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Zanón y Carvalho (para mayor gloria de Vázquez Montalbán)

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Carvalho, de Carlos Zanón

El escritor español Carlos Zanón lo ha vuelto a hacer. Deslumbrarme mientras me entretiene. Entretenerme deslumbrándome. Y esta vez lo ha hecho en un más difícil todavía sólo a la altura de los más grandes novelistas: resucitando metaliterariamente al detective por excelencia de la novela negra en español, Pepe Carvalho, el hijo literario del llorado Manuel Vázquez Montalbán.

En la novela Carvalho: problemas de identidad, de Zanón, publicada en este año 2019, el protagonista de la memorable serie policiaca de Vázquez Montalbán, que regresa para el regocijo de sus seguidores, el mío, sin ir más lejos, se dice a sí mismo en sus primeras páginas:

“Admítelo, no eres para nada una buena inversión. Con lo bien que te iba todo cuando apenas eras verosímil”.

Otra novela, pero no otra novela más, de Carvalho, donde reina “la puñetera verdad con su insoportable impuntualidad”.

Carvalho y El Escritor

Zanón y Carvalho (para mayor gloria de Vázquez Montalbán) 1Carvalho sigue siendo demasiado personaje, más aún ahora que no lo es, ahora que el Carvalho de Zanón es el Carvalho real en el que se basó Vázquez Montalbán para crear su Carvalho (toma giro narrativo de escritor bueno: Carlos, magnífico… y gracias). Un personaje tan humano y tan personaje literario a la vez que es de los que piensan que “creer que hablando se convence a alguien es como creer que sufrir sirve para algo”.

Regresa Pepe Carvalho después de quince años de su última novela, aparecida en 2004, poco después de que un año antes muriera su creador, el magnífico literato Manuel Vázquez Montalbán. Y regresa en una novela en la que uno de sus personajes es El Escritor, esto es, el propio Vázquez Montalbán; una novela en la que sabemos, por ejemplo, que Biscúter quiere que le llamen así, Biscúter, en honor al personaje de El Escritor; una novela en la que Barcelona es “una ciudad cansada de que se hayan olvidado de que es un montón de hombres y mujeres cualquiera y no un escaparate, ni una santa ni tampoco una bandera”; una novela en la que El Escritor ya murió y en la que Carvalho, que dice no ser “el tipo que escribió El Escritor”, sigue quemando libros (“para castigar la felicidad de lo inútil”); una novela en la que la vida continúa siendo, “por definición”, injusta, como masculla Carvalho (“este circo llamado vida” dirigido por un “guionista borracho e impredecible”).

En Carvalho: problemas de identidad, su protagonista habla a menudo —en definitiva, nos la cuenta— de su relación con El Escritor, cómo se conocieron y cómo le propuso basarse en él para crear una novelística por él protagonizada. Me fascinó cuando Carvalho me contó el momento en el cual El Escritor le dijo aquello de que “la vida es magia porque no sabemos los trucos”, o cuando le explicó aquello otro de que “la novela es poderosa” porque con ella “uno puede acceder a la verdad a través de las mentiras, imaginaciones, ficciones”. Porque con la literatura se puede volar, añado yo, mientras que con el periodismo sólo se puede andar. Como mucho, correr.

“Mi vida y la suya se mezclaron, se agitaron y se sirvieron cada vez más frías”.

El Carvalho de El Escritor era una combinación literaria del Carvallo real y el auténticamente ideado, entre el verdadero y el de ficción, pero también tenía algo del propio Vázquez Montalbán (El Escritor, no lo olvides), de “sus recuerdos, sus complejos, su niñez, su rabia escondida: el cinismo, la ternura y la melancolía, su mirada amarga a una ciudad como un paisaje sentimental”.

Cuando murió El Escritor, el investigador privado gallego-catalán primero sintió alivio, o algo parecido, luego soledad. Y no, Carvalho no mató a El Escritor:

“El Escritor. Ojalá estuviera aquí ahora. Ojalá me dijera qué hacer con mi vida. Ojalá hiciera con mi vida una novela que yo pudiera entender y que, al cabo de trescientas páginas, se resolviera con algo de verosimilitud, entrando al poco en el olvido, sin cicatrices”.

