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El PP rompe amarras con el pasado

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El PP rompe amarras con el pasado 1

Si la izquierda derrotada en la guerra civil y salida de las catacumbas del franquismo a la muerte del dictador tuvo serias dificultades para aclimatarse al nuevo régimen democrático construido por consenso, la derecha, gravemente contaminada por la dictadura y en buena medida emanada de ella, no lo tuvo mucho más fácil ya que su integridad democrática fue constantemente cuestionada, muchas veces con razón, otras muchas sin ella.

Una vez que aquella amalgama que fue UCD cumplió su misión bajo la batuta de Adolfo Suárez y se descompuso para dejar paso a la pluralidad de corrientes e ideas que predominaban en Europa, el PSOE consiguió fácilmente estructurar el hemisferio sociopolítico izquierdo y convertirse en la fuerza hegemónica a partir de 1982. Pero el representante más conspicuo de la derecha, que sin duda era Manuel Fraga, pugnó sin éxito por aglutinar un partido conservador reconocible que resultase homologable con sus pares europeos. Fraga era consciente de que su pasado franquista, su presencia en unos consejos de ministros que convalidaron sentencias de muerte, las fotografías junto al caudillo, le inhabilitaban para llegar a la presidencia del Gobierno de la España moderna y reconciliada. Y aunque pugnó por el poder en las elecciones de 1977 (AP consiguió 16 diputados), 1979 (Coalición Democrática consiguió 3 escaños), 1982 (AP obtuvo 107 escaños) y 1986 (AP logró 105 diputados), en 1989 ya fue José María Aznar, al frente del Partido Popular –la Alianza Popular refundada— el candidato (en aquella ocasión, el entonces joven candidato conservador consiguió 107 escaños frente a los 175 del PSOE).

En cierta medida, Aznar fue el epígono del neofranquismo que Fraga representaba, y de ahí su dificultad objetiva para afianzar una opción conservadora y a la vez moderna y descontaminada de las influencias franquistas que tropezaba con la susceptibilidad de una sociedad ávida de futuro. En las elecciones de 1993, con un PSOE ya desprestigiado por la corrupción, Aznar volvió a perder frente a González (logró 141 escaños frente a los 159 de González), e incluso en 1996, cuando la alternancia era ya una necesidad de verdadera profilaxis pública, ganó por la mínima diferencia con apenas 156 escaños frente a 141 del PSOE, lo que le obligó a negociar un muy trabajoso pacto con CiU, urdido por cierto gracias a los buenos oficios de Rodrigo Rato.

Años después, frente a un PSOE en vías de renovación y todavía no reconstruido, Aznar ganó las elecciones con holgura en el 2000, y lo hizo con mayoría absoluta, pero gestionó mal aquella posición –embarcó a España en la guerra de Irak y crispó innecesariamente al nacionalismo catalán-, por lo que el primer expresidente del Partido Popular pasará a la historia como el último bastión del neofranquismo y no como el líder de un partido cosnervador moderno.

[pullquote]Aznar fue el epígono del neofranquismo que Fraga representaba[/pullquote]

Aznar derrotó a Rajoy

El acomplejamiento de Aznar ante las elecciones de 1996 le llevó a prometer al electorado que no permanecería más de dos mandatos en el poder, y así lo hizo. Pero subido a la torre de su poder absoluto en aquella nefasta segunda legislatura, designó personalmente a su sucesor entre el triunviro de candidatos que el césar redivivo consideró oportuno señalar: Rajoy, Rato y Mayor Oreja. Aznar ha explicado que Rato se negó, y más de una vez, a aceptar el encargo, por lo que finalmente fue Rajoy el elegido (plato de segunda mesa). Las encuestas preelectorales del 2004 dieron hasta el último momento vencedor a Rajoy sobre un semidesconocido Rodríguez Zapatero, el candidato socialista que había llegado por sorpresa a la secretaría general de su partido en el 2000. Pero ganó Zapatero.

Los demógrafos aseguraron luego que la victoria del candidato socialista se había precipitado en los últimos días de la campaña electoral, pero por si hubiera dudas, la gestión gubernamental de los terribles atentados del 11M de 2004 terminó de inclinar la balanza. Obstinadamente, Aznar trato de convencer a la opinión pública española e internacional de que la autoría de aquella matanza correspondía a ETA…. cuando era notoria la paternidad islamista de la matanza. Aquel gobierno mintió deliberadamente a todos para salvar la cara –era posible que los electores creyeran que los atentados se relacionaban con la participación española en la guerra de Irak- y los ciudadanos, indignados por la marrullería, obraron en consecuencia.

[pullquote]El último gobierno de Aznar mintió deliberadamente a todos sobre los atentados del 11M para salvar la cara[/pullquote]

Aznar había quedado en evidencia, mientras Rajoy se veía obligado a reconstruir desde abajo su opción política, desolada por aquella derrota. Desde aquel momento, el nuevo líder del PP mantuvo una vida autónoma, desligada de la tutela de Aznar.

