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Louis Black: “Los grandes estudios conciben la producción de películas pensando más en la taquilla que en los resultados artísticos”

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Louis Black: “Los grandes estudios conciben la producción de películas pensando más en la taquilla que en los resultados artísticos” 1

ENTREVISTA A LOUIS BLACK

Louis Black es un conocido productor de cine independiente, crítico, editor, actor ocasional y cofundador del festival de cine indie South by Southwest. Con ocasión de la programación en Seminci del ciclo dedicado a su amigo, el director Richard Linklater, Black realizó una fugaz visita a la Semana Internacional de Cine de Valladolid para presentar su documental Richard Linklater: Dream is destiny, codirigido con Karen Bernstein, en el que relata la peripecia vital y creativa de Linklater, uno de los directores de cine independiente más afamados de Estados Unidos. Con ocasión de esta visita, ANALYTIKS tuvo la ocasión de charlar con él acerca de la figura de Richard Linklater y de la famosa cultura indie de la ciudad de Austin (Texas).

-Richard Linklater es un cineasta atípico, su producción abarca tanto películas decididamente indies, como pueden ser Slacker, Antes del amanecer o Suburbia como blockbusters tipo Escuela de Rock, Boyhood o el remake de la comedia de los 70 de Michael Ritchie Una Pandilla de Pelotas. Para algunos críticos este hecho resta cierta credibilidad autoral a su trabajo. ¿Por qué cree que se recordará la obra de Richard Linklater en las historias del cine que se redacten en el siglo XXI?

-Creo que fundamentalmente por la combinación de tres cosas. Una es que sus películas son muy reales y están entroncadas con sus propias experiencias biográficas y personales. Cuando ves las interpretaciones de July Delpy y Ethan Hawke en sus películas te das cuentas de que estás ante situaciones que puedes haber visto o incluso experimentado en tu propia vida. No son historias estereotipadas, guiones tramposos ni nada que se le parezca. Por ejemplo, la escena final en la película Antes del anochecer, en la que acontece la famosa pelea entre Céline y Jesse, dos seres humanos que han tenido la oportunidad única de conectar a un nivel muy profundo, y que sin embargo descienden de ese olimpo metafísico del amor hacia el terreno de los mortales y discuten por lo que podríamos hacerlo cualquiera de nosotros. Cosas como los celos, los reproches por las oportunidades perdidas por el compromiso sentimental etc. Cada vez que veo el final de esa película hay algo que me desgarra emocionalmente. He tenido esa experiencia de Céline y Jesse en mi vida, más de una vez y con más de una persona. Cuando hicieron la película hablé tanto con Ritchie [Richard Linklater] como con Ethan [Hawke] sobre mis experiencias y las tomaron en cuenta en la construcción de la escena y de los personajes. No es que Ritchie sea un gran entusiasta del método del actor’s studio, pero sí que le gusta la naturalidad en las actuaciones y le dedica mucho tiempo, en los ensayos previos al rodaje para conseguir precisamente esa química especial con los actores.

En segundo lugar, destacaría su sentido cinematográfico. Ritchie tiene una gran cultura cinematográfica, ha tomado cosas de gente como Cassavetes, Russ Meyer, Godard, Welles y lo ha integrado muy bien en su manera de dirigir. De hecho, cuando nos conocimos, allá por 1985, lo primero que hicimos fue discutir sobre una película de Sam Peckinpah, Pat Garrett y Billy the Kid, que para mí es una película fallida y que, sin embargo, para Ritchie es una película totalmente incomprendida. Hace pocos meses he tenido la ocasión de ver una versión restaurada, con el montaje inicial del director, y coincido mucho más con él en que se trata de una película mucho mejor de lo que yo creía inicialmente.

Además, tiene una base literaria muy importante, él concibe sus películas a la manera en que James Joyce, T. S. Eliot o Wallace Stevens describen la naturaleza de sus personajes, es decir, de una manera muy sutil. Sus diálogos son muy agudos y al mismo tiempo están apegados a la realidad que describen. Incluso lo consigue en cosas muy comerciales como Escuela de Rock o en una comedia negra como es Bernie, donde combina el punto de vista de actores y de vecinos reales de Carthage y lo hace tan bien que no sabes en principio quién está interpretando y quién es de verdad un vecino de Carthage.

-Una de las cosas que más nos llama la atención como europeos es lo vinculado que está Linklater con Texas y sobre todo con la ciudad de Austin, en la que ha desarrollado la mayoría de su carrera. Películas como la que mencionaba antes, Bernie, Suburbia o Slacker retratan personajes de ese estado y los presentan como seres excéntricos, marginales, independientes o sencillamente al margen del sistema. ¿Se trata del resultado de esa visión naturalista que usted menciona? ¿No pueden sentirse los ciudadanos de Texas caricariturizados de alguna manera?

