Cultura

Juan Cruz: pasos hacia la cima

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Juan Cruz: pasos hacia la cima 1

Juan Cruz acaba de publicar su hasta ahora última novela, Mil doscientos pasos, un relato ascendente y asombroso, no solo por la alta calidad de su prosa, que es proverbial en todo el trabajo literario y periodístico de este ilustre escribidor, sino también por la actualidad de los temas y por la modernidad de la técnica, que detectan la pervivencia de un todavía joven narrador bajo el manto de un acreditado y perfeccionista maestro del lenguaje, que es de alto nivel en sus escritos del periódico y que se convierte en creación bellísima y poética cuando pasa de la realidad a la ficción.

Mil doscientos pasos es una obra compleja en su sencillez, puesto que entremezcla notorias pinceladas autobiográficas ubicadas en su Tenerife natal con recuerdos de infancia cribados en el harnero de una vida plena, y con las plagas principales de esa sociedad cainita que habitamos: el acoso, que en los años jóvenes de los hoy provectos supervivientes no fue detectado pese a su crueldad, y la calumnia, con que el poder de antaño culminaba refinadamente los cruentos destierros de los perdedores, las inhumanas marginaciones, los confinamientos extramuros de la Ciudad que había ganado la guerra.

La novela es remisa al principio, cuando el autor, con su sabiduría, prepara con mimo los escenarios de la acción que será el hilo conductor de unas vidas trágicamente señaladas por los acontecimientos, cargadas de rasgos de historia oscura y de los matices luminosos de un paisaje exuberante que los de fuera juzgamos exótico y excéntrico.

Poco a poco, el viajero por la novela va asistiendo al regreso de quien fue niño al escenario, y revive la huella escolar de su minusvalía, las voces y los ecos de aquella inadaptación. “Recordar es hermoso si se tiene con qué”, decía el maestro rojo y reprimido de la remota infancia que dejó indelebles marcas que durarían toda una vida. Y el retorno: “la casa, el regreso; todo es un verbo que significa lo mismo: vivir, haber vivido, recordar. Esa es la materia de la poesía. Un día se va todo, y tú lo verás yéndose”.

El relato construye personajes inefables: el Bigotes es a la vez el arbitrario matarife del régimen que vigila las vidas de los desafectos y el urdidor de patrañas que los desacreditarán porque les arrebatarán la honra. Crispín, coetáneo del protagonista, es su torturador desequilibrado y su amigo, emparentado probablemente con el comisario político. Y los dos elementos ambientales, el acoso y la calumnia, aquel frecuente en las circulaciones de la sociedad infantil y esta convertida en potro de tortura por los vencedores, cerrarán el círculo infernal del fascismo de una época tortuosa en la que se desarrolló la infancia de Juan Cruz. Y la mía, por cierto.

El periodista y editor Juan Cruz es un polígrafo por sus vastos saberes culturales, y no solo ha relatado como periodista y crítico literario la creación ajena sino que ha contribuido muy significativamente al proceso creativo en marcha con una veintena de novelas, numerosos ensayos literarios y un puñado de biografías. Plenamente activo, en pletórica y fecunda madurez, esta novela coincide con un cambio trascendente de rumbo periodístico que indica que para ser eternamente joven solo hace falta verdadera voluntad.

(*).-Juan Cruz Ruiz: Mil doscientos pasos. Mayo de 2022. Alfaguara, Barcelona.

analytiks

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