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Elogio de la ilusión

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Ilusión
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En esa discusión agotadora entre optimistas y pesimistas, me inclino a darle la razón al filósofo Javier Gomá, cuando escribe: “No me declaro optimista, porque el progreso es un dato y el optimismo, en cambio, una actitud esperanzada hacia el futuro y yo del futuro no sé nada ni creo que nada seguro haya que esperar”.

Es cierto que esta verdad, descarnada, puede conducir directamente al escepticismo, del que conviene escapar al galope para esquivar la tentación de la salvación individual. Y este podría ser el sentido del elogio que me propongo hacer en este artículo y que seguramente sorprenderá a alguno de mis lectores.

“¿Por qué cunde por todas partes el hastío?”

Tras alegar “he aprendido que todo cuanto está tocado de la mano del hombre es precario, provisional y reversible, somos un castillo de naipes edificado sobre arenas movedizas”, Gomá plantea la pregunta indispensable: “si nuestra civilización occidental ha sido capaz de tamaño progreso material, y sobre todo moral (la dignificación del individuo ha progresado como nunca lo había hecho antes) ¿por qué cunde por todas partes la tristeza, el descontento y el hastío?”

Centrándonos en nuestro país, me refiero a una sociedad que al final del verano se ha encontrado con un gobierno, como rasguea Arcadi Espada: ‘siempre en funciones, de segunda mano, como una copia borrosa respecto del original de una presidencia verdadera’ y una depresión aislada en niveles altos (dicen los meteorólogos), tan inesperada y sorprendente que ha arrasado 300.000 hectáreas y nos ha brindado hasta peces por las calles, cruzando la carretera.

Mientras esto ocurría, un joven tenista español (33 años) se alzaba con el US Open, su 19 Grand Slam lo que agiganta su palmarés, convirtiéndolo en uno de los mejores deportistas y tenistas de la historia y el mejor de todos los tiempos en pistas de tierra batida.

Se agotan los adjetivos para calificar a un fuera de serie, al que los españoles admiran y del que se sienten orgullosos.

Después de un esfuerzo sañudo para ganar al joven ruso, sus lágrimas sobre la pista del central del Arthur Ashe Stadium, tenían otro significado. La intensidad del esfuerzo (cinco horas), el estadio coreando su nombre y un video recordando sus laureles, tronzaron la entereza del ganador.

Y no perdió la ocasión para sincerarse en la capital del mundo: «La ambición es buena, pero la ambición desmedida es mala porque corres el peligro de no ver el mundo de forma positiva (…). Yo no puedo vivir así. Si no, uno vive en un estado de tensión y presión todo el día que no le deja ser feliz».

La nueva catástrofe devastadora ha llevado a un despliegue civil y militar sin precedentes. Protección civil, bomberos, policía nacional, guardia civil, policía local, el ejército de tierra, la Unidad Militar de Emergencias (UME)… se han batido el cobre sobre el terreno anegado del sureste peninsular y siguen trabajando -sin descanso- en las zonas inundadas, para ayudar a los afectados por la gota fría. En esta ocasión, con una atención prioritaria: los rescates.

Desamparados en las azoteas de los edificios, esperando la llegada de los helicópteros, rescatados en lanchas o evacuados de sus casas, ante la imposibilidad de poder salir, son la imagen de un país en serios apuros, que no ha perdido la calma y ha contado con la presencia del Estado.

Junto a héroes anónimos, como el farmacéutico de Orihuela, en vigilia permanente, en un observatorio excepcional de lo sucedido o la sonrisa de ese militar de la UME con un bebé en los brazos, poniendo a salvo a una familia rescatada del barro y los escombros, en el castigado municipio de Almoradí (Alicante) por el desbordamiento del rio Segura, reflejan una estampa muy española que conjuga compasión y solidaridad.

Ilusión deportiva

Intercalando esta realidad desoladora con las hazañas de la selección española de baloncesto en el Mundial de China, las televisiones se afanaban de forma elocuente en dar cuenta de la situación de las regiones anegadas.

Una docena de jugadores excepcionales, fruto de una generación briosa, desmentían a aquellos viajeros que nos escarnecían con su visión de “un país de bajitos, con piel oscura y bigote, malhumorados, que se pasan la vida aprendiendo inglés”. En Pekín, un equipo de baloncesto de leyenda con estaturas rayanas en los dos metros, se traían a casa el triunfo para orgullo de un reino centenario que no se rinde ante la adversidad. Otra vez, la épica, que levanta ánimos decaídos.

«Delirios contenidos para un soplo de ensueño, en tiempos en que todo se acaba poniendo en cuestión. Destellos que ayudan a levantar el alma declinada»

No se agota la excelencia con los deportistas. España mantiene su hegemonía mundial en trasplantes y donación de órganos y tiene el mejor sistema sanitario del mundo; líderes mundiales en construcción de infraestructuras, es el segundo país con mayor esperanza de vida, tras Japón; cuenta con el banco más sostenible, la compañía textil más grande del mundo (7,000 tiendas en 96 mercados) y una miríada de arquitectos, ingenieros, médicos, juristas, maestros y empresarios valerosos, embarcados en proyectos internacionales. Y nos visitan anualmente más de 80 millones de personas.

Motivos objetivos para el orgullo, con los que compensar los marcadores negativos que se enseñorean del cotidiano nacional. Delirios contenidos para un soplo de ensueño, en tiempos en que todo se acaba poniendo en cuestión. Destellos que ayudan a levantar el alma declinada.

Para Javier Gomá, “el nuevo optimismo pone el acento, enfáticamente, en el progreso material de la humanidad cuando lo maravilloso de este logro colectivo ha sido el progreso moral que se resume en la palabra dignidad”.

Esa dignidad podría ser la síntesis de valores acopiados por españoles de distintos orígenes, que contribuyen a mantener una ilusión que se renueva con cada éxito. Aquí puede residir una de las claves para combatir la tentación, tan viva, de la salvación individual.

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Luis Sánchez-Merlo
Luis Sánchez-Merlo fue un personaje clave durante la Transición –fue Secretario de Estado de la Presidencia con Leopoldo Calvo-Sotelo (1981-1982)– y es actualmente presidente de SES Astra Ibérica. Ha sido consejero de numerosas compañías, como Pescanova, Nokia España, Dragados, Lantana Capital, etc.

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  1. […] Artículo publicado el 17 de septiembre de 2019 en Analytiks. […]

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