DebateEn Portada

El PP claudica ante VOX

0
Vox y el voto oculto ultraderecha
Santiago Abascal, presidente de Vox

Pablo Casado, a quien se encomendó la delicada tarea de reubicar el Partido Popular tras una historia turbia de corrupciones que costó la presidencia del Gobierno al último líder popular que la obtuvo, era un personaje bisoño y frágil, que se vio desbordado por la hercúlea tarea que había de acometer, máxime cuando a su llegada la formación de centroderecha que había sido uno de los dos pilares del bipartidismo imperfecto ya se había quebrado, tras el alumbramiento de una formación de extrema derecha que entroncaba con las reminiscencias franquistas que aún enraizaban en las tierras de cultivo político del estribor de este país. Sin embargo, Casado fue consciente de la tarea histórica que le incumbía, y en un memorable discurso pronunciado con ocasión del debate de una moción de censura de VOX contra el actual Gobierno (que solo obtuvo los votos de la formación ultra), espetó a Abascal, entre otras cosas, que se plantaba ante “dos años de insultos” permanentes de su parte: “usted es parte del bloque de la ruptura, y nosotros somos parte de la red de afectos que unen a los españoles”; y añadió: “ha quedado claro: a usted no le gusta el PP y a nosotros usted tampoco”.

En los párrafos siguientes, Casado acusó a Vox de ser “populismo antiliberal”, y de moverse “cabalgando un ejército de trolls en las redes sociales, a lomos de Steve Bannon”, para insultar al PP. Mencionó a Cánovas —“en política, lo que no es posible, es falso”—, y le reprochó no haber hecho nada útil para fortalecer una oposición a las políticas de izquierdas. Casado recordó entonces a Abascal que el PP y su partido no gobernaban juntos en parte alguna sino que Vox apoyó investiduras de candidatos del PP porque la alternativa era el PSOE. A su juicio, la diferencia entre el PP y Vox es que los populares representan una “alternativa sensata, moderada y proeuropea”, en una clara confrontación con el discurso “antieuropeo” de Abascal. Aquella defensa de la UE suscitó uno de los aplausos más sonoros de la bancada del PP. Después, Casado le afeó a Abascal su agenda populista. “¿usted se cree que un pensionista está más pendiente de lo que diga George Soros que de su pensión?”.

Sea como sea, el joven Casado ha sido ahora destruido por sus correligionarios, con la crueldad con que aquí se extermina a los compañeros de viaje (es curioso que su antagonista, Sánchez, sea un superviviente de una cacería semejante en su propio partido), y ha llegado en su lugar un experimentado político exitoso de la periferia, apenas cinco años menor que Rajoy, y por lo tanto adornado, se suponía, con la pátina de estadista que dan el oficio y la edad.

Pero ha sucedido lo más temible: el prócer sobrevenido aparatosamente para reparar los supuestos estropicios de Casado ha zanjado la inquietante división de la derecha por el procedimiento de echarse en brazos de la extrema derecha. De la misma extrema derecha que en Francia está confinada por apestada tras un inviolable cordón sanitario y que acaba de aceptar un crédito de nueve millones de euros de un banco ruso, ofrecidos generosamente por Putin para remediar la injusticia generada por la banca francesa, que se opone a prestar dinero  a quienes niegan el Holocausto, abominan de los inmigrantes de color y detestan la Unión Europea; una histórica aventura que trata de extender a todo el Viejo Continente un modelo impecable de democracia parlamentaria con respeto exquisito a los derechos humanos. Todo este dislate se ha edificado sobre una declaración de fondo, proveniente de VOX, que explica el lugar donde estamos: los ucranianos que llegan a los países europeos huyendo de Putin sí han de ser reconocidos como “verdaderos inmigrantes” porque son “blancos y cristianos”.

El horror por semejante paso en falso del PP ha cruzado fronteras: el presidente del Partido Popular Europeo, el polaco Donald Tusk, que también sufre en su país la hidra de la extrema derecha, ha recibido este jueves como una “triste sorpresa” la noticia del acuerdo entre el PP y Vox para formar Gobierno en Castilla y León y espera que tal “claudicación” sea “un incidente” y no una tendencia en España. “Pablo Casado —ha dicho con tristeza— era una garantía personal de mantener al Partido Popular en el centro derecha evitando este tipo de coqueteos con los radicales, con movimientos de extrema derecha como Vox”. Tusk ha criticado en la misma intervención a los líderes de la extrema derecha europea que se alinean con Putin.

Feijóo, que aterrizará sobre un lecho político de xenofobia, de racismo, de cancelación de políticas de género y lgtb, de antieuropeísmo y de negación de la España de las autonomías, llega así a Madrid con un pecado original probablemente indeleble. Ojalá el contraste con la realidad le fuerce a una urgente rectificación.

Antonio Papell
Director de Analytiks

Matthias Sindelar, el Fred Astaire del fútbol

Entrada anterior

La solución china

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en Debate