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Tribeca se anticipa a los efectos devastadores del ‘Trumpismo’

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Tribeca se  anticipa a los efectos devastadores del 'Trumpismo' 1
Shahin Najafi in WHEN GOD SLEEPS. Photo credit: Khelghat.

El pasado día 19 de abril se inauguraba oficialmente una nueva edición del festival de cine de Tribeca en Nueva York. Una edición, la de este año, que viene marcada por una serie de cambios organizativos, destacando entre ellos la reducción de las películas programadas o la sustitución de los ya clásicos cines Regal Battery Park por los multicines Cinepolis en el popular barrio de Chelsea.

La edición de este año también viene marcada por el nuevo clima político del país, caracterizado por una profunda división en la sociedad frente a la labor de la nueva administración del presidente Trump, muy contestada por ciertos sectores liberales y progresistas de la sociedad americana, ante el temor de que produzcan serios retrocesos en cuestiones medioambientales, derechos de las minorías o el controvertido veto sobre la inmigración de ciertos países islámicos.

El festival de Tribeca siempre se ha caracterizado por su activismo en la defensa de estos valores, de ahí que la edición de este año venga marcada por un buen número de documentales que ponen el acento en la degradación del medioambiente (A River Below, Wasted: the Story of Food Waste, The Third Industrial Revolution), la amenaza del ISIS (When God Sleeps, Hell on earth: The Fall of Syria, City of Ghosts) o el trasfondo de la revolución de la llamada alternative right que ha aupado a Donald Trump hasta la presidencia de los Estados Unidos de América (From The Ashes, The Reagan Show, Acorn and The Firestorm, Get me Roger Stone, A Gray State).

Clive Davis: The Soundtrack of Our Lives, Opening Night film at the 2017 Tribeca Film Festival.

Clive Davis: The Soundtrack of Our Lives, Opening Night film at the 2017 Tribeca Film Festival.

La película que abrió el certamen de este año fue un biopic en forma de documental sobre una de las figuras legendarias de la historia de la música popular de los Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX como es el mítico ejecutivo musical Clive Davis, responsable del lanzamiento a la fama de grandes estrellas como Billy Joel, Whitney Houston, Barry Manilow o Janis Joplin por citar sólo alguno de los grandes nombres asociados a este visionario de la industria musical, cuyo legado se traduce en millones de discos vendidos trabajando para los sellos Columbia, Arista o J Records. Clive Davis: The Soundtrack of our lives se presenta como un acercamiento no tanto al mito como al hombre y permite descubrir algunos aspectos desconocidos de su trayectoria vital (su bisexualidad o aspectos no tan conocidos de su relación con la malograda Whitney Houston). Davis nació en Brooklyn en 1932, en el seno de una familia judía de clase media.

Brillante abogado, accedió al mundo de la industria musical por la recomendación de un amigo abogado, desconociendo por completo el sector y en tan solo una década transformó por completo la fisionomía de Columbia records, un sello discográfico centrado hasta ese momento en la música clásica y en el jazz, con una apuesta decidida por el mundo del entonces efervescente pop/rock, en la contracultura de la América de finales de los años sesenta. Para ello incorporó a la nómina de artistas de la compañía a artistas capitales de la escena musical de finales de los 60 como Janis Joplin, Blood Sweat & Tears, Carlos Santana o Laura Nyro.

Otro aspecto en el que incide mucho el documental, dirigido por Chris Perkel (montador habitual de Cameron Crowe), es en su faceta de “rehabilitador” de artistas en declive personal y creativo. Entre aquellos artistas cuyas carreras remontaron el vuelo gracias a la labor de Davis hay que situar nombres como los de Aretha Franklin, The Kinks o el mismo Carlos Santana.

El documental es valiente y no esconde algunos de los episodios más controvertidos de la vida del legendario productor y ejecutivo discográfico, como fueron su sonado despido del sello Columbia a mediado de los setenta por irregularidades contables o el suicidio de Whitney Houston, a quien lanzó a la fama a mediados de los años ochenta.

TFF17_AardvarkAardvark es una interesante película independiente americana del director Brian Shoaf que explora los intrincados vericuetos de la relación entre un paciente y su terapeuta, desde una óptica que combina elementos de comedia ingeniosa con otros de drama intenso. La idea que subyace en el film es que muchas veces la relación entre un paciente y el profesional que le trata es mucho más compleja de lo que aparentemente el psicoanálisis apuntaba con la idea de la transferencia.

Según esta visión del psicoanálisis, el paciente puede sentirse emocionalmente atraído hacia su terapeuta en la medida en que este es quien puede proporcionarle las claves interpretativas que le permitan resolver un conflicto emocional inicialmente no resuelto. Shoaf parte de la premisa contraria.

Que sea el terapeuta, en el caso de la película Emily (Jenny Slate), una terapeuta un tanto inexperta, la que inicie un acercamiento demasiado peligroso hacia la vida de un paciente esquizofrénico, Josh Norman, magníficamente interpretado por Zachary Quinto, el nuevo Mr Spock en la relanzada saga de Star Trek. Un joven que sufre de esquizofrenia y que tiene curiosas halucinaciones en las que su hermano, un famoso actor televisivo, se le aparece por medio de multiples identidades (un mendigo, un policía….) para recordarle aspectos traumáticos de su relación con éste.

