Cultura

Garibaldi, el borracho más famoso del siglo XX

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Garibaldi

Finalizando el año 1919, a los 76 años de edad, dejaba de beber definitivamente el gran Garibaldi. El más popular de los borrachos y sableadores del primer cuarto de siglo se llamaba, en realidad, Baldomero, de oficio cubero, de vez en cuando vendedor de periódicos y, sin solución de continuidad, y compartiendo todo lo anterior, bebedor insaciable de toda clase de “alcoholes”, aunque con predilección absoluta por el tinto.

Era una cuba andante, pero su caminar inseguro no solo se debía a su exceso de libaciones sino, también, al peso de las “medallas” (condecoraciones) que colgaban de su pecho, puede que así mismo por bicornio brillante y grasiento que cubría siempre su cabeza, o, en fin, por el fajín que rodeaba su cintura y el bastón de mando (un simple palo), en un buscado parecido (?) del héroe de la libertad italiana.

Garibaldi, una cuba andante que vivía del cuento

En realidad, Baldomero-Garibaldi vivía del cuento y hasta consiguió, un día, que la intelectualidad madrileña le ofreciera un opíparo banquete tras el cual, y ya en la calle, y siendo imitado por los transeúntes que se cruzaban con él, casi se forma una manifestación entre los que habían asistido al banquete con el famoso grito, ahora coral, que había popularizado por el personaje: “¡Arriba, caballo moro!” (otros gritos de “guerra” de Garibaldi eran “¡Viva la República!”, y “¡Mueran los carcas!”.

No fue el único homenaje gastronómico de nuestro héroe, ya que repetiría convite el dueño de Lhardy, el lujoso restaurante, que un día lo hizo pasar a su establecimiento y le regaló cinco duros –¡un capital!–, además de obsequiarle con uno de los consomés de la casa y su correspondiente copita de jerez. A partir de ese día, cuando pasaba ante el establecimiento, con su voz cascada se sentía en la obligación de atronar la Carrera de San Jerónimo con un “¡Viva Lhardy!” que ya nunca dejó de gritar y que sumó a los ya conocidos. Más popular incluso que los entonces famosos toreros, hasta el coplero Luis de Tapia lo incluyó en uno de sus “versos del día“.

Garibaldi formó parte de aquellos pillos que por aquí siempre nos han gustado tanto, y que, con su inteligencia innata, se reían de una sociedad que, despreciándolos, los ensalzaba. Todo un ambiente familiar similar, al parecer, su mujer (que falleció antes que él) destacaba por su preferencia por el aguardiente, e incluso algún hijo emulaba al padre en intoxicaciones etílicas sin solución de continuidad. Murió, ya algo olvidado, en un rincón muy querido de sus barrios bajos madrileños: en la calle del Ángel, en pleno ferial y verbena de la Paloma.

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José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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