Cultura

Gompertz nos explica qué es un artista (pero no lo que es el arte)

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Gompertz: Piensa como un artista

Hay quien dice que todos somos artistas en potencia: somos humanos, no animales, nuestra capacidad de imaginar soluciones a los problemas usando las herramientas de la creatividad de los artistas nos separan de la naturaleza, de ese ser animales únicamente.

Una de las personas que argumenta tal cosa es el británico Will Gompertz, uno de los grandes divulgadores del arte, un ensayista de éxito merecido. En su Piensa como un artista, nos explica que un artista es ante todo un emprendedor que sabe perfectamente en qué consiste su obra, su marca, para explicarla y venderla. Todo artista tiene una motivación emocional e intelectual que no es el lucro, pero sin el dinero un artista carece de libertad, carece de tiempo. Y sin tiempo no hay arte.

El arte… y el dinero

“Las personas de éxito rara vez esperan sentadas que las cosas les ocurran. Son ellos los que ocurren a las cosas”. Lo dijo Leonardo da Vinci, y Gompertz remata:

“Ese es el camino del artista: ser él o ella el acontecimiento, lo que ocurre a las cosas. Convertir la nada en algo”.

El inencasillable artista estadounidense Theaster Gates considera que “el poder del artista no es sacar beneficio económico de un momento determinado. El poder del artista es su capacidad de cambiar el mundo. Hay mucha gente a lo largo y ancho del planeta perpetrando horribles actos de destrucción, provocando guerras o haciendo que se desmoronen las cimas de las montañas. Tiene que haber alguien que contrarreste estos actos de destrucción con actos de creación”. Palabra de Gates.

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Piero della Francesca. ‘Flagelación de Cristo’

¿Y el fracaso?

No existe, el fracaso no existe, nos dice rotundo Gompertz. El fracaso no existe, en el ámbito de la creatividad, no. Si todo artista aspira a la perfección y sabe de antemano que es inalcanzable, logrará así sobrevivir al fracaso e incluso anularlo.

“El auténtico artista interpreta el fracaso como una parte más del proceso creativo, aunque poco deseable”.

Dos palabras: compromiso y tenacidad. Otra más: aplicación. Existe un ciclo de experimentación, evaluación y corrección que permite abrir las posibilidades de que “todo encaje en algún momento” y envíe al fracaso al cubo de la basura.

 “La palabra clave es encontrar”.

Un artista no deja atrás fracasos, sino hitos. El trabajo duro es “la parte más importante del proceso creativo”. La “Gran Idea” acaba por surgir: “los Artistas Hacen”.

La curiosidad le dio la vida al artista

Para inventar son precisas la necesidad y la curiosidad, la cual a su vez requiere de la motivación, ha de ser estimulada. Al interés le hace falta la emoción para dar en ser algo nuevo, diferente. Para que el artista cree algo interesante necesita mostrar interés por ese algo.

El camino de la creatividad es el siguiente: cuando se quiere saber, interesarse por algo, conocer más (ese es el nacimiento de la creatividad), se necesita un impulso, provocado por el entusiasmo, quizás incluso por la pasión; así impulsados, querremos generar conocimiento, después de reflexionar e investigar; de ahí salen las ideas, de la imaginación promovida (preparada) por lo anterior; con ellas experimentaremos hasta llegar a la elaboración de un concepto nuevo, una innovación, fruto de la inspiración. Es un camino que “todo el mundo puede transitar”. Pero es un camino difícil, lleno de obstáculos. Mas no es imposible per se para nadie. La curiosidad y una “profunda implicación personal” harán el resto hasta lograr que la idea se haga realidad.

Se trata de fabricar ideas trastornando la realidad. ¿De dónde surgen las ideas? Conviene aclarar que “los pensamientos originales no salen de la nada”.

“Así es como nacen las ideas: las combinaciones inusuales, mezcla de lo viejo y lo nuevo, estimulan la aparición de ideas originales, es decir, de ideas con origen”.

¡Copia, que algo queda!

De alguna manera, la creatividad es el resultado de filtrar a través de los sentimientos y percepciones de alguien elementos e ideas anteriores para presentarlas de una manera nueva, distinta, singular. A poder ser, única.

