional. No hay ningún riesgo. Están hechas para satisfacer unas demandas concretas”.

Bang. Una bala de Adamantium directa al costado. El cine de ahora, o parte, utiliza las nuevas tecnologías —algoritmos, aprendizaje automático…— para beneficio propio. Sorpresón en absolutamente ningún lugar. La tecnología siempre ha sido el Puente Bifrost del cine para reinventarse y transportar al espectador a nuevos escenarios. Cine mudo, cine en blanco y negro, cine a todo color, en 3D, orgías de efectos especiales. Y palomitas de colores. ¿Acaso alguien esperaba que la industria del cine no aprovechase el Big Data para obtener mejores cifras? ¿Acaso todo el cine se va a basar, a partir de ahora, en las predicciones del data y van a pedir a los Scorsese de turno –que, por cierto, ha estrenado peli en Netflix, donde algo saben de macrodatos– que acompañen su propuesta con un Excel en el que se garantice el éxito del producto? No y (esperemos que) no.

El público ni es homogéneo ni idiota. Las películas que son buenas funcionarán siempre. La industria del cine no se va a convertir en el nuevo Amazon, que no mueve un dedo sin la aprobación del equipo de Big Data. Habrá más películas —y muchas serán malas—, pero también más público, con nuevos gustos. Y no sería una locura pronosticar que de aquí a unas cuantas décadas convivirán en pantalla grandes directores con softwares capaces de desarrollar su propio guion. Hoy se han puesto de moda las películas de superhéroes, y solo seguirán estrenando títulos mientras llenen salas… y gusten. Si el público se aburre, si siente que es más de lo mismo, se echará a los brazos de algún nuevo género (atención a la metaficción: actores venidos a menos interpretando a actores venidos a menos) y esta septicemia superheroica terminará como los musicales o el western . “Un alma por otra alma”, Red Skull dixit.

Red Skull

Red Skull, el simpático guardián de Vormir

No quisiera ser cínico: la idea de que el cine dependa de unos programas a mí tampoco me apasiona. Sin las personas, sin su sensibilidad, creatividad, humor y capacidad para transmitir emociones, el cine perdería su esencia. Pero los avances tecnológicos, al menos los que hemos visto hasta ahora, bien usados, más que arrasar, complementan. Entre los apocalípticos y los integrados de la digitalización, lo mejor es tomar la vía central, la pragmática, la de quienes consideran que el futuro puede ser bueno si se toman decisiones inteligentes y prácticas. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

En los 80, muchos intelectuales se planteaban que Internet podría sustituir a escuelas y profesores; otros especularon con que desaparecerían los libros, las revistas y los periódicos impresos. Puede que el día de mañana se estrene alguna película cuyo guion sea elaborado por una máquina, y muchos de nosotros frunciremos el ceño porque en nuestros tiempos se hacían películas de verdad, pero no me cabe ninguna duda de que tendrá su público. Ese software se sofisticará y producirá un mejor material. Pero el cine que conocemos actualmente, ese que sale de mentes humanas, seguirá existiendo.

En Batman: The killing joke (Sam Liu, 2016) tenemos una moraleja. El murciélago le dice al payaso asesino, el Joker, lo siguiente: “No quiero lastimarte. No quiero que ninguno de los dos termine matando al otro. Pero se nos acaban las alternativas. No sé qué habrá hecho cambiar tu vida, pero tal vez yo también he estado allí. Quizá deberíamos trabajar juntos. Yo podría rehabilitarte, no tienes por qué estar solo ni tenemos que matarnos. Déjame ayudarte”.

Batman y Joker

Batman y Joker en el mejor momento de su relación

Iñárritu: “Estas películas son de derecha”

De todos los que se han pronunciado en contra del cine de Marvel (la lista es larga: Francis Ford Coppola, Jodie Foster, David Cronenberg, James Mangold –director de Logan–, Tim Burton –director de dos películas del murciélago–), el que más a gusto se ha quedado ha sido Alejandro González Iñárritu: “A veces las disfruto porque son básicas, simples y van bien con palomitas. El problema es que a veces pretenden ser profundas y basarse en algún tipo de mitología griega. Y, honestamente, son de tendencias de derecha. Veo que matan a otras personas porque no creen en lo que ellos creen o no son lo que ellos quisieran que fueran. Odio eso y no respondo ante esos personajes. Este genocidio cultural es como veneno, porque los espectadores padecen una sobreexposición de este tipo de tramas y explosiones que no habla para nada de lo que significa ser humano (…) Si de verdad analizas estas películas, en realidad tratan sobre gente rica que tiene poder y que hace el bien y que mata al malo. No me gustan filosóficamente”, zanjó.

Parece que todo lo que no sea un cubo de Rubik argumental es un estercolero al que acude un rebaño de espectadores que llega al final del día con la inteligencia justa para desabrocharse los botones de la camisa, seres mononeuronales que acuden en masa a ver películas cuasifascistas. En definitiva: gente rara que va al cine a pasar un buen rato, a disfrutar.