-Ritchie es muy realista. Quizás existe en Europa la visión de que la gente de Texas se compone básicamente de tipos republicanos como George Bush o Chuck Norris, pero eso no es del todo cierto. La gente del este de Texas, como la que se ve en la película Bernie es muy peculiar y eso lo capta muy bien Linklater. Slacker, más que una película sobre excéntricos tipos de la República independiente de Austin (manera satírica en la que les gusta caracterizarse a los habitantes de Austin) es, en realidad, como se apunta en mi documental, mucho más subversiva que todo eso. Pocos críticos entendieron el mensaje profundo de la película, que plantea algo que de verdad sucede allí: que es posible vivir al margen de las reglas del capitalismo, que te exige un estatus, una uniformidad, un estilo de vida definido, con tu trabajo de ocho horas, sueldo fijo.

Ciertamente hay gente que vive de forma alternativa en Austin. ¡No todo el mundo vive así, por supuesto! En cualquier caso, si hiciéramos una película sobre, por ejemplo, una ciudad como Valladolid, seguramente saldrían elementos típicos de este lugar, formas de ver la vida etc. Creo que Ritchie ha dado en el clavo presentando una imagen de Texas que existe y que precisamente desafía la visión de esa otra Texas ultraconservadora, republicana extrema y fanática de la Asociación Nacional del Rifle, que por supuesto también existe y que posiblemente también aborde Ritchie en alguna película futura. Aunque ya está un poco reflejada, por ejemplo, en la evolución del personaje de Ethan Hawke en la película Boyhood, que pasa de ser un demócrata radical hasta convertirse en alguien mucho más conservador y más cercano a esa otra imagen de Texas. Luego, otra característica de las películas de Ritchie es que son muy americanas y él no lo oculta. Una parte del éxito de Antes del amanecer reside en la contraposición entre la mentalidad europea de Céline y la americana de Jesse.

-La carrera como director de Richard Linklater está muy vinculada desde sus inicios a Austin. ¿Hasta qué punto ha contribuido esa ciudad al desarrollo del llamado cine independiente americano que tiene a gente como Jarmusch, John Sayles o al propio Linklater como algunos de sus más famosos representantes?

-Yo nací en una ciudad pequeña de Nueva Jersey y me aficioné al cine yendo a ver programas dobles donde reponían clásicos de los 40 y los 50 y muy poco cine europeo. No fue hasta que me mudé a Austin para estudiar cine cuando realmente aprendí a amarlo y a poder dedicarme profesionalmente al cine. Si en vez de ir a Austin lo hubiera hecho a Los Ángeles o a Nueva York, ahora me estaría dedicando a otra cosa, me hubieran escupido a la cara y me habrían dicho, “Muchacho, dedícate a otra cosa. Lo que quieres hacer no le interesa a nadie”. En Austin me he dedicado al cine, he fundado una revista de cultura, The Austin Chronicle, he producido películas, he creado un festival (South by Southwest) y he conocido a algunos de los tipos más creativos que te puedes imaginar como son Robert Rodríguez, el propio Ritchie o a Mike Judge. Todo eso se lo debo a Austin. Especialmente, haber conocido a alguien tan extraordinario en lo humano y tan apasionado por el cine como es Robert Rodríguez.

A lo largo de estos años, he podido conocer un grupo de gente apasionada por el cine entre la que se encontraban personas como Jonathan Demme (mi mejor amigo), John Sayles o Paul Stekler, quienes creamos en 1985 la Austin Film Society precisamente con la finalidad de trasladar nuestro amor por el cine menos conocido en Estados Unidos: el cine extranjero y el independiente. De esta forma, contribuimos a crear en Austin un lugar muy propicio para la difusión del cine. Hasta el punto de que Austin es una ciudad que vive por y para el cine. Cuando Ritchie hizo Slacker dio a conocer este proyecto, que ya venía de unos años atrás y con el que también pretendíamos favorecer que se hiciera cine al margen de las exigencias de los grandes estudios de Hollywood. Los fondos federales para promocionar el cine alternativo se estaban agotando y pensamos que había que buscar una manera de hacer viable el rodaje de películas en el estado de Texas.

Creamos una productora y construimos nuestros propios estudios para dar la oportunidad que demandaban los cineastas locales. Junto a esa labor, digamos de promoción de nuevas generaciones de directores, también tenemos una labor educativa en materia cinematográfica. Programamos muchas películas, ciclos y retrospectivas durante todo el año. No sólo durante los días en que se celebra el South by Southwest, que es parte de un festival más amplio que incluye la música, los videojuegos y las artes escénicas también. Al final hemos creado en Austin las condiciones creativas para que nadie que tenga talento y ganas de hacer películas pueda escudarse en la falta de dinero o de apoyo de Hollywood. Ya no hay más excusas, nadie a quien apuntar con el dedo, más que a uno mismo.

