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El asesino Carlos García Juliá

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Carlos García Juliá

Uno de los asesinos de los abogados de Atocha en enero de 1977, Carlos García Juliá, es uno de los abanderados fascistas de esta foto del 7 de mayo de 1973, tomada en un improvisado mitin ultraderechista madrileño del líder de la ultrafranquista Fuerza Nueva, el notorio notario Blas Piñar.

Es un acto para enaltecer la memoria de un joven inspector de Policía, asesinado seis días antes por el Frente Revolucionario Antifascista Patriota (FRAP), Juan Antonio Fernández Gutiérrez, y así corear los ultrafranquistas todo su odio ancestral en medio de los estertores de la dictadura del general Francisco Franco. Aparece García Juliá a mis ojos terrible, pues recuerdo los años (levemente posteriores) del enseñoramiento fascistoide de Madrid en los más señalados días ultras tras la muerte del dictador.

Ultras, así se les decía a los terroríficos matones de la extrema derecha tardo y post franquista.

Carlos García Juliá, de 64 años, huido y localizado en Brasil, por fin será pronto entregado a la justicia española para cumplir la condena de casi cuatro mil días que tiene pendiente.

El 12 de marzo de aquel 1977, Carlos García Juliá había sido detenido como uno de los autores materiales del atentado de Atocha, junto a José Fernandez Cerrá y Fernando Lerdo de Tejada, miembros del autodenominado Comando Hugo Sosa, vinculado a la Alianza Apostólica Anticomunista (la llamada Triple A), y junto al secretario provincial del sindicato vertical del Transportes de Madrid, Francisco Albaladejo, considerado autor intelectual del atentado. Tres años más tarde, se dicta sentencia. Es condenado, junto a Fernández Cerrá, como autor material de aquellos asesinatos a 193 años de prisión. Lerdo de Tejada había huido en 1979.

Carlos García Juliá: “Normal, jovial y cariñoso”

En el mes de septiembre de 1991, Carlos García Juliá accede al grado de prisión condicional y consigue enseguida un permiso para viajar a Paraguay por una oferta de trabajo. No regresó… Hasta ahora, que se le regresa.

“Normal, jovial, cariñoso y bien relacionado con la juventud seria y honorable del barrio, con vida religiosa y moral ejemplar”, le definió un párroco que le conocía.

Expliqué aquella matanza en mi libro de 2015 La Transición y reescribí aquellas páginas años más tarde para MOON Magazine

Aquel enero del año 77 no sólo fue el de la promulgación tras el refrendo popular de la joya de la Corona de los reformistas, fue, además, el mes con la más sangrienta de las semanas que transcurrirían durante toda la Transición. De entre los sucesos acontecidos en aquellos días de enero (periodo llamado por algunos la semana trágica de la Transición), la culminación fue la matanza de varios abogados laboralistas el día 24, en la madrileña calle de Atocha, a manos de pistoleros ultraderechistas, sangrientos defensores del búnker cada vez más derrotado.

De la virulencia de la situación y del perfil de navaja por el que se deslizó el proceso que caminaba hacia la democracia dan idea dos situaciones, de un lado el hecho de que la totalidad de los diarios, incluido uno de los voceros del búnker, El Alcázar, acordaran publicar el día 29 de enero un editorial conjunto, común, que llevó como título Por la unidad de todos; y de otro que entre el día 28 de enero y el 31 de marzo de ese mismo año un real-decreto de aquella fecha prorrogado un mes más tarde dispuso la suspensión (“respecto de aquellas personas sobre las que recaiga la sospecha fundada de colaborar a la realización o preparación de actos terroristas”) en todo el territorio nacional de la vigencia de los artículos quince y dieciocho del Fuero de los Españoles todavía en vigor, esto es, de aquellos artículos que obligaban a contar con un mandato judicial para entrar en un domicilio y que ponían en 72 horas el límite de detención, agotadas las cuales el arrestado debería de ser liberado o ser entregado a la autoridad judicial.

[…]

Estoy con Pérez Ledesma cuando afina diciendo que “los rituales funerarios” (manifestados en el conmovedor entierro de los asesinados abogados de Atocha a comienzos del 77, o en el de los muertos a manos de las fuerzas de orden público en Vitoria en el año anterior) de aquellos movimientos sociales y la ausencia en éstos de acciones violentas pusieron de manifiesto que, tal y como recogió el propio Carrillo, “nuestro pueblo está por el mantenimiento de un orden para alcanzar la democracia”. Ese era el objetivo, la democracia.

[Puedes leer ese texto completo pulsando aquí]

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José Luis Ibáñez Salas
José Luis Ibáñez Salas es historiador, editor y escritor. Autor de 'El franquismo', 'La transición' y '¿Qué eres España?', edita material didáctico en Santillana Educación y sus textos aparecen también en publicaciones digitales como 'Nueva Tribuna', 'Periodistas en Español' o 'Moon Magazine'. Su blog se llama Insurrección (joseluisibanezsalas.blogspot.com) y dirige la revista digital Anatomía de la Historia (anatomiadelahistoria.com).

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