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4N: debate decisivo a cinco

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Debate 4N Elecciones: Iglesias, Sánchez, Casado y RIvera

Habrá debate electoral el 4N, el lunes anterior a las elecciones del 10 de noviembre, con la participación de los líderes de los cinco partidos nacionales con representación parlamentaria. Con toda seguridad, será el momento decisivo de la campaña para decidir el voto y el futuro del nuevo gobierno que se forme lo antes posible, en diciembre, según afirman ahora los principales protagonistas.

Durante unos días los partidos no se pusieron de acuerdo en la fecha, pero al final, todos acuden como la gran ocasión para mejorar sus posiciones.

Los analistas suelen asegurar que en estas ocasiones se pueden ganar las elecciones, pero los verdaderos expertos en el tema aseguran que el mejor debate es el que no existe.

Tal vez por eso ha habido consultas sin debate: los estrategas buscan no perder antes que poner en peligro lo que ya consideraban ganado. Un punto de vista que puede valer para el caso de los debates cara a cara entre dos candidatos. Pero desde hace cuatro años, como es conocido, la política ya no es cosa de dos, sino de cuatro, y ahora de cinco (con Más Madrid, seis).

4N: ¿debate decisivo?

La gran pregunta es saber si el del 4N será un debate decisivo o, a estas alturas, ya está todo ganado para unos y perdido para otros. Los estudios demoscópicos señalan la dificultad de hacer cálculos dado el reparto para tantos partidos, sobre todo en las circunscripciones medianas y en las pequeñas. Pero aún así, hay movimientos telúricos en relación a la última consulta, motivo por el que el debate puede acabar asentando este nuevo escenario, incluso acelerarlo o provocar un vuelco.

Recordando el debate de las últimas elecciones, en aquel caso con cuatro participantes, cabe esperar una actitud similar de los contrincantes, pero con matices. El presidente en funciones, Pedro Sánchez, querrá transmitir, previsiblemente una imagen de hombre de Estado, dispuesto a aplicar el artículo 155 si Cataluña y sus dirigentes vuelven a desafiar la legalidad, como un defensor de la democracia y del feminismo, con programas para contribuir en la lucha global contra el cambio climático y la situación económico, dispuesto, eso sí, a pactar para que el país salga del bloqueo.

El líder del PP, Pablo Casado, hará un esfuerzo por mostrarse como alternativa para solucionar la posible crisis económica que se prevé, según la desaceleración que se anuncia, especialmente, con los datos del paro que se conocerán al día siguiente.

Iglesias y Rivera, grandes perdedores

Pablo Iglesias acudirá al debate con la sensación de que el pasado verano perdió la oportunidad de que algunos de sus compañeros de Unidas Podemos pudieran entrar en el gobierno. En el anterior debate adoptó una posición moderada, leyendo literalmente artículos de la Constitución, aún cuando hace unos pocos años, hablaba del régimen del 78 como un apaño.

El candidato que se presenta en esta ocasión como gran perdedor es Albert Rivera, que precisamente en el debate anterior hizo un gran esfuerzo didáctico, aunque para algunos se excedió en el espectáculo. La incógnita es si ahora se mostrará con mayor austeridad o lanzará toda su capacidad dialéctica para superar el mal resultado que se le pronostica.

El debutante en el debate será el candidato de Vox, Santiago Abascal que, en este caso, ya cuenta con representación parlamentaria. Él y su partido fueron presentados en la última campaña para amedrentar a los votantes como la gran amenaza para la democracia. Las encuestas no les van mal –o tan mal– como a Ciudadanos, lo que puede hacernos pensar que su líder no ahorrará excesos verbales para no defraudar a sus seguidores.

Las claves para el debate

Al margen de cuestiones formales que no son un tema menor, el mejor consejo que podemos dar a cada uno de los participantes es que prepare a fondo sus intervenciones. Lo fundamental, de cara al 4N, es identificar un tono para no cometer errores y transmitir un mensaje claro y seguro, buscando un aliado entre los adversarios y un enemigo al que batir.

La clave será enlazar no solo con los votantes seguros, sino con aquellos a los que seducir. De Pedro Sánchez cabe esperar que esta vez no busque como aliado a Iglesias, quien con toda probabilidad tratará de hacerle quedar como culpable de que no haya un gobierno progresista.

Para el presidente en funciones, Rivera no puede ser aliado, tampoco esta ocasión, no solo porque se negará a entrevistarse con él, sino por la sencilla razón de que la suma de ambos esta vez no dará una posible mayoría. Es decir, que el único aliado posible es el líder del PP, lo que dificulta su mensaje que tradicionalmente se basaba en culpar a la derecha de todos los males.

Pero si Sánchez lo tiene complicado, peor lo tiene Casado, que debe disputar el voto de centro derecha con otras dos formaciones con las que además mantiene acuerdos en comunidades importantes como Andalucía y Madrid, entre otras. El líder del PP parece haber recuperado la senda moderada del eterno viaje al centro, lo que le ha permitido recuperarse del batacazo de abril. Aún así, no tiene un aliado fácil ni a derecha ni a izquierda. Si da con la tecla para presentarse como alternativa habrá encontrado el tono para ganar la credibilidad perdida por su partido.

Los efectos para llamar la atención o romper el mensaje de los adversarios juega un papel importante en un debate, que puede ser determinante, pero, a la vez, puede ser contraproducente. Los mejor colocados, Sánchez y Casado, no correrán riesgos. Saldrán a no perder. Los que han perdido posiciones buscarán quebrar la paciencia de sus contrincantes directos. Rivera e Iglesias irán a por Sánchez, mientras Abascal irá a por todos, incluido el líder del PP.

Pero esto no es todo. El debate del 4N tiene un invitado ausente, Iñigo Errejón, que ha entrado en la pugna en el último momento como el salvador de la abstención y el líder dispuesto al pacto que Iglesias ha sido incapaz de alcanzar. No estará en el plató de la Academia de la Televisión, pero su jugada y su capacidad dialéctica, aún sin estar presente, tendrá un peso en el debate por haber sido compañero de Iglesias y posible apoyo de Sánchez.

Los líderes no lograrán arañar demasiados apoyos entre los seguidores de los adversarios

Nadie sabe quién ganará el debate del 4N, tal vez no haya un único triunfador o derrotado. Lo más normal es que, además del apoyo de los entusiastas y seguidores incondicionales de cada partido, los líderes no logren arañar demasiados apoyos entre los seguidores de sus adversarios. Y es que el debate de televisión va dirigido a los indecisos, aquellos ciudadanos que se preocupan por su empleo, la hipoteca o el colegio de sus hijos, una clase media en retroceso cada vez menos uniforme y a la que le gustaría encontrar un valor seguro en el que confiar.

A través de la televisión, tal vez lo puedan encontrar. Por eso, los candidatos deben preparar a fondo sus intervenciones. No es fácil, requiere estrategia, dominio del medio, seguridad en los temas complejos de la economía y, sobre todo, complicidad con los ciudadanos. Si alguno de ellos, quiere asegurarse un éxito seguro, solo tiene que llamarnos para practicar los detalles.

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