Cultura

Pesimismo generalizado

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pesimismo

La agitación social se generalizaba, y no solo tenía lugar en Barcelona y España: la posguerra europea se prolongaba en conflictos que parecían no tener fin. Por ejemplo, en Italia, donde se sucedieron una cadena de atentados ejecutados por jóvenes fascistas, que incendiaban sistemáticamente los diarios socialistas, el último, la redacción en pleno de un rotativo local en Trieste. Incluso fuera de Europa, en la Gran Manzana neoyorquina, donde una bomba colocada en la sede la Banca Morgan destruyó, no solo estas oficinas bancarias sino otros locales próximos en pleno Wall Street.

Por otro lado, estaba a punto de firmarse, por parte de la Rusia bolchevique y Finlandia, la independencia de esta última del gigante ruso, que reconocía oficialmente ese desgajamiento del país báltico. Sin abandonar lo exterior, pero en suelo de España, los representantes de la Unión Postal Universal celebraron su congreso en Madrid, donde el Ayuntamiento y las autoridades hicieron lo posible para agasajarlos con diversos actos, eso sí, empezando por invitarlos a una corrida de toros que se celebró en su honor. Idea que no se sabe si agradó a todos los asistentes, aunque en absoluto a un cronista de un semanario madrileño, que atacaba, a través de esta idea descabellada, a la fiesta nacional. Enlazaba esa crítica con el estado lamentable de la economía y la crisis galopante del país que, afirmaba irónicamente, no provocaba el que las masas salieran a la calle y asaltaran nuestro “palacio de invierno”. Lo que sí hicieron, reconocía, los que salieron y promovieron tumultos a la salida de un coso taurino, iracundos porque se le había escamoteado una oreja a un matador de su predilección. (El anónimo redactor llegaba a ironizar con la “belleza” de las corridas ofrecidas a los extranjeros con estas palabras: “Nuestros visitantes habrán alucinado con esos toros villanamente asesinados y con los caballos cristianamente despanzurrados”.)

La noticia política era que, por un decreto publicado, se disolvían las cámaras, con lo que quedaban convocadas elecciones al Congreso de los Diputados y el Senado. Noticia recibida con sarcasmo por la mayoría de la prensa y la opinión, conocedores de cómo funcionaría, de nuevo, el caciquismo político. Un periodista acababa su artículo con esta sentencia: “Todo gobierno español sale deshonrado de las elecciones”, anticipando los tejemanejes que conllevaba hasta ese momento, cualquier consulta democrática.

Menos mal que la vida seguía con otras noticias menos deprimentes. Por ejemplo, que, en Itálica, la ciudad romana oculta bajo Santiponce, estaba emergiendo de las ruinas nada menos que su gran anfiteatro, joya de la corona de la olvidada durante siglos, ciudad romana próxima a Sevilla. El corresponsal que escribía sobre el descubrimiento reconocía que, a estas alturas, del resto de la antigua ciudad no quedaba mucho más ya que, durante siglos, de las ruinas itálicas, había salido mucho material para la construcción y numerosas obras de pórticos y casas en la capital hispalense y en el Aljarafe. Por otro lado, pero sin salir de Andalucía, llegaban nuevas, en este caso de Granada, donde una mujer valiente y decidida, Berta Wilhelmi, empezaba a ver hecho realidad uno de sus grandes sueños: un gran Hospital Antituberculoso en plena Sierra Nevada, proyecto en el que logró asociar a todo el mundo, incluidas sociedades en los antípodas, como la Iglesia, a través de su máxima autoridad, y los responsables de la Casa del Pueblo. (Años atrás, esta alemana aclimatada a una Granada muy amada, había creado en el pueblo de Pinos Gil una escuela mixta inspirada por la Institución Libre de Enseñanza, a la que aportó una biblioteca de más de 600 volúmenes.)

En un campo alejado del anterior, pero también era otra mujer la que anunciaba una primicia en relación a la moda femenina llamada a permanecer… Porque así se llamaría en adelante el nuevo aporte para la belleza del peinado femenino: “la permanente”. La responsable de las páginas femeninas de un semanario muy popular, Salomé Núñez Topete, hablaba de “un nuevo procedimiento para ondular el cabello que puede durar hasta diez meses”. También en la prensa de aquel otoño, aparecía una narración enviada a un concurso convocado por el semanario barcelonés “Mi Revista”, que firmaba un tal Ramón J. Sender, y que llevaba por título “Schumann y Eolo”. O en el apartado poético, el ayer y el hoy se daban la mano en una misma página, firmando sus respectivos versos, Emilio Bobadilla (conocido como Fray Candil), y el “terrible” Pedro Luis de Gálvez, sonetista excelso.

Sin duda, el momento literario era mejor que el político-social. Así, un librero se pudo permitir contratar toda una plana publicitaria para anunciar… libros. A toda plana, en efecto, la Librería América se dirigía, desde el epígrafe “Para libreros y kioscos”, a los “abogados, bibliófilos, amantes del engrandecimiento de España, casinos y bibliotecas populares” en el sentido de que, si iban a esta librería, encontrarían los volúmenes de cada especialidad. Presumían de la veteranía que les había dado esa pátina del tiempo, desde que muchos años atrás, tenían sus humildes tenderetes en la vieja Plaza del Callao, en una popular Feria Permanente de Libros.

 

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José María López Ruiz
José María López Ruiz es escritor, periodista, investigador y publicista. Sus trabajos han aparecido, entre otras cabeceras, en Historia y Vida, Guía del Ocio, La Información de Madrid, Dígame, Historia 16 e Interviú, y en Andalucía, en El abanto, Diario de Andalucía, El Correo de Málaga y Málaga Variaciones, entre otras.

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