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3 soluciones para formar gobierno: deshojando la margarita de los pactos

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Formar gobierno Pedro Sánchez

Desde que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sellaron un preacuerdo para formar gobierno, el primero de coalición de la historia de la democracia, esta parece la mejor fórmula para que el Ejecutivo comience a rodar. Sin embargo, desde que el 12 de noviembre los líderes del PSOE y de Unidas Podemos sentaron las bases para salir de este peligroso impasse que se había convertido en crisis sistémica, han surgido alternativas para que se forme un gobierno sin los morados y sin la necesidad del apoyo nacionalista.

En el momento actual, formar una mayoría de izquierdas basada en el pacto PSOE-UP parece lo más apropiado, aunque para ello se requiera la abstención de formaciones como ERC. Esto provoca cierto desdoblamiento, pues tan censurable es la deslealtad constitucional de los republicanos catalanes como deseable resulta integrarlos en los engranajes de la normalidad constitucional.

¿Formar gobierno… mediante una gran coalición?

Otra opción para formar gobierno sería la creación de una gran coalición, donde se sumarían los 120 escaños del PSOE más los 88 del PP. Las cuentas son sencillas, pero esta música chirría a Pablo Casado. Es cierto que semejante fórmula dejaría vía libre en la derecha para el ascenso definitivo de Vox.

Si miramos hacia el norte, vemos como en Alemania esa gran coalición ha engordado a los ultras de Alternativa por Alemania (AfD), que han encontrado el caldo de cultivo de la decepción de los länder orientales tras la unificación. Tantos años de acuerdo entre socialdemócratas y conservadores que ahora, cuando ha llegado la hora de la renovación al SPD, este se ha quedado en manos de los contrarios a esta fórmula.

La ‘Fórmula 130’: ¿qué hará Ciudadanos?

Isidoro Tapia escribe en El Confidencial sobre una tercera posibilidad, bautizada como la Fórmula 130, mediante la cual los 120 escaños del PSOE más los 10 de Ciudadanos (130 en total) podrían ser suficientes para formar gobierno. Para ello, sería fundamental la abstención del PP (82 asientos) y de Navarra Suma (2). Todas las demás formaciones solo podrían alcanzar 129 votos en contra, por lo que la investidura podría producirse.

La duda reside en Ciudadanos. ¿Qué rumbo le dará la nueva dirección? Si el cetro de mando recae en Inés Arrimadas, parece claro que no podrá luchar contra su propia caricatura. El antinacionalismo visceral imposibilitaría un acuerdo que, de una forma u otra, deberá proporcionar también vías de escape al conflicto catalán. Aunque también puede suceder que los supervivientes de la debacle naranja entiendan que, solo volviendo a los orígenes, a la esencia de partido bisagra que le permitía llegar a pactos con ambas formaciones, frenaría lo que hoy parece un irreparable siniestro total. Pues recordemos que la formación ha perdido 47 escaños en solo seis meses.

Inconvenientes

Depender, de un modo u otro, del PP conllevaría la exigencia de concesiones que pueden ser inaceptables o embarazosas para el PSOE. El proyecto político progresista quedaría muy desvirtuado. Por otro lado, aunque la investidura del PSOE pueda cambiar sobre la marcha de aliados, cualquier política rechazada por los populares tendría muy difícil materialización, pues el PSOE se habría ganado la animadversión de un UP radicalizado, y tanto ERC como PNV difícilmente perdonarían al PSOE haber llegado a algún tipo de entendimiento con Ciudadanos.

En cualquier caso, el PP vendería cara su disponibilidad para facilitar esta operación, aunque podría resultarle rentable. La abstención le facilitaría el logro de algunos pactos de Estado que le serían reconocidos, incluidos en un gran pacto educativo, otro sobre la reforma de la Seguridad Social, y probablemente otros más sobre financiación autonómica, política europea, etc. Esto serviría para que Casado se diferenciase de Vox, una formación ultra que, en la práctica, resulta inútil.

Esta solución conduciría a reforzar el bipartidismo imperfecto, pues devolvería la dialéctica política a las dos formaciones hegemónicas, PSOE y PP, y se difuminaría la sensación que transmiten ambos de impotencia ante los nuevos tiempos y de incapacidad para ofrecer respuesta si no es a lomos de los radicalizados compañeros ideológicos de viaje.

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