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Nacha Pop

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Nacha Pop

Madrid es la ciudad que suena a Nacha Pop. Éramos más jóvenes que ahora, si cabe, de hecho, pensábamos que nada podría dañarnos y que la vida no solo no iba en serio, sino que además nos pertenecía sin más. Nacha Pop privilegiaron nuestros deseos de aire limpio, flotantes en medio del mejor de los tiempos.

Nacha Pop 3Yo estaba allí. Y ya nada pudo parar, desde aquellos días nada se detuvo, todos nosotros seguimos sin aliento, a veces hasta con una sonrisa de perplejidad o de alivio, continuamos bailando, aunque nos inventemos el ritmo en las calles de Madriz, en el corazón de los siglos, atentos, enamorados de la noche, pero sin dejar de mirar cara a cara a la desgracia.

Tener miedo al terror, tener miedo de la enormidad donde nadie escucha nuestra voz…

No puedo parar,
es una infección,
y mira que lo lamento:
lo digo por vosotros,
me brotan los versos
o lo que sea esto,
intento no pensar,
no escribir tampoco,
pero nada, no hay manera:
leo algo, escucho algo,
veo algo, huelo algo,
y los dedos se me hacen poesía
o lo que sea esto;
me digo, detente bala
y nada, no consigo parar,
nadie puede parar
cantaba Nacha Pop,
pues a mí igual,
me pasa lo mismo,
ven conmigo esta noche
y lo verás,
las estrellas me iluminan
pero no me deslumbran
y así, con todo.

Fueron un tocadiscos completo en Nochevieja cuando todo podía ocurrir, cuando nadie podía parar, fueron la chica de ayer y el final: prendieron un sueño en mis sueños con un alma de goma nadando en números cuando los pantalones rojos de Quique, justo antes del futuro. Fueron lo que tú y yo sabemos, una lucha victoriosa que me convirtió en gigante, una décima de segundo y para siempre… si es que hay un siempre. Fueron Nacha Pop mi ritmo y un latido, fueron mucho más que la soledad, mucho más que el vértigo, fueron las calles sin fin, los perseguidores de sombras, no, no necesitamos más, no lo necesitamos, os tuvimos a vosotros. Os tenemos, me lo dejasteis todo.

Los años en los que escuchar a Nacha Pop y salir a las fiestas y estudiar lo necesario y jugar a las cartas y tener una novia y ser todo futuro, pero ser sobre todo presente luminoso y beber cerveza y reír y saltar en los bailes y abrazar sin descanso y ser joven y no pensar en la felicidad ni soñar ni sufrir ni esculpir el porvenir de tu generación: los años en que crecer rodeado de luz y de latidos de goma…

Una décima de segundo
inspira la grandeza de los instantes,
ese alboroto trágico de lo leve
con el que nos vestimos
cuando la dicha es oscura
o el futuro es un día luminoso
donde asomamos
nuestras caricias
sin pesadumbre
ni vanos anhelos.
Una décima de segundo
puede ser un pueril devaneo
evanescente
cargado de ráfagas
donde ametrallar el sopor
o quedarnos imperturbables
lamiendo la eternidad
de lo fugaz
para no codiciar más
a las estrellas.

Nacha PopEs de nuevo de noche, una noche ya de 1988, Nacha Pop se despiden demostrando que nunca-nada-es-para-siempre, ni siquiera su propia despedida, la que marcaría el final de aquel futuro de ocho años que estaba a punto de sucumbir y ser ya el pasado que es y la dejó a ella como La chica de ayer que ya nunca es. Porque el pasado siempre está ahí, mirándote y recordándonos, al menos a mí, que los días que fueron son los días que son, son un presente inalterable al que poco a poco vamos difuminando hasta hacerlo desparecer de su realidad de presente. Si encadenamos a un árbol a la nostalgia y a la melancolía, podemos disfrutar mejor y más a menudo de lo que ya no es más que lo que queramos que sea: ese esplendor en la hierba que nos enseñó a disfrutar del verdadero esplendor en la hierba que disfrutamos. Ese esplendor en la hierba del que aprendimos que todo es futuro.

Las palabras de Antonio Vega
suenan todavía en la habitación
como delicadas cautelas de lo físico,
van y vienen, se mueven solitarias
o en sinfonía juvenil,
sin una edad sensible:
fraguamos con ellas nuestros días
tras escucharlas envueltas
en su propio sonido,
música al borde de los sueños;
una existencia que no dura nada,
el presente continúa,
ahora únicamente con sus canciones,
en su muerte de apariencia engañosa.

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José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La transición'. '¿Qué eres España?' y 'La Historia: el relato del pasado', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español', 'Narrativa Breve' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com) y dirige la revista digital Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com).

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