Carvalho y su “jodida piel de caimán”

Carvalho, a quien le vale “con un poquito de verdad”, para quien “ninguna acción es inocente”; ese Carvalho que quema un libro de Carvalho (uno “que nunca soporté”, el del Comité Central); Carvalho que cocina de noche, todavía, y que luego lo tira todo a la basura; Carvalho enamorado, sic y resic… Y también Charo, el recuerdo de Charo (“Charo era mi historia de amor y docilidad”)…

“Soy un viejo cascarrabias y amargado. En mi defensa diré que lo vengo siendo desde los siete años. […] La mejor manera que tengo de ser yo y no hacerme daño es estar solo. […] Yo llamo exiliado desde que nací: lo llaman exilio interior. […] Carlvalho, estás viejo, solitario y final”.

Carvalho y sentir como un alivio “depositándose como amoniaco sobre una quemadura”, eso que es “la maravillosa liberación de la derrota total”.

“Cuerpos hermosos, cabezas hermosas, vidas hermosas a las que renuncié siempre por temor a destrozarlas, decepcionarlas, olvidar la combinación que me permitiera un día y otro acceder al secreto de los días iguales”.

Carvalho, que se dice a sí mismo que “él te hacía mejor detective”. Él, El Escritor, Manuel Vázquez Montalbán, a quien Carlos Zanón le cede un protagonismo de agradecimiento y presencia artística, social, cierta, inevitable, como de eternidad. La eternidad de la literatura pulida con las vísceras de las almas.

Carvalho, que a veces se dice cuando hace algo que no le gusta que “el otro Carvalho no lo hubiera hecho”; que es capaz de decirse a sí mismo…

“Me escribo mal”.

A quien otro personaje de Carvalho: problemas de identidad le indica: “haces muy mal de ti mismo”.

El detective Carvalho, que sabe perfectamente qué es lo que hace un detective, hasta en sus sueños: “Un detective no hace justicia, entrega la verdad a su cliente, y él decide”.

Un poco como los historiadores, quizás, ahora que caigo. Los historiadores como detectives.

Carvalho, que piensa que “no hay sitio bueno si no te puedes escapar de él”; Carvalho, que cree que morirá en Barcelona:

“Ojalá me entierren al lado de Serrat”.

Carvalho, que en los libros “era más contenido”; Carvalho, que le pide al Vázquez Montalbán muerto…

“Joder, Escritor, escríbeme un poco esta noche”.

Carvalho, que sigue teniendo quien le escriba.

Carvalho y el Procés

Novela negra, novela social, novela ensartada sobre la realidad que conmueve a quien la escribe y a quien quiere leerla. Eso era la serie Carvalho y eso sigue siendo con Zanón, escritor de novela negra, novela social, novela ensartada sobre la realidad que conmueve a quien la escribe y a quien quiere leerla. Y si estamos en 2017, y si estamos en Barcelona… Carvalho tendrá algo que decir sobre la Cataluña de sus días:

“Una generación de ciudadanos catalanes, desprejuiciados en su soberbia y en su sentimiento de superioridad —somos un país del Norte incrustado en un país del Sur—, hartos de componendas, humillaciones […], aunque la huida —Europa no nos dejará colgados: no puede hacerlo. No se lo puede permitir— fuera arrastrando, agarrados de la pierna, a la mitad de los catalanes que aún no se decidían a arrancarse de sus cuerpos la posesión diabólica que supone ser españoles con lo sucio, lo pobre y chillón que es ser español. Todo mentira y verdad a la vez, en cierta manera”.

Lo que espera Carvalho es que “todo reviente de una vez, pero que no haya un solo muerto”. Y su amigo, el abogado Subirats, sentencia:

“Tendríamos que tener a El Escritor para que nos explique qué está pasando, qué va a pasar a continuación”.

Carvalho y los asesinos de mujeres

Y más realidad muy de nuestro tiempo, la violencia machista, flotando en el ámbito de la narración, estando en el meollo de la trama que redondea la novela de Zanón y Carvalho como la novela negra, también policiaca, que es.

“Si sólo queremos protegeros, ¿por qué os matamos?”

Asesinos de mujeres, hombres que matan a las mujeres que creen amar y a las mujeres que no necesitan amar. Y, mientras, ya digo… Carvalho y la metaliteratura sublime, cínica, durísima, pero también brillante, a su manera muy hermosa, de Zanón.

Pero conviene no olvidar que, a Carvalho, El Escritor le decía a menudo:

 “Pepe, la realidad toda ella es mentira”.

Con ella sólo de pueden hacer “novelas y películas de arte y ensayo”.

“Ven”. Y fin

“Quizás quise ser lo que se leía de mí”.

“El carácter es el Destino. Ésta es de las pocas cosas en las que creo”.

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José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La transición' y '¿Qué eres España?', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com) y dirige la revista digital Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com).

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