El intento de querer saber más sobre Josh hace que Emily se acerque demasiado a la vida de Josh e inicie una relación sentimental con el hermano de este en la vida real, Craig (Jon Hamm). La película explora este triángulo entre los personajes que se fundamenta en una red de secretos incontestados y medias verdades, que puede ser tan fascinante como peligroso para los intervinientes. Se trata de una buena película que sigue la linea del festival de apostar por jóvenes talentos tipo el oscarizado Damien Chazelle, que se dio a conocer en este certamen en 2009, o más recientemente Justin Benson.

Otra de las grandes apuestas de la edición de este año ha sido la película The Dinner, que junto a Norman (presentada en estos días en el festival de Barcelona), constituyen las dos últimas películas del mediático actor Richard Gere. The Dinner es una película con grandes pretensiones artísticas, en la medida en que pretende aunar por partes iguales el thriller y la alegoría socio-política de una sociedad, la americana, obsesionada con el privilegio que parece conservar la cada vez más minoritaria población blanca de clase media/alta.

En este caso se trata de la relación entre dos hermanos. Uno de ellos Paul (Steve Coogan) es un profesor de historia prejubilado, que responde a muchos de los estereotipos del cínico americano de clase media, obsesionado con ridiculizar el esnobismo y la pretenciosidad asociada la política americana, encarnada en su hermano Stan (Richard Gere), congresista que goza de gran respaldo popular. Ambos se citan para cenar, en un prestigioso restaurante, con sus respectivas esposas.

Durante dicho encuentro salen a la luz hechos del pasado que llevan al espectador a replantearse su inicial parecer sobre cada uno de los dos hermanos. Las cosas no son tan obvias como parecían y ambos hermanos comparten un terrible secreto relacionado con la vida de sus dos hijos que plantea un dilema moral sobre si debe prevalecer la verdad (aunque ello suponga un alto precio personal) o el amor hacia unos hijos debe justificar ocultar un hecho luctuoso del pasado. Lo más interesante de la historia, no es tanto el thriller (padres que se ven abocados a hacer cosas poco éticas para salvar a sus hijos de sus propios errores), como la alegoría política que plantea la película.

Ambos hermanos albergan un resentimiento mutuo, aunque aparentemente pertenecen a mundos distintos (Stan ha tenido más éxito como político que Paul como profesor de instituto). Ambos pertenecen a una minoría blanca privilegiada respecto de la cual la igualdad ante la ley es puramente formal. El poder de Stan, como político, puede permitirle ocultar la verdad sobre lo que ha hecho su hijo aunque su conciencia le indique lo contrario. Paul puede ocultar su condición de racista bajo su apariencia de estudioso obsesivo de la guerra civil americana.

Por otra parte, el enfrentamiento entre ambos tiene presente el trasfondo de la guerra civil americana que en la película se manifiesta a través de un interesante paralelismo entre la batalla de Gettysburg, donde se manifiesta la contradictoria naturaleza humana capaz de lo más heroico y lo más horrendo, y el propio colapso de Paul ante su incapacidad para asumir sus problemas mentales en compañía de su hermano o en el hecho de que su hermano haya tenido más éxito en la vida. Un poco como ocurre en la propia sociedad americana, que no acaba de superar sus propios traumas sean estos los de la esclavitud en el pasado o más recientemente sus diferencias políticas.

Shahin Najafi in WHEN GOD SLEEPS. Photo credit: Khelghat.

Shahin Najafi in WHEN GOD SLEEPS. Photo credit: Khelghat.

When God Sleeps es un interesante documental sobre la vida del artista iraní Shahin Najafi, el Salman Rushdie del hip hop, cuyas letras irreverentes hacia el islam le obligaron a dejar Iran para vivir como refugiado en Alemania, toda vez que una fatwa, dictada por un mulá iraní lo condenó a muerte.

El documental explora como es el día a día de una persona sobre la que pesan continuas amenazas de muerte por parte de sectores integristas del régimen de los ayatollah y como es posible conciliar una visión crítica hacia el islam con una visión integradora y partidaria de la solidaridad frente a la llegada masiva de refugiados a Europa. Najafi, cuyas críticas hacia el islam, le ha valido tener que vivir con vigilancia policial y exiliarse en Alemania, se muestra no obstante compasivo y partidario de abrir las puertas a aquellos que huyen de la guerra en Siria.

El documental pretende reforzar la idea de que es posible (al menos en teoría) compaginar una visión atea y crítica con el fundamentalismo, al mismo tiempo que defender una política de gran tolerancia con el drama de los refugiados. Frente a las tesis de Ayaan Hirsi Ali, otra famosa refugiada sobre la que pesa una fatwa de condena a muerte, que considera que es incoherente oponerse al fundamentalismo islámico y ser tolerante con la islamización de buena parte de Europa, Najafi parece partidario de tener paciencia, incluso con aquellos refugiados radicales que sabotean sus conciertos.

Más allá de la controversia política, lo más destacable del documental es el acercamiento al drama humano de un artista cuyo mundo se derrumba a medida que van llegado las amenazas de muerte, que le obligan a cambiar drásticamente su forma de vivir si no quiere renunciar a sus propias convicciones. Como muy bien apunta Najafi no se trata tanto que Dios haya muerto, como anunciaba Nietzsche, como del hecho de que no podemos saber si existe o no y eso es lo que justifica que tengamos que ser tolerantes incluso con las increencias. Pues no hay nada más contradictorio como creer en la existencia de un Dios omnipotente que a la vez se muestre tan inseguro de sí mismo como para obligar a sus seguidores a matar a los que no crean en su mensaje.

analytiks

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