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Acaba la guerra de trincheras. Los votantes de izquierda se desmoralizan

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La guerra de trincheras en que se estabilizaron los apoyos a los partidos en la opinión pública desde mediados de 2015 se ha saldado con la derrota de la izquierda y el debilitamiento de Ciudadanos. Los resultados de las elecciones gallegas y vascas (25 de septiembre) en las que PSOE, Podemos y Ciudadanos obtuvieron resultados muy por debajo de sus expectativas, desencadenaron la desmoralización entre sus votantes en toda España. Al PSOE le sucedió algo similar tras las catalanas de septiembre de 2015.

Como es conocido, en el PSOE los acontecimientos se precipitaron sin control, como en una película de Quentin Tarantino, derivaron en una loca casquería. La fronda frente al secretario general se incubaba desde varias semanas antes, alimentada por primeras planas, editoriales, encuestas y enfoques informativos de El País, medio de referencia de los cuadros y votantes socialistas, sin cuya influencia no se puede explicar lo sucedido en ese partido en las últimas semanas, ni la desmoralización de sus votantes. En el Comité Federal del 1 de octubre se escenificó un choque que dejó al PSOE sin secretario general, destruyó su imagen de partido de Gobierno y lo dejó sin más alternativas que la abstención para permitir un gobierno de Rajoy en minoría, con altísimos costes de opinión pública y sin contrapartidas en una negociación, o ir a otras elecciones, que la mayoría de sus cuadros intuye calamitosas.

Su pérdida de intención de voto es proporcional a estos daños. Hay que incluir en el pasivo que ningún dirigente ha explicado aún lo sucedido y los planes consiguientes, lo que hubiera transmitido la sensación de que alguien se hacía cargo. El PSOE dio una salida burocrática con una gestora y una dinámica que lo encarrila hacia la abstención en la investidura de Rajoy sin más explicación a sus votantes que insistir en su propia crisis. El PSOE ha quedado como un solar, en atinada imagen de Javier Fernández.

En Podemos, los resultados de estas autonómicas afloraron el debate latente entre sus cuadros sobre la orientación del partido hacia la protesta o la utilidad, a base tuits, declaraciones entrecortadas y sordas pugnas en el aparato partidario. Las declaraciones y gestos de Iglesias queriendo atraer los focos con mensajes tremendistas (huelga general) y retórica revolucionaria, al tiempo que contemporiza con Puigdemont, van desorientando a sus votantes.

¿Qué significa votar Podemos en este momento? Los datos muestran que sus votantes se distinguen por llevar la contraria al resto de la opinión pública, por ejemplo, son los únicos que desean elecciones anticipadas. Iglesias se apunta a todo lo que signifique inestabilidad. Lo que transmite Podemos es suficiente para captar el descontento durante un tiempo, pero poco para tener un papel determinante en un escenario político que requiere sutileza. Esta erosión es evidente desde las elecciones de diciembre (y aún antes). La interrogante hipotética que se alza a partir de los datos de octubre es:¿Qué estaría pasando si los dirigentes de Podemos fueran más hábiles y supieran cautivar al electorado del PSOE? Pero no hay tal posibilidad.

Al tiempo, la dirección de Ciudadanos no logra fijar una posición como partido de centro, atrapada en un discurso de acuerdo y cambio que no se sabe en qué consiste, pero que lo sitúa en la órbita del PP. El resultado es que 200.000 votantes de Ciudadanos han pasado al PP. Los acontecimientos de las últimas semanas han producido un resultado inesperado para la opinión pública y su consiguiente realineamiento:

-El electorado del PP se mantiene estable, aunque parece que se incuba una dinámica ascendente dada la transferencia desde Ciudadanos. El juego entre los dos sigue siendo de “suma cero”, lo que uno gana, el otro lo pierde.

-Resistiendo la abrasión de los juicios sobre la corrupción, el PP aparece ante la opinión pública como un referente sólido.

-Quedan unos 200.000 votantes de centro derecha en la abstención. Apenas nada.

-Dos millones de votantes del PSOE y de Podemos hace cuatro meses se sitúan ahora en la abstención e indecisión. La dinámica de ambos partidos hace pensar que, en los días transcurridos desde el trabajo de campo, esta bolsa sólo ha podido crecer.

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El resultado es que el PP se mantiene estable, con tendencia al alza desde las elecciones. Se podría estimar que tienen intención de votarlo 8,1 millones de personas. Hace un mes cabía especular sobre la consistencia de la corriente de voto de centro derecha que hace crecer al PP. El tiempo hace pensar que sus nuevos apoyos desde las elecciones se han estabilizado, la dinámica del voto útil se ha consolidado en el centro derecha. El PP estaría ahora por encima de 200.000 más que en las generales de diciembre, todos procedentes de Ciudadanos. A la inversa, el perfil de los indicadores electorales de Ciudadanos muestra su descenso por la atracción de parte de sus votantes hacia el PP.

El gráfico muestra su incapacidad para estabilizar los apoyos que podría alcanzar. En abril llegó a una intención de voto del 12,5 % sobre censo, es decir, 4,3 millones de votos, pero se fueron pasando al PP, sobre todo durante la campaña electoral (junio), tras ella, sigue descendiendo erosionado por cuatro factores relacionados:

-No consigue fijar tres o cuatro ideas concretas que sinteticen su identidad como partido, o sea, como polo ideológico: ¿Qué es ser de centro?

-Aparece satelizado por el PP. Mientras, desde algunas instituciones, marca distancias con los gobiernos regionales o locales populares haciéndoles perder votaciones sobre temas secundarios o desconocidos por la opinión pública, lo que más bien contribuye a enrarecer su imagen. Por este camino es difícil que Ciudadanos logre fijar un perfil distintivo.

