Cultura

El papel del patrocinio en la recuperación del patrimonio

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El papel del patrocinio en la recuperación del patrimonio 1

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, cuando el fenómeno de los viajes turísticos del grand tour que la nobleza británica (principalmente) realizaba por Italia y Grecia desde mediados del XVII empieza a convertirse en un fenómeno de masas propiciado por la llegada del ferrocarril y los nuevos medios de transporte, el concepto de patrimonio cultural ha experimentado un importante cambio. La mayor parte de lo que hoy consideramos patrimonio artístico no era más que simple cantera para nuevas obras hasta que empezó a verse como un recurso económico de atracción de visitantes. Ese cambio de consideración también impulsó una nueva situación de gran parte de ese patrimonio, que en el caso de los yacimientos arqueológicos fue aún más evidente.

El patrimonio pasó a ser considerado de una forma u otra un bien común que debía ser gestionado por los estados como representantes del pueblo soberano que las diferentes revoluciones habían aupado hasta la cima del poder. Pero ese cambio también tuvo otros efectos secundarios. Si hasta ese momento la iniciativa de la construcción, realización y mantenimiento de esos elementos que hoy consideramos patrimoniales había recaído fundamentalmente en manos de los agentes privados –nobleza, clero, mecenas–, a partir de entonces estos agentes desaparecen del juego para dejar en manos del estado todas las obligaciones sobre él.

Esta situación, a lo largo del siglo XX y los comienzos del XXI, se ha convertido en un arma de doble filo ya que las administraciones se encuentran con que tienen que hacer frente al mantenimiento de un ingente patrimonio, que en muchos casos aún permanece en manos privadas que son incapaces de afrontar su restauración y que cada vez es más importante para la sociedad, que lo considera un bien no solo económico sino incluso identitario. Sin los fondos necesarios para una labor cada vez más titánica empiezan a aparecer problemas de gestión de sitios tan importantes como los yacimientos italianos de Pompeya, que en los últimos años han protagonizado diferentes noticias en las que el derrumbe de tal o cual parte era la nota central de la información. Una de las vías que se han usado para intentar suplir la perentoria necesidad de financiación de las labores de mantenimiento de estos elementos ha sido la colaboración público/privada a través de la firma de convenios de financiación de diferentes intervenciones. El caso italiano puede servirnos para echar un vistazo a la situación actual.

Hace cuatro años comenzó la que quizás sea la restauración más mediática y polémica de los últimos años en el patrimonio mundial. El alcalde de Roma, Gianni Alemanno, rubricó junto a la responsable de los bienes arqueológicos de Roma y el ministro de Bienes y Actividades Culturales italiano un acuerdo con Diego Della Valle, presidente del grupo industrial de la marca de zapatería Tod’s, para la restauración del anfiteatro Flavio, conocido popularmente como el Coliseo de Roma. El monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980, es posiblemente el lugar arqueológico más visitado de una de las ciudades más turísticas del mundo. Sus arcos cobijan a más de cinco millones de turistas al año pero su estructura estaba gravemente dañada tras más de 70 años sin que se hubiera acometido ninguna obra de conservación o restauración. Evidentemente, el importe de un proyecto de restauración de tal envergadura era inasumible por las instituciones públicas responsables. Por esa razón se buscó el patrocinio publicitario de la casa Tod’s para poder realizar la obra.

En un país acostumbrado a la aparición constante de noticias en las que el patrimonio es triste protagonista de todo tipo de desgracias debido a la ingente cantidad de presupuesto que es necesario para mantenerlo en buen estado –presupuesto del que las administraciones no disponen–, no era de esperar que la reacción de parte de la población fuera contraria al acuerdo. Sin embargo, esas voces contra el convenio no tardaron en aparecer. En la mayor parte de los casos los puristas se quejaban de la posible privatización de parte del espacio del monumento (una tienda de la marca en el Coliseo), en otros eran las razones estéticas (colocación de publicidad de gran tamaño) lo que hacía ver de forma negativa el acuerdo. Pero, cuatro años después, parece que las aguas van volviendo a su cauce y la apertura esta primavera de la primera fase de restauración del monumento ha calmado las voces más discordantes.

Gondolas passing under Bridge of Sighs, Ponte dei Sospiri. A legend says that lovers will be granted eternal love if they kiss on a gondola at sunset under the Bridge. Venice,Veneto, Italy, Europe.

La situación no era nueva en el país con más metros cuadrados de patrimonio del mundo. Hace unos años la polémica fue similar cuando, con motivo de la restauración del muy fotogénico Puente de los Suspiros en Venecia, éste apareció –y permaneció durante varios años– cubierto con grandes lonas publicitarias mientras se procedía a una restauración absolutamente necesaria de todos sus paramentos y estructuras. Como en el caso del Coliseo, se trataba de otro monumento absolutamente icónico y que atrae un gran número de visitantes cada año en otra ciudad absolutamente masificada por un turismo, de cruceros principalmente, que busca una foto rápida de sus espacios más emblemáticos. Una parte de los habitantes de Venecia que viven del comercio y la hostelería para turistas se quejaba de que la imagen de esas grandes lonas publicitarias perjudicaba la de la ciudad y podía hacer disminuir las divisas por turismo, que es la principal fuente de ingresos de la ciudad de la laguna.

Sin embargo la restauración de la Capilla Sixtina en los años 90 del siglo XX no había levantado tanta polémica a pesar de que los derechos de imagen del proceso quedaron en manos de una cadena de televisión japonesa que fue la encargada de sufragar parte del presupuesto de otra de las más caras intervenciones de restauración patrimonial de los últimos años. Quizás la falta de publicidad visual invasiva en el caso de la restauración de las bóvedas miguelangelescas del Vaticano era la razón por la que el acuerdo de financiación público/privada de aquella intervención, a diferencia de las más recientes, apenas sí tuvo críticas.

SUSPIROSCONLOGO

Si volvemos los ojos hacia la situación en España no encontramos grandes conflictos, quizás debido a que las iniciativas de colaboración público/privadas han sido más bien escasas y siempre más discretas, o quizás debido a que no hemos tenido casos tan mediáticos como los italianos. La falta de una legislación clara y potente sobre mecenazgo también influye, evidentemente. Pero podemos preguntarnos qué sucedería si se planteara una restauración como la del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago de Compostela en la que unas grandes lonas publicitarias ocultaran los trabajos. Quizás nos encontráramos polémicas similares. Sin embargo, esa restauración se está llevando a cabo con la financiación de la fundación Barrié. Igual que en el caso de otros monumentos, se ha optado no por una invasión publicitaria sino por programas de educación patrimonial. Este tipo de programas, financiados por entidades bancarias, fue muy común en nuestro país en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. Así, hemos podido visitar las obras de restauración de catedrales como la de Vitoria gracias al apoyo de instituciones privadas.

Por desgracia, la crisis económica y financiera de los últimos años ha tenido como daño colateral también este tipo de iniciativas, que ha desaparecido casi por completo del panorama. La situación ha empeorado tras la desaparición de las obras sociales de la cajas de ahorro que durante años fueron un inestimable apoyo para las labores de conservación patrimonial. Confiemos en que una mejora de la situación económica permita relanzar este tipo de proyectos e incluso incluir en el listado principal de mecenas a otras entidades privadas que vean en el patrimonio no un simple retorno publicitario, sino una estupenda ocasión de redefinir y mejorar su imagen de marca y su implantación en el territorio y en la sociedad.

Pako Morillo es historiador del Arte.

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