-Linklater es un cineasta autodidacta, que ha aprendido el oficio por sí mismo, empapándose de lecturas, viendo películas y sobre todo experimentando por sí mismo con diferentes formatos (8mm, 16mm, 35mm, digital). Sin embargo, una faceta un tanto desconocida de él es que empezó también haciendo crítica cinematográfica. ¿Cómo era el Linklater crítico de cine de esos años 80?

-Ritchie escribe muy bien. Él escribió un ensayo sobre Dostoievski cuando era adolescente, algo no muy habitual en un jugador de béisbol que fue becado por la universidad. Su interés inicial no era el cine, sino la literatura y el teatro. Luego se empapó mucho de cine y, debido a su inteligencia, la crítica que hizo (poca) era cuando menos interesante, aunque para él siempre fue un medio para compartir sus visiones sobre grandes directores. Tenía muy claro desde que empezó a interesarse por el cine que lo que quería era dirigir. De ahí el nombre del documental, pues la historia de Ritchie es la historia de la conquista de un sueño. Otra razón por la que creo que no ha hecho tanta crítica es porque es una persona muy generosa y constructiva, algo que por desgracia no abunda entre los críticos, donde la mezquindad y el egoísmo están muy presentes. Ritchie sabe tanto de cine que durante las Q&A (preguntas y respuestas) que hacemos en muchos pases en el South by Southwest hace observaciones muy interesantes, profundas y acertadas sobre las películas que ve, lo que contrasta con las obviedades y simplezas de tantos supuestos críticos de cine.

-En general, Hollywood es visto en Europa como un obstáculo para hacer películas de autor. Sin embargo, Linklater, a diferencia de uno de sus referentes como es Orson Welles, parece haber podido mantener una relación más provechosa con el sistema de estudios, en la medida en que ha logrado hacer películas arriesgadas dentro de Hollywood (Boyhood, Me & Orson Welles, Movida del 76)…

-La realidad es que Hollywood es un gran obstáculo, también para Ritchie. Gente tan creativa como Jonathan Demme o Linklater tienen una presión muy grande cuando trabajan en el sistema de estudios. Incluso en Boyhood hubo momentos muy difíciles como se ve en el documental, en los que parecía que el proyecto se iba al traste. Financiar una película a 12 años vista es un gran riesgo para un estudio, que quiere recuperar su inversión cuanto antes. Gente como Fuller, Tourneur o Kubrick lo han hecho antes que ellos, pero no sin dificultad. Los grandes estudios conciben la producción de películas en términos estrictamente económicos, pensando más en la taquilla que en los resultados artísticos. Si consiguen aunar los dos objetivos mejor, pero lo primero es ganar dinero.

-Usted ha sido uno de los cofundadores del prestigioso festival de cine independiente de Austin, South by Southwest. En los últimos años han surgido muchos festivales en Estados Unidos que tienen la etiqueta de cine indie y que siguen la estela creada por Sundance en los 90. Se trata de festivales como Seattle, Los Angeles, Tribeca en Nueva York o el de Ann Arbor. ¿En qué se diferencia South by Southwest de estos nuevos festivales?

-La principal diferencia es que nosotros tenemos Austin, que es una ciudad que vive por y para el cine. No sólo durante la celebración del festival sino los 365 días al año hay siempre alguna actividad relacionada con el cine, proyecciones, mesas redondas, rodajes. Austin es una de las ciudades de Estados Unidos donde más se rueda. Creo que es la tercera, sólo por detrás de Hollywood y Nueva York. Sundance es un gran festival de cine pero durante el resto del año en Park City (Sundance) lo que hay es un complejo turístico de lujo para deportes de invierno. Tribeca es un festival en auge, que combina cine indie con cine más comercial y además está en Nueva York, una ciudad que desarrolla otras muchas actividades (Broadway, exposiciones) y que es fundamentalmente un centro de negocios. Toronto también da cabida al cine indie, aunque residualmente, y aunque es una ciudad que adoro, tampoco vive el cine como nosotros en Austin. Nuestro festival está pensado para celebrar el cine. No hay tanto glamour, la prensa no tiene privilegios, ni proyecciones especiales y las actividades paralelas están abiertas a todo el mundo que quiera participar en ellas. En Austin hay además otros dos festivales de cine durante el año, lo que muestra hasta que punto somos apasionados del cine allí.

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