-Sigue condensado en Rivera, ninguno de los demás dirigentes consigue transmitir un perfil propio, por lo liviano y coyuntural de su discurso.

-Los resultados en el País Vasco y Galicia y las recientes encuestas en Cataluña, sugieren que no estabiliza sus apoyos, lo que desmotiva a sus votantes.

En suma, Ciudadanos se sostiene por el rechazo a Rajoy y al PP en los sectores de centro moderado –en este aspecto, los temas de corrupción son decisivos– pero esto pierde efectividad ante la amenaza de un Gobierno de izquierda en el que Podemos pudiera tener un papel relevante y la dinámica de voto útil de centro-derecha hacia el PP. El resultado es que Ciudadanos obtendría en octubre 2,7 millones de votos, es decir, 400.000 menos que en junio.

grafico-2En la izquierda lo relevante es la brusca caída del PSOE en la semana siguiente a su Comité Federal. Entre la encuesta de principios de septiembre y la de comienzos de octubre se abatieron sobre el PSOE la división, la debilidad y la desmoralización: perdió un 3,6 % de intención de voto, es decir, un millón de votos. Desde las elecciones ha retrocedido 1,1, están escasamente en cuatro millones de votos. Los datos disponibles no son suficientemente precisos, pero apuntan a que se condensa en sus votantes más leales: personas de izquierda moderada apenas alejadas de la posición ideológica que atribuyen al PSOE, de elevada edad y beneficiarios del Estado del Bienestar. La crisis del PSOE viene de muy atrás y es mucho más profunda que esta coyuntura, de ahí su magnitud.

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El descenso de Podemos es distinto. No es un golpe, es una erosión constante. Sus dirigentes no transmiten ningún mensaje o acción que pueda invertir esta tendencia. Aunque la prensa hacia la nueva política que parecía representar Podemos y sus dirigentes ha sido, en general, benigna (salvo en los medios de centro derecha), presentando a su dirección como grandes estrategas, lo que se dibuja es el resultado de la carencia de estrategia de la dirección de Podemos.

Una élite improvisada y heterogénea se encaramó a encabezar el voto del descontento en 2014 –elecciones europeas– pero desde entonces no ha podido integrar en un proyecto coherente a las fuerzas que se aglutinaron en las siglas Podemos ni dotarle de un discurso que lo cohesione más allá de una “guerra cultural” intermitente desde las instituciones. En realidad, en este tiempo no ha habido signos de que tratasen de subsanar tales problemas, o siquiera los hubieran comprendido. La dirección de Podemos pareció fiarlo todo a forzar elecciones en junio y superar al PSOE. Algo así como pedalear más sin rumbo. Es difícil saber si se dejó arrastrar por o arrastró a muchos medios y encuestas (pero no todas, hubo más encuestas que las publicadas), pero esa obnubilación sirvió como sucedáneo de estrategia política.

Confió en que absorber a IU sería suficiente. Ahora sus dirigentes tendrán que mostrar su verdadera pericia política para revertir una dinámica negativa. Lo que se dibuja es que el espacio a la izquierda de la socialdemocracia volverá a los 2,5 millones de votos, parecido a lo que obtenía IU. Es lo natural en el voto posicional de izquierda radical, alimentado ahora por los destrozos sociales causados por la crisis.

grafico-4El resultado es que se ha abierto un gran hueco en el espacio de la socialdemocracia que ha desalojado el PSOE y Podemos es incapaz de rellenar. Es curioso porque parece que las debilidades de cada partido de izquierda sostuvieran al otro. El PSOE está incapacitado para emitir un discurso que pueda atraer a las bases de Podemos. Los dirigentes de Podemos no pueden atraer a los votantes del PSOE porque el voto socialista/socialdemócrata se basa en el realismo, no en fantasías utópicas o ruido. El resultado es que los dos han llegado a una situación de equilibrio en su descenso y están dejando dos millones de votos, al menos, en la abstención.

Es evidente, por otro lado, que con esta evolución los electores de los dos partidos de izquierda se repliegan cada vez más sobre su núcleo duro, lo que los aleja. Las transferencias entre ellos son muy escasas, ambos pierden en dirección a la abstención/indecisión, no entre ellos.

El siguiente gráfico refleja la evolución de los cuatro partidos nacionales durante 2016. El PP no crecería significativamente en número de votos, pero su porcentaje electoral se eleva un 3,5% desde las elecciones por las caídas de todos los demás, especialmente, del PSOE en este mes. Está claro que “la oposición en funciones” desgasta mucho.

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El informe que ha dado pie a este análisis se basa en un trabajo de campo realizado entre el 3 y el 7 de octubre, la semana siguiente al Comité Federal del PSOE del que resultó la dimisión de Pedro Sánchez. El cuestionario trataba sobre temas no políticos e incluía las preguntas de recuerdo e intención de voto más simpatía. Estos datos se han estandarizado para intercalarlos con los del CIS. Como siempre en este tipo de informes, los datos que recogen los gráficos corresponden a porcentajes sobre censo electoral / muestra.

La metodología es también la habitual en estos informes: sobre la base de los barómetros trimestrales del CIS se engarzan los datos de intención de voto más simpatía procedentes del trabajo de campo de un estudio ómnibus. Ajustados los datos de estas dos fuentes se puede reconstruir mensualmente la serie del CIS –trimestral en su origen– que se sigue considerando la fuente más fiable por la calidad de su trabajo de campo y profesionalidad de sus entrevistadores (no por sus estimaciones de gabinete).

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