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¡Basta ya! O lo arreglan “o dejamos de pagar a los políticos”

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Políticos gobierno

La ciudadanía está harta de sus dirigentes. Factores como las repeticiones electorales (llevamos cuatro en cuatro años) o la escasa actividad legislativa provocan una gran desafección entre los españoles y sus políticos. De hecho, según el CIS, “los políticos en general, los partidos políticos y la política” son el segundo gran problema para los españoles, solo por detrás del paro y por delante de los problemas de índole económica. A la clase política, a menudo, se le hincha el pecho al hablar de responsabilidad, de poner a España y a los españoles primero, de altura de miras. Pero lo cierto es que no hay nada de esto. Luego no debemos extrañarnos si surgen iniciativas, utilizadas por el populismo ultra de Vox para estar en agenda, que piden que sus señorías no reciban remuneración alguna hasta que no lleguen a acuerdos.

Es paradójica la situación que estamos viviendo actualmente. Resulta que nadie quiere contar con los independentistas, pero todos los necesitan. La derecha, para que no forme gobierno el bloque progresista; la izquierda, para formar gobierno. Todo esto porque Ciudadanos, la formación que nació para llegar a acuerdos con unos y otros, sigue haciéndose el harakiri parlamentario, entorpeciendo la formación de gobierno –a pesar de que antes de las elecciones dijeron lo contrario– y copiando la estrategia del PP. Han perdido 40 escaños, han perdido su ideología, su líder ha dimitido. Y no han cambiado nada. Solo alguna que otra voz crítica se ha desmarcado del discurso oficial. Susurros, al fin y al cabo, en una organización ahora a la deriva.

De lo que sucede en Cataluña a lo que pasa en todo el país: tareas en materia económica

Los altercados que hemos visto en Cataluña los ha utilizado cada partido en su propio beneficio. Si algo está claro es que el ganador de esta brega ha sido Vox, que ha doblado su presencia parlamentaria. Nadie parece haber tenido un interés real en sofocar este fuego. Pero ya. Hasta aquí esta irresponsabilidad y los discursos demagógicos. Ahora toca sentarse, calmar los ánimos y centrarse en lo importante.

Y lo importante no es otra cosa que la economía. Si seguimos así –recordemos, para comprobar la dejadez, que seguimos con los presupuestos de Cristóbal Montoro– pasaremos de una desaceleración a una grave crisis económica. Debería ser un imperativo moral para todas las formaciones políticas, PP, Unidas Podemos y Ciudadanos, facilitar la formación de un gobierno sólido y capaz para generar un proyecto estable que dé confianza a los inversores y genere empleo y bienestar. Se ha roto el ascensor social, los salarios están por los suelos, las empresas no encuentran talento. Hay muchos frentes en los que trabajar y solo arrimando el hombro conseguiremos resolver estos problemas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha dado un pequeño tirón de orejas a nuestros dirigentes: la incertidumbre política está provocando “ambigüedad en la política fiscal de Madrid (…) Puesto que la ratio de deuda pública a PIB sigue siendo elevado, del 96 %, se necesitan nuevas mejoras en el balance estructural para rebajar la deuda pública de forma duradera”. La OCDE pronostica que España acabará este año con un crecimiento del 2 % y que en 2020 caerá al 1,6 % (en mayo, las cifras eran de 2,2 % y de 1,9 %, respectivamente).

Lógica, política y políticos ilógicos

La realidad, a pesar de la repetición electoral y la pérdida de votantes del bloque de izquierdas, es la siguiente: tanto en abril como en noviembre, el partido que más votos ha recibido, y el único que tiene capacidad para formar gobierno, es el PSOE. Unidas Podemos ha prometido lealtad a Pedro Sánchez para el primer gobierno de coalición de la democracia. Es el primer paso: los políticos de ambas formaciones se han puesto de acuerdo para que el país eche a andar.

Ahora le toca al resto. PP y Ciudadanos tienen que mover ficha para que no parezca que son ellos los principales causantes de este nuevo bloqueo y, por tanto, para que no acudamos a las urnas de nuevo. Los votantes se han decantado por el PSOE. Si tanto se ondea la bandera de la responsabilidad, esta es una ocasión idónea para que todas las formaciones muestren su altura de Estado.

En este ‘todas’ también entran las formaciones independentistas. Por ética, algunas deberían, como mínimo, abstenerse en su votación, sabiendo que un gobierno progresista, dispuesto al diálogo, será mucho más amable con ellos que un gobierno de derechas. Lo que no es de recibo, ni lógico, es que podamos acabar riéndonos ante la paradoja de que ERC –también la CUP– voten en contra de Pedro Sánchez.

Hay que acatar el mandato de las urnas, en resumen. Los colectivos de la sociedad civil están en su derecho de realizar presiones, pero esta ha de ser responsable y anteponer el bienestar general antes que los intereses particulares. Es un momento crítico. España necesita un gobierno serio y estable, capaz de afrontar los problemas que nos amenazan. No queda otra que remar en la misma dirección o nos ahogaremos todos. Y ya dará igual quién tenga la culpa.

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