¿Copiar, robar, imitar juiciosamente? Subirse con Isaac Newton a hombros de gigantes, saber ocultar las fuentes como Albert Einstein: la creatividad, ese gestar y gestionar ideas, ese ser eslabones en una cadena, la de la creatividad misma. La originalidad pura no existe, ni el soplo divino. Se reacciona, se responde, se construye sobre algo ya existente.

Lo habitual es comenzar copiando: “hay que imitar antes de emular”. Es imposible ser un gran artista sin haber sido antes un buen artista. Picasso (que demostró que “la creatividad no es sumar, sino sustraer”) dejó de ser un buen artista cuando cambió copiar por robar: no olvidemos que robar es también poseer, hacer propio algo que no lo era.

La capacidad de crear es saber sintetizar conocimientos, experiencias, influencias, emociones en “una entidad única, unificada y original”. El instinto, un determinado estímulo, acaban por transformar en una combinación única todo un bagaje acumulado en el ser creativo de alguien, del artista, por ejemplo. Pero esa combinación única que sí es ya auténticamente original no llega porque un dios toque al artista, tampoco por chiripa: llega después de un duro trabajo.

Gompertz nos explica qué es un artista (pero no lo que es el arte) 1

Luc Tuymans – Singing in the Rain

Crear es hacerse preguntas

El proceso creativo no sólo arranca por medio de preguntas, es que se sostiene a base de preguntas… Y respuestas.

“La creatividad es un proceso constante de llamada y respuesta”.

La obra de arte será así el resultado de una correcta aplicación de “la rutina pregunta-contestación”. Se trata de un método que la sociedad occidental conoce dese hace milenios, pues lo ideó el pensador griego Sócrates en el siglo V a. C. Y sí, se le conoce como método socrático, y está basado en el escepticismo como herramienta de análisis de la realidad, un método absolutamente opuesto a su desarrollo irracional y frenético, el cinismo. Las preguntas que nos hacemos nos obligan a imaginar, es decir, a indagar por medio de ideas nuevas, que son la base de la creatividad, como sabemos.

Pero las preguntas necesitan respuestas y tomas de decisiones. Se trata “de extraer certidumbre de la incertidumbre”. Esas decisiones han de responder a “la consciencia y la investigación meticulosa”.

Lo individual y lo general

El conjunto y el detalle. Lo uno, sí, pero también lo otro. Los artistas lo saben, lo han de saber:

“Si nos detenemos demasiado en el detalle, nos perderemos. Si sólo pensamos en el conjunto, no crearemos ni conectaremos con nada. Ambos aspectos han de funcionar sincronizadamente. Si hay desfases, sobreviene el desastre”.

Gompertz compara, en este sentido, a la creatividad con el ajedrez:

“Los mejores jugadores de ajedrez son aquellos capaces de calcular muchas jugadas anticipadamente sin perder de vista la situación inmediata”.

La verdadera firma del artista

Que los artistas tienen su propio punto de vista es algo esencial en toda esta explicación de la creatividad. Los caprichos del carácter de cada uno son algo muy preciado cuando de lo que se trata es de crear arte:

 “Nuestro punto de vista es nuestra firma.”

Las decisiones, todas, que se adoptan durante el proceso creativo tienen que ver con la opinión personal, con los prejuicios del artista:

“Al crear, damos aliento, homenajeamos, a nuestras rarezas e idiosincrasias”.

Las peculiaridades del artista le proporcionan un filtro único para mirar el mundo y para que el mundo le mire a él. Pero conviene aclarar que:

“El punto de vista no es lo mismo que el estilo. Es lo que decimos, no cómo lo decimos”.

El arte, el hogar de los valientes

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Georgia O’Keeffe

Para crear se necesita valentía. La artista estadounidense Georgia O’Keeffe afirmó que “en cualquiera de las artes, para crear un mundo propio hace falta valor”. Pero no el valor heroico de los valientes que arriesgan su vida para salvar la de otros. El valor que precisan los artistas, lo explica nuevamente muy bien Gompertz, es el valor psicológico de expresarse “ante un público potencialmente hostil”.

“La humildad es un freno para la creatividad”.

