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Elecciones: todo importa menos Castilla y León

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oposición. Casado en la cuerda floja

Las elecciones de Castilla y León se celebran por primera vez en solitario, fuera del bloque de las comunidades creadas al amparo del artículo 143 C.E., gracias a que en la última y definitiva (por ahora) reforma estatutaria se otorgó a dichas autonomías la posibilidad de que el presidente del Ejecutivo disolviera la cámara autonómica. Y hoy ya es evidente que tal convocatoria obedece a una premeditada estrategia de Génova, encaminada a potenciar el partido y a intentar impulsar la candidatura de Casado a la presidencia del Gobierno en las próximas generales, todavía sin fecha, pero que podrían celebrarse al final de 2023 o a principios de 2024 si se quiere aprovechar del todo la presidencia española de la UE en el segundo semestre de 2023. El amago de moción de censura de Murcia, frustrado por la descomposición y corrupción de Ciudadanos, sirvió a Isabel Ayuso para justificar y argumentar ella también una convocatoria anticipada en Madrid, y, tras el éxito del PP capitalino, Casado acarició la idea de seguir de hito en hito convocando elecciones… hasta e hipotético triunfo final. De ahí la convocatoria en Castilla y León (sin que hubiera síntomas de que Igea estuviese preparando un golpe de mano), que iría seguida de las elecciones andaluzas, donde el PP no ha conseguido el apoyo de Vox para aprobar los presupuestos. Castilla y León es, en este sentido, el convidado de piedra en unas “guerras” en que se juega su futuro.

La estrategia así diseñada sobre el papel no era fácil de desarrollar en la práctica, entre otras razones porque la ciudadanía distingue perfectamente cuándo se apela a ella por algún motivo particular ajeno al interés general y, sobre todo, porque Fernández Mañueco no es Ayuso. Ni se le parece. Es más: lo que pretendía el plan de Casado era demostrar que el cálido apoyo de Génova al candidato popular de Castilla y León era capaz de promover y afianzar  un gran resultado como logró Ayuso en Madrid… Y las encuestas van masivamente por otro camino. Aunque hay lógicamente diferencias en los sondeos, todos ellos coinciden en que el PP ha ido decayendo en apoyo popular durante la campaña y en que es impensable que los populares de Mañueco puedan gobernar en solitario.

Si se confirmasen estas tendencias y la derecha siguiese siendo mayoritaria en la región (hipótesis que está lejos de confirmarse y que está cargada de dudas ya que el PSOE ganó las elecciones anteriores), la operación sería catastrófica para Castilla y León, para Mañueco y para Casado. Para Castilla y León, porque el gobierno PP-Ciudadanos sería sustituido por otro PP-Vox, lo que crearía una situación muy delicada para Mañueco pero también para Génova, que debería optar entre convalidar del pacto —con el consiguiente descrédito del PP y de Casado no solo en España sino en toda la Unión Europea—, o rechazarlo, en cuyo caso no tendría más remedio que llegar a alguna clase de acuerdo con el PSOE para que la formación más votada gobernase en minoría con una alta condicionalidad.

Pero, además, el paseo triunfal que presumía Casado en su propia tierra –el palentino nos ha recordado puerilmente su arraigo regional fotografiándose en bucólicos escenarios campestres y ganaderos- no está siendo el previsto, y no solo no va a poder restregar a Ayuso su capacidad de ganar elecciones sino que está necesitando de ella para que acuda en socorro de un Mañueco desarbolado que afirma con voz temblorosa que él quiere ser como la presidenta madrileña. No ven que Ayuso, contestataria y un tanto anárquica, laica y faltona, da bien en Madrid, pero que su estampa moderna proyecta un gran anacronismo en las áridas praderas castellano leonesas.

Castilla y León, donde gobierna el PP desde hace 35 años, ha perdido 150.000 habitantes en diez años, en una decadencia inocultable que las fuerzas vivas conservadoras no han sido capaces de contener

La campaña de Casado, además, hace hincapié en un estilo que ha empezado a cansar hasta a los propios correligionarios del aspirante. Sigue sin haber algún elemento programático en la cadena de mítines del líder popular, que anda de tópico en tópico y de insulto en insulto, y su forzado discurso faltón  ha llegado a cotas intolerables: llamar “tipo” al expresidente Zapatero y acusarle de recibir comisiones de Maduro es una calumnia punible a la que Zapatero ni siquiera responderá por aquello de que “no ofende quien quiere”. Las críticas pierden toda la razón y se vuelven contra el emisor cuando son tan extremas que resultan inverosímiles y dan a entender una enemistad personal que nada tiene que ver con el debate ideológico. Y Casado ha perdido el sentido del ridículo cuando Bruselas rechaza reiteradamente y con la mayor explicitud sus denuncias de supuestas prevaricaciones del gobierno en la distribución de los fondos comunitarios,  que no serían además posibles porque el engranaje administrativo e interventor europeo está vigilante para que no haya dudas. Si fueran los socialistas quienes desacreditaran a los conservadores en Europa serían tachados, con bastante razón, de traidores.

Castilla y León, donde gobierna el PP desde hace 35 años, ha perdido 150.000 habitantes en diez años, en una decadencia inocultable que las fuerzas vivas conservadoras no han sido capaces de contener. En las pasadas elecciones autonómicas de mayo de 2019, el PSOE ganó claramente con el 34,8% de los votos y seis escaños más que el PP, que sólo obtuvo el 31,5%. Pero Ciudadanos, que ya se había alineado con la derecha dura tras perder su posicionamiento centrista, entregó el poder nuevamente a Mañueco (tanto VOX como UP lograron tan solo un diputado). Ahora, la descomposición de Ciudadanos y el ascenso general de Vox pueden dejar un inquietante saldo, del que dependen el futuro de Castilla y León y las perspectivas de Casado.

Absurdamente, Casado ha llevado el proceso político por un sendero en el que una derrota de su partido en CyL le será atribuida, y tendrá muy difícil conservar el liderazgo estatal, que ya le disputa abiertamente Ayuso, con el argumento de su brillante resultado madrileño y el apoyo de un equipo fiel de colaboradores, aparentemente de más talla que los que acompañan a Casado. De cualquier modo, el PP no habría desaprovechado del todo el tiempo si saliese de este atolladero con dos ideas fuerza: una primera, que VOX  no puede ser un compañero de viaje válido y, segundo, que para afrontar unas elecciones hace falta sobre todo un programa: no basta con una campaña agresiva, faltona, demoledora para convencer a un electorado de que quien grita es quien mejor llevara las riendas de la situación.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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