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Música y política: Chailly es un líder

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Hoy hemos visto n el Auditorio Nacional a un líder de la música, Ricardo Chailly dirigiendo la filarmónica della Scala.

Un director de orquesta es como un entrenador de fútbol, como el presidente de una compañía global, algo parecido a un primer ministro o como el capo de tutti capi de la camorra. Espero que a Chailly no le moleste esta última comparación, que solo es una metáfora. Un director de orquesta es, sobre todo, un líder. Chailly siempre lo consigue, domina con personalidad y carisma a una orquesta, en este caso, magnífica, con mano firme y con sabiduría. En el concierto del Auditorio controla el tempo, el ritmo, la pasión y hace que los espectadores vibren con la obra de Mussoorsgski al interpretar “La gran puerta de Kiev”, justo después de “La cabaña sobre patas de gallina”.

Si un director de orquesta conecta con su público, nadie le tose, aunque precisamente la tos se convierte en el enemigo público de un concierto durante el mes de enero. Cuando no hay conexión con los seguidores, un entrenador de fútbol no se come el turrón y se le sustituye por el siguiente en el escalafón, incluso por el encargado del filial. Un presidente de una compañía global cae cuando los resultados dejan de lograrse o cuando una fusión obliga a otra ecuación de canje de acciones. Puede ser el caso de un primer ministro que convoca un referéndum y lo pierde. Es bien conocido y ahora dedica sus mañanas a correr. En cuanto a la mafia, ya se sabe cómo soluciona sus luchas de familia.

Pero un director de orquesta maneja una sensibilidad especial. Es el caso de Chailly. Su batuta mueve notas desde una partitura para lanzarlas al aire y crear belleza, se trata de llegar al oído de los melómanos en una ocasión única e irrepetible que no podrá superar la mejor de las grabaciones o el más esmerado DVD. Sí, cuanta belleza, cuanta emoción que emana de forma natural de la armonía articulada de un pentagrama escrito por un compositor. Todo eso no es mucho sin la fuerza y la emoción que transmite un gran director. Chaylly lo logra, porque es un líder, nadie le puede sustituir. Precisamente, lo que queremos es que vuelva pronto y, de nuevo, la piel se nos  ponga como carne de gallina, “El baile de los polluelos en sus cáscaras”, todo lo que forma parte del concierto “Cuadros de una exposición”.

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