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Filósofos y feministas

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Filósofos y feministas 1

En realidad, la larga posguerra europea se prolongaría hasta el inicio de la segunda (1918-1939), pero resulta obvio que los años más inmediatos al final de la primera conflagración fueron los peores. Mucho más para los que fueron países beligerantes, pero también para los que habían sido neutrales, como España. (En relación a los primeros, todavía en este mes de junio de 1920, el que fuera Imperio Austro-Húngaro asistía a la desmembración del mismo, y de una de sus partes: Hungría.) Por aquí, la plaga -o la más peligrosa de varias- se llamaba hambre, a sumar lo que ya se conocía como el problema de las subsistencias. Y como las desgracias llegaban en racimos, un día de junio se hundieron los depósitos del Canal de Lozoya en Madrid, provocando que unos madrileños del siglo XX que empezaban a acostumbrarse al agua en casa, volvieron a las largas colas ante las fuentes callejeras provistos de vasijas y cántaros que regresaban a casa llenos del líquido elemento. Pero aún había más (y así mismo malo), por ejemplo, que en el campo circundante a la capital de España se abatió la telúrica plaga de langostas, con la amenaza de que la misma llegara a los parques y calles de la capital.

Demasiadas desgracias juntas para que alguien, un periodista llamado Francisco Verdugo, “invitara” al pueblo español a imitar al francés y, como aquellos, se lanzara a la calle a protestar. En efecto, las manifestaciones multitudinarias se sucedían en Francia contra los acaparadores y especuladores, y de paso, contra el gobierno incapaz de poner coto a tantos desmanes. Verdugo, comentando esta noticia, “exigía” que los españoles hicieran lo mismo ya que la situación aquí no era mejor. Muy enfadado, el periodista incluso rozaba la petición de una ilegalidad al insinuar el que el gobierno se convirtiera en este caso, en gobierno “dictatorial” que pusiera coto a los sinvergüenzas y al hambre del pueblo sin cortapisas legales.

No obstante, ese ambiente espeso e insano para el pueblo humilde dejaba paso a otra actualidad, como era la del progreso y presencia de las mujeres en una sociedad, obviamente machista en grado sumo en aquellos momentos. Si no muy numerosas, las mujeres españolas sí destacaban a través de individualidades muy importantes. Un ejemplo, Isabel de Palencia, perteneciente al Consejo Feminista Español y que salía por aquellos días con destino a Ginebra para participar allí como delegada de España en el Congreso Internacional que iba a reunirse en la ciudad suiza. Una mujer avant la lettre en su feminismo y que, junto otras que, a su manera, también luchaban por la independencia del aún llamado “sexo débil”. Por ejemplo, el gran ejército de las cupletistas y, dentro de ese grupo, las que triunfaban por su distinta personalidad. Y así era, y así se presentaba, con su manera peculiar de actuar, una artista llamada Luisita Esteso, además de intérprete de cuplés, recitadora y bailarina, todo en uno. Era hija de una pareja insólita y muy popular como era la formada por Luis Esteso y “la Cibeles”. Su padre creaba letras de cuplés, escribía poesía festiva y, raro en su gremio, luchaba por los derechos de la gente del espectáculo desde un sindicalismo minoritario (incluso había publicado algún ensayo nada despreciable en sus planteamientos socio-políticos). En cuanto a la madre, siempre fue conocida por ese apelativo castizo-clásico de la diosa madrileña, y a su manera, era una mujer de una inteligencia innata.

Pero la España eterna sobrevivía en medio de tanta tormenta político-social. Digamos que era La España trágica, título de una vieja película alrededor del toreo. Pues bien, en ese mismo mundo del toreo, conmocionado aún por la muerte de Joselito, sin solución de continuidad los aficionados se volcaron, olvidando al muerto, con el muy vivo -y hasta hacía poco “pareja” competitiva del fallecido-, el enorme matador sevillano Juan Belmonte, que acababa de salir a hombros del coso madrileño, levantado aún en terrenos de la Fuente del Berro. Arte de Cúchares, el del toreo, y artes clásicas que eran las que se habían expuesto en la Nacional de Bellas Artes, y que, tras su clausura, acababan de hacerse públicos los nombres de algunos de los premiados. En este caso se conocieron los de los escultores, con un premio a una obra clásica, “San Juan de Dios”, del artista José Higueras, junto a otra obra, en los antípodas de la anterior, con un desnudo femenino a rebosar de sensualidad, ”Amanecer”, “firmado” por Julio Vicent.

Mediado el mes de junio se supo la noticia del fallecimiento de Max Weber, filósofo y pensador alemán de importancia capital. Autor de La Ética protestante y el Espíritu del capitalismo, aportó su visión política a partir de Marx y Kant, evidenciando a través del aserto “El Estado tiene el monopolio de la violencia”, la realidad simple de la cotidianidad de las sociedades salidas de la guerra europea.

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José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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