Se necesita la fe para ser creador, fe en uno mismo y en que la sociedad que reciba nuestro arte lo someta a un juicio justo. (También se necesita “un entorno nutritivo” en el que esa creatividad florezca: “la creatividad no crece aisladamente”.) Dado que la sociedad se suele sentir amenazada ante las novedades desconocidas y los humanos tendemos a desconfiar de o a menospreciar a quienes muestran una creatividad que vemos como amenaza o sencillamente somos incapaces de comprender, dado todo ello, los artistas han de ser valientes para llevar a cabo una lucha “en este terreno hostil y pedregoso donde campan la sospecha y la represión”.

“La creatividad nos permite expresarnos. Da voz a la democracia y forma a la civilización. Es plataforma de ideas y agente de cambios. Deberíamos tratarla con respeto y, tanto creadores como ciudadanos, intentar siempre ser abiertos de mente y generosos de espíritu”.

Detenerse a pensar, reflexionar sobre el sentido del arte, de la propia creatividad: dedicar más tiempo a pensar que a hacer. Otra faceta significativa de un creador.

Gompertz concluye

Bob and Roberta

Bob and Roberta Smith. ‘Art is your Human Right.

Dado que el futuro parece encaminado a la creatividad económica, todas las escuelas deberían ser escuelas de arte (“si no por sus planes de estudio, sí al menos por su actitud”). Como afirma el artista británico Bob and Roberta Smith, en la escuela de bellas artes donde se formó (el reputadísimo Goldsmiths’ College, de Londres) le enseñaban “cómo pensar, en lugar de qué pensar”. Porque, probablemente, sea cierto que, como mantiene Gompertz, el sistema educativo imponga, sin pretenderlo, “barreras al desarrollo intelectual de los alumnos”.

Partiendo del aserto que dice que “la vida es incertidumbre y nunca hay una única respuesta”, en una escuela de arte, o en una escuela del futuro deseable, lo importante es lo que se hace con la información que se recibe: se trata de aprender a…“pensar de manera autónoma y a desarrollar la seguridad necesaria para generar nuestras propias ideas como reacción al análisis de un problema”.

Un alumno ha de acabar su formación “seguro y consciente de sí mismo”, ha de aprender “a ser crítico y a ser criticado”, a “conocer el rigor intelectual y la resiliencia emocional, valores ambos esenciales en cualquier ámbito creativo”.

“En las escuelas de arte y también en las demás, los estudiantes deben finalizar sus estudios como adultos capaces de pensar de forma autónoma, intelectualmente curiosos, seguros de sí mismos y dotados de recursos, que se sientan preparados para el futuro y emocionados por poder contribuir a él”.

Amén.

Gompertz acaba convencido de que todas las escuelas deberían ser escuelas de arte, también de que “todo el mundo tiene el don de crear obras imaginativas de mérito” y que en la actualidad se dan las condiciones para que progrese adecuadamente un tipo de empresa fundada sobre el auge de la comunidad creativa.

“Lo que nos hace especiales es la mente, no la fuerza. Gracias a ella la vida merece ser vivida. Los artistas lo saben desde hace mucho tiempo”.

Yo no digo nada. Sólo añado la última gran cita de este libro estimable, una gran frase del escultor Auguste Rodin:

“Lo más importante es conmoverse, amar, tener esperanza, estremecerse, vivir”.

O mejor acabo por ponerle un enorme pero al utilísimo libro de Gompertz: ese respeto que merece la creatividad, ese agradecimiento que deberíamos rendirle los seres humanos permanentemente a los artistas, ¿no tiene unos límites, como nos sugiere la incredulidad que a menudo nos produce a los más legos la actividad artística de muchos incomprensibles actos de arte que más bien nos parecieran ser meras tonterías con ínfulas? Y cada vez más…

Como adelantaba en el título, sigo ignorando qué es eso a lo que llamamos arte. Pero sí sé lo que hacen los artistas. Paradójicamente. Luego… el arte es lo que hacen los artistas. O, mejor aún, lo que deciden los artistas que lo sea. El arte es aquello a lo que un artista llama arte. Fin.

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José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La transición' y '¿Qué eres España?', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com) y dirige la revista digital Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com).

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