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A punto de elecciones

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La suerte quedará echada la próxima semana ya que, como es sabido, los días 25 y 26 –lunes y martes- el Rey se entrevistará in extremis con los representantes de los partidos políticos parlamentarios y si, como se espera, no surge de tales encuentros un candidato con posibilidades objetivas de conseguir la investidura a la presidencia del gobierno, el monarca rubricará el día 2 de mayo el decreto de convocatoria de unas nuevas elecciones, refrendado por el presidente de las Cortes, que serán el 26 de junio.

Desde el 20 de diciembre, el balance de los movimientos políticos encaminados a la gobernabilidad es pobre y desolador. Primero, Rajoy, fiel a su estilo pasivo e inhibicionista, declinó someterse a la investidura, consciente sin duda de que nadie querría pactar con una formación que seguía generando corrupción a borbotones y no daba todavía la impresión de haber embridado el problema y mucho menos de haber empezado a atacarlo con la debida firmeza. Después tuvo lugar el fallido intento de Pedro Sánchez, quien se sometió a la investidura tras cerrar un valioso pero insuficiente acuerdo con Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Pese a no haber fructificado, tal alianza reformista ha marcado época, ha señalado un camino y con toda probabilidad producirá rendimientos en el futuro.

Por último, ha tenido lugar un breve e improvisado encuentro tripartito PSOE-Ciudadanos-Podemos que terminó con espantada de Pablo Iglesias, quien se negó de hecho a entrar siguiera en debate y, para cerrar el paso a la corriente interna partidaria de la aproximación, convocó la consulta que habría de ratificar clamorosamente su propia posición. Con una participación del orden de las 150.000 personas, el 88,23% de los votantes ha respondido no a la pregunta “¿Quieres un gobierno basado en el pacto Sánchez-Rivera?” y el 91,79% se ha pronunciado afirmativamente ante el segundo requerimiento, “¿Estás de acuerdo con la propuesta de Gobierno de cambio que defienden Podemos, En Común Podem y En Marea?”. El plebiscito ha sido una pantomima asamblearia ya que las ceremonias de democracia directa no tienen sentido si no se plantean sobre una disyuntiva real, y ambas preguntas a los militantes y simpatizantes tenían una respuesta obvia y absolutamente asimétrica. Pero el ceremonial ha valido, como se ha dicho más arriba, para bloquear el acuerdo que hubiera dado el gobierno a Pedro Sánchez, negado por los anticapitalistas y acariciado hasta cierto punto por la gente de Errejón.

En teoría, habría todavía tiempo y oportunidad de formalizar la ‘gran coalición’ liderada por el PP, ganador de las elecciones, pero el principal afán del ‘rajoyismo’ ya no consiste tanto, a estas alturas, en promover su candidatura sino en bloquear –también, en negativo- los intentos internos de aprovechar la coyuntura para promover la renovación en la cúpula y sustituir a Rajoy por un nuevo líder de la siguiente generación, capaz de vencer la hostilidad del PSOE. De la mano de García Margallo, se está llevando a cabo una evidente campaña de reforzamiento de las posiciones del presidente popular, de quien se cree que podría tener oportunidades tras el 26J si, como sugieren las encuestas, tanto el PP como Ciudadanos mejoran su posición actual. La estrategia popular consiste ahora en elogiar la supuesta frialdad táctica del líder, que ha sabido mantenerse rectilíneo y fiel a sus principios, sin claudicar mediante pactos que hubieran desfigurado su posición ideológica. En correspondencia –se añade-, cabe esperar que el electorado reconozca ahora estas virtudes y opte por la estabilidad que proporciona el voto al PP. La corrupción no contaría en este dibujo ideal y seguramente poco realista.

Por parte socialista, la preocupación de Pedro Sánchez es afianzar su ala izquierda ya que el pacto con Ciudadanos y el plantón de Podemos podrían haberla debilitado. No se espera, pues, ninguna tentativa de aproximación al PP, que sería considerada una claudicación intolerable por los potenciales electores ubicados en la zona de votantes contigua a Izquierda Unida. Los socialistas se han resignado en fin a repetir elecciones, con la esperanza de obtener una leve subida en reconocimiento al esfuerzo realizado y también como consecuencia de la previsible bajada de Podemos.

Es cierto que a medida que se aproxime el límite temporal se producirán tensiones políticas en el seno de los partidos, pero parece poco probable que se produzca en el ámbito estatal el frenesí del último minuto, capaz de engendrar acuerdos exóticos como ocurrió en Cataluña cuando en tiempo de descuento Artur Mas retiró su candidatura y se la cedió a Puigdemont, quien sí consiguió el respaldo de la CUP. De hecho, todo indica que las formaciones estatales están ya preparando sus campañas electorales, que no serán en esta ocasión sencillas, una vez que la ciudadanía se reconoce harta de mensajes, sugestiones y seducciones. Porque el riesgo para todos los actores será esta vez la fuerte inclinación hacia la abstención que experimentará el electorado.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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