El cine de superhéroes, a pesar de la reducción al absurdo del ganador de cinco Óscar, es un relato, un cuento, muy cercano a nuestra sociedad. Quizá no existe esa “revelación estética, emocional y espiritual” de la que habla Scorsese, ni se aprecia la “complejidad de las personas para amarse y hacerse daño”, pero estas cintas son más que bandoleros intergalácticos; un retrato a todo color y con efectos especiales de nuestro tiempo: gobernantes y empresarios corruptos, totalitarios que quieren imponer su ley, sociedades atemorizadas que huyen de guerras, luchas descarnadas por liderar la carrera tecnológica, minorías olvidadas…

Thanos, el genocida cósmico

Thanos, interpretado por Josh Brolin, es uno de los mayores villanos de Marvel, aunque si es conocido ahora es gracias a la saga de Los Vengadores. Para resumir, diremos que este personaje, nacido de la mente de Jim Starlin, tuvo una infancia un tanto dura –su madre quiso matarlo nada más nacer, luego fue él quien acabó con la vida de su progenitora– decidió acabar con la mitad de su Titán natal debido a la sobrepoblación. Thanos, un ser nimbado de mala sombra, veía el universo como un lugar caótico debido a su enorme población, así que decidió que era buena idea restaurar cierto orden a través de la desaparición de la mitad del cosmos. (Más información sobre la vida del genocida cósmico en Thanos: origen).

Felizmente, Thanos se hace con las gemas del infinito y, gracias a la conexión con un hortera guantelete dorado, diseñado para él, tiene el poder suficiente para llevar a cabo sus macabros planes. Un chasquido y el neuordnung de un Hitler de color púrpura de casi tres metros de altura se hace realidad. No es necesario gasear a la mitad de la población, ni enviarlos a campos de concentración, tampoco contratar a un ejército astral para fusilar, azarosamente, a la mitad de los seres que pueblan el universo y apilarlos en Sakaar. Thanos ‘el inevitable’ y su cohorte de monstruos representan un totalitarismo cuyo mal solo pudo ser frenado por unos soldados en mallas. Pues eso, una película de derechas.

T’Challa y Capitana Marvel

En marzo de 2018 se estrenó Black Panther (Ryan Coogler). En el primer fin de semana, la historia de T’Challa, rey de Wakanda, superó los 218 millones de dólares en taquilla. La película presenta una utopía futurista en un país africano no expoliado, rico y que combina tradiciones culturales africanas con toda la tecnología y el desarrollo imaginables. “En un mundo en el que la mayoría de representaciones de África se centran en pobreza, guerra y epidemias, Wakanda presenta un universo imaginario pero creíble en que un país africano no sólo no se debe a nadie sino que crea programas de ayuda al desarrollo para zonas deprimidas de EEUU”, explica Sirio Canós Donnay, profesora de Arqueología Africana en el London University College.

Un año después, es decir, el marzo pasado, llegó a las salas de cine Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck) y reventó la taquilla. Disney, la máquina de producir princesas e historias basadas en el amor romántico, ofrecía un nuevo relato: el del empoderamiento de la mujer. Es un claro discurso feminista, que podrá gustar más o menos y que posiblemente cuente con el aplauso testosterónico de los despachos de Hollywood, pero el mensaje de la película ahí queda.

Y aún hay más. El largometraje, según sostiene el crítico de cine Noel Ceballos, es una de las películas que mejor ha tratado la crisis de los refugiados: “A través de metáforas pop, pero su mensaje ha llegado a muchísima gente. Hollywood siempre ha tenido una gran tradición de progresistas escribiendo parábolas sociales dentro de superproducciones. Capitana Marvel es un ejemplo”, explica. Las películas más taquilleras de Marvel

Pedro Vallín y el Ragnarok. Se acaba este suplicio

Aprovechemos el trabajo de Pedro Vallín. En su ya citado libro ¡Me cago en Godard! el periodista de La Vanguardia recuerda el origen antifascista de los hombres y mujeres enmascarados. Así se explica: “El superhéroe es una proyección del ideal nietzschiano revisado en su sentido más virtuoso: un individuo mejor que emplea sus facultades en beneficio de la comunidad, singularmente de aquellos que no disponen de capacidad o medios para protegerse de sí mismos. Una entidad política individual que es opuesta a la articulación del ideal social ario postulado por el nazismo, cuya perversión del evolucionismo biológico se traduce en el sueño de que «los mejores» arrojen a los más débiles a la cuneta de la historia”.

Vallín añade en su escrito la reflexión del guionista de cómics escocés Grant Morrison sobre el fenómeno cultural de los enmascarados: “Las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero, al igual que la base de un holograma, contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras en forma de intensas miniaturas. Creadas por unos trabajadores que a lo largo del tiempo han sido marginados, ridiculizados, explotados y convertidos en cabezas de turco, siempre logran ofrecer una línea directa con el subconsciente cultural y sus convulsiones. Nos dicen dónde hemos estado, qué temimos y qué deseamos, y hoy en día son más populares y están más generalizadas que nunca pues siguen hablándonos de lo que de verdad queremos ser”.

El cine de superhéroes se ha hecho un hueco en las salas y difícilmente desaparezca a corto plazo. Necesitaba este momento de brillantez tecnológica para desarrollarse y lo ha aprovechado. Que ahora esté de moda no significa que el resto de cine vaya a quedar sepultado por Marvel o DC. Y a los que tratan de minusvalorar este tipo de cine o menospreciar a quienes disfrutan de estas superproducciones, un frikonsejo: acudan a verlas sin prejuicios. A partir de aquí, saquen una segunda lectura, cotilleen la vida de los personajes, escuchen o lean a sus creadores y su experiencia será aún más rica.

Este artículo, las críticas de Scorsese, el patinazo de Iñárritu y toda la polvareda levantada es, simplemente, lo que tenía que pasar. Parte del plan. Entra dentro de la lógica de la sucesión de acontecimientos. Todo esto es el Ragnarok: no se trataba de impedirlo, sino de dejar que sucediese.

Iberia Alexa
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

Plácido Arango obtiene el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial

Entrada anterior

Scorsese, delirios de realidad

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en Arte