La tutela de Aznar y la ruptura

Aunque Rajoy se mostró desde el primer momento dispuesto a tomar sus propias decisiones, Aznar ha planeado como una sombra sobre la cabeza de Rajoy, aunque con escaso éxito y prácticamente nulo predicamento. Al frente de la fundación FAES, el expresidente ha pretendido teorizar sobre la ideología conservadora, con ayudas intelectuales y materiales de distinta índole… que siempre han tenido en cuenta como referencia al PP, que era en todo caso la residencia del verdadero poder. Rajoy y Aznar nunca han mantenido verdadera sintonía, el expresidente no ha ocultado nunca su evidente complejo de superioridad, y el actual jefe del Ejecutivo se ha desenvuelto con gallega ambigüedad en este mar proceloso de las amistadas y enemistades políticas. La ubicación de los expresidentes –los célebres jarrones chinos, en afortunada expresión de González- no está en modo alguno resuelta, pero en este caso el desencaje ha sido chirriante y llamativo.

Ahora, y como es bien conocido, el expresidente Aznar se ha desligado definitivamente del Partido Popular mediante una gélida carta de renuncia a la presidencia de honor y el rechazo a asistir al próximo congreso de la formación política, dentro de unas pocas semanas. La misiva, dirigida a Mariano Rajoy, no explica los motivos –“que alargarían innecesariamente” el escrito- de su decisión, y tan sólo muestra el pobre argumento de que ninguno de los patronos de la Fundación FAES ocupa cargo alguno en un partido político y él no quiere ser una excepción. Aznar hizo el anuncio de su ruptura cuando Rajoy estaba presidiendo el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que lógicamente eclipsó el protagonismo español en la institución… Y algunos comentarios populares más o menos discretos han subrayado con irritación el flaco favor que Aznar ha hecho a su partido saliendo tan abruptamente de escena a las puertas de un decisivo congreso, pero la delicadeza nunca fue signo de identidad del expresidente.

[pullquote]Rajoy y Aznar nunca han mantenido verdadera sintonía[/pullquote]

En realidad, esta ruptura no hace sino rubricar un largo periodo de desencuentro ideológico que hace poco culminó con la renuncia de FAES a cualquier subvención pública, requisito que sus promotores consideraron indispensable para lograr la total independencia de criterio. Los encontronazos entre FAES y el PP han sido continuos pero en los últimos tiempos habían adquirido una contundencia especial. Todavía resuenan las críticas al partido por haber ‘abandonado’ a Rita Barberá (como si la corrupción valenciana no hundiera sus raíces en la época de Aznar) y, sobre todo, las censuras a Soraya Sáenz de Santamaría por haber reconocido la vicepresidenta que quizá fue un error la recogida de firmas del PP contra el Estatuto de Autonomía de Cataluña.

En realidad, Aznar culpa a su partido de haber asumido el discurso de sus enemigos en tres asuntos cruciales: el final de ETA, la cuestión catalana y el posicionamiento económico y fiscal del gobierno popular. Aznar no ha podido convencerse aún de que ETA fue inteligentemente derrotada por el PSOE de Rodríguez Zapatero y Rubalcaba; de que la cuestión catalana no tendría la virulencia actual si él mismo no hubiera provocado al radicalismo independentista, pero también al nacionalismo moderado, durante la nefasta legislatura 2000-2004; y de que la derecha europea se ha impregnado de ciertos tintes igualitarios y socialdemócratas porque no es sostenible un alto grado de desigualdad en las sociedades modernas.

El PP actual tiene en todo caso poco que agradecer a Aznar, cuya temperamental sobreactuación provocó la derrota del partido conservador en 2004, un salto desde la mayoría absoluta a la oposición que sólo puede entenderse tras una etapa de delirante deriva de un presidente del Gobierno poseído de sí mismo que embarcó a este país en el conflicto de Iraq y que atribuyó obstinadamente a ETA los gravísimos atentados de 2004 cuando ya se conocía que la paternidad de los mismos era claramente islamista. De los tiempos de Aznar son también los fichajes de Bárcenas y Francisco Correa –todavía está en la retina de muchos la imagen del matrimonio Correa, ambos cónyuges disfrazados de nuevos ricos, en la boda de la hija de Aznar en El Escorial-. Y aún podrían atribuirse a expresidente la ligereza política que impulsó la construcción de las autopistas de peaje quebradas, e incluso la burbuja inmobiliaria nacida al socaire de la ley del Suelo de 1997 que la hizo posible…

[pullquote]Aznar no ha podido convencerse aún de que ETA fue inteligentemente derrotada por el PSOE[/pullquote]

Rajoy, con sus defectos y virtudes, ha tenido en cualquier caso el mérito de despojar al Partido Popular de los residuos autoritarios de aquella época y de liberar el legado que recibió de la influencia atrabiliaria de aquel personaje malhumorado e irascible que seguramente no quedará muy bien parado en los libros de historia. El PP tendrá ahora que encajar el divorcio, una ruptura familiar que siempre provoca sensaciones encontradas, pero de lo que no hay duda es de que el común de la ciudadanía respirará aliviada al saber que Aznar ya no influye en los destinos de la formación de centro-derecha, una de las dos esenciales sobre las que descansa la estabilidad política de este país.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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2 Comentarios

  1. Magnífico el artículo de Antonio Papell sobre Aznar. Una sinopsis histórica
    que siempre es interesante ir recordando

  2. Me ha entusiasmado el bien informado artículo de Antonio Montañés. Se ve
    que vive el tema automovilistico , sus comentarios siempre son bien recibidos.
    Enhorabuena.

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