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Tras el debate: Pedro Sánchez se consolida, el bloqueo continúa

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Pedro Sánchez investidura o abstención

El debate celebrado este lunes, 4 de noviembre, no ha servido para aclarar cuál será la fórmula de gobernabilidad. Posiblemente, tal y como reflejan las encuestas, el 10N sea un espejo de abril, incluso un poco más complicado para el bloque progresista. Pero al menos sí ha servido para que el votante obtenga algunas conclusiones con las que acudir a las urnas el próximo domingo.

Pedro Sánchez y Santiago Abascal fueron los ejes del debate. Uno era el centro de todas las críticas; el otro, la novedad: era la primera vez que el candidato a la presidencia de la ultraderecha aparecía junto al resto de fuerzas en un debate televisivo.

Pedro Sánchez resistió los golpes

El presidente en funciones, nervioso al comienzo, aguantó estoicamente los ataques y mantuvo una postura templada de estadista. Dibujó un programa en el que introdujo elementos novedosos como la intención designar a Calviño como vicepresidenta Económica, mencionó a Amancio Ortega y defendió sus donaciones, anunció que blindará al Estado contra los totalitarismos y deslizó la ilegalización de la Fundación Francisco Franco y afines.

Además, en un momento en que la situación en Cataluña está dando votos a la ultraderecha, Sánchez optó por subir unos decibelios su discurso respecto al independentismo frente a la condescendencia de Iglesias y la rotundidad desmesurada de Pablo Casado y Rivera, quienes continúan apelando a la Ley de Seguridad Nacional y la activación del artículo 155 de la Constitución, respectivamente.

Santiago Abascal, la novedad

44 años después de la muere de Francisco Franco, cuyos restos han sido recientemente exhumados del Valle de los Caídos, sus herederos ideológicos han aparecido en un debate televisivo. Aunque su mensaje no sea propiamente fascista a la vieja usanza –a pesar de que utilicen conceptos y frases falangistas–, a los de Santiago Abascal se les puede poner la etiqueta de partido ultra sin que resulte escandaloso. Vox, como es sabido, rechaza la inmigración, es un partido intolerante frente a otras culturas y religiones, niega las políticas de género y aboga por el retorno a un Estado unitario y centralizado.

Vox ofrece un ideario ultraderechista como respuesta al fracaso de los partidos tradicionales. Al estilo de los populismos como los de Trump, Orbán o Le Pen, los de Abascal culpan de los problemas y de la falta de soluciones al enemigo exterior –los inmigrantes, los progres de Bruselas…–. Sus mentiras son fácilmente desmontables, pero han sido capaces de seducir a una gran parte del electorado de derechas.

No hay que olvidar que en Francia la derecha extrema absorbió a la derecha tradicional: Macron se enfrentó en segunda vuelta con Le pen, después de haber quedado laminada la derecha tradicional (y el Partido Socialista).

Pablo Casado y Albert Rivera, flojos

El candidato del Partido Popular, Pablo Casado, se movió en sus eternos tópicos, con severos ataques hacia Pedro Sánchez, y se mostró abrumado por los errores recientes y sin conseguir sobreponerse a la escisión de Vox, que ya no tiene marcha atrás.

Rivera, descentrado y nervioso, consciente de los datos que arrojan las encuestas y temeroso ante la posibilidad de obtener casi la mitad de escaños el 10N, trató de suplir con la gesticulación su inanidad: no consigue liderar la derecha y ha perdido el centro al alinearse con Casado y Abascal. Y si el votante quiere mano dura en Cataluña, la oferta genuina es la de Vox, no la de Ciudadanos. Como dijo Jorge Dioni en Analytiks, “nadie quiere repartirse entre tres lo que se puede dividir entre dos”.

Pablo Iglesias, a lo suyo

El candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, sigue inamovible. Sus posturas –pide una banca y una eléctrica públicas; defensa de la autodeterminación en Cataluña– lo inhabilitan para sentarse en el Gobierno de Pedro Sánchez. Y, además, su ego impide una solución a la portuguesa. Quedó probado que un Gobierno de coalición hubiese saltado por los aires el mismo día que se conoció la sentencia del procés.

Esta es la foto revelada tras el debate entre los cinco candidatos a presidente del Gobierno. No hay entendimiento, las posturas no se acercan, los rifirrafes son la norma. Con estos aires, ser optimista cotiza a la baja. El próximo 11 de noviembre es más que probable que despertemos con un Parlamento aún más fraccionado. Y se avecina una nueva crisis.

Iberia Alexa

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