DebateEn Portada

En el corazón de las tinieblas… de la política

0
Más País Íñigo Errejón política
Íñigo Errejón

Utilizo el conocido título del libro de Joseph Konrad que tiene cientos de citas interesantes para la crítica política (“La fuerza de uno es sólo un accidente que se deriva de la debilidad de los otros“) como gancho para dar mi punto de vista sobre las diferentes propuestas de la izquierda en la política española y sobre porqué la propuesta de Más País de concurrir a las próximas elecciones generales supone una oportunidad para la gobernabilidad.

El PSOE lleva muchos años intentando situarse en el centro de la política española, con lo que ello conlleva de equilibrios programáticos, de discurso pulido y “barnizado” para molestar lo justo y para generar confianza en un electorado amplio, más preocupado por el funcionamiento del Estado y por la mejor gobernabilidad que por la consecución de determinados ideales (de enormes matices en cada ciudadano al que preguntes). Los ideales aparecen, desde luego, en el mensaje y en el frontispicio de los programas pero, para no hacernos trampas al solitario (y sobre todo porque el personal tiene memoria y todo el mundo lee entre líneas) todo el mundo sabe que una vez llegado al gobierno se hará lo que se pueda.

Unidas Podemos –tras el ilusionante arranque de su núcleo fundamental (Podemos)–,  seguramente por la influencia de Iñigo Errejón, caracterizado por la transversalidad (“más que izquierda y derecha, los integrados y los excluidos”…) y con el Rubicón de la primera espantada para sustituir a Mariano Rajoy en el gobierno nacional apoyando un acuerdo programático de PSOE, Ciudadanos y Podemos-  ha ido escorándose cada vez más a posiciones de una izquierda anticapitalista y anguitista, más preocupada por los ideales y la pureza ideológica que por la gobernabilidad.

Unidas Podemos aspiraba a condicionar al gobierno

Se impusieron las lógicas burocráticas de apoyos internos para entregar parcelas del discurso, generando OTRO partido que ya no era el Podemos inicial. Salvo ensoñaciones, UP ya no aspiraba a ganar las elecciones sino a condicionar al gobierno, empujándoles a políticas de mayor calado social que a las que la posición centrista del PSOE les lleva naturalmente. Estas cuestiones son de tanto calado y afectan de tal manera a la vida de millones de españoles (vivienda, reforma laboral, justicia fiscal, migraciones…) y en las que la timidez del PSOE deja tantos problemas sin resolver, que la postura de UP es importantísima para su solución, y así ha sido visto por gran parte de la población española.

Si esta aspiración se hubiese concretado en el gobierno que TODO EL MUNDO ansiaba (hasta los partidos de la oposición que necesitaban más tiempo para fortalecerse tras sus enormes movidas internas y Más Madrid que estaba concentrado en consolidar su estructura y amalgamar la parte municipal y autonómica) todo hubiese ido según lo previsto.

De la desconfianza al fiasco

Pero la desconfianza que unas negociaciones más torpes imposibles, por ambas partes (o más pendientes de los sondeos de cómo recibía el electorado lo que iba pasando que de que pasase) generó un enorme FIASCO.

Quienes culpan a Sánchez de no haber querido realmente el acuerdo no deben olvidar que, con todos los peros del mundo, la oferta de la vicepresidencia y los tres ministerios fue REAL y que en una lamentable jugada de farol de póker y de exceso de cálculo, el partido UP (más bien Podemos, más bien Pablo Iglesias él consigo mismo), se pasó de listo y la pifió.

Quienes culpan a Pablo Iglesias no deben olvidar que no ha habido NINGUNA explicación adulta y creíble de porqué lo ofrecido en julio, no valía, tras una rectificación, en septiembre. Sólo la impresentable de mejorar en las encuestas jugando con el país por intereses partidista de libro. No se sabe para muchos si Pedro Sánchez no podría dormir ahora (desconfíando de los ministros que le pudiese proponer Podemos) o estaba dormido cuando se lo propuso, cuestión grave en ambos casos.

Quienes culpan a Pablo Iglesias no deben olvidar que no ha habido NINGUNA explicación adulta y creíble de porqué lo ofrecido en julio, no valía, tras una rectificación, en septiembre.

En este contexto se explica la aparición de Más País. Para desatascar, si es posible, la gobernabilidad.

Decía Giovanni Sartori en su reflexión sobre Qué es la democracia, entre muchas otras, que las elecciones no son tanto para escoger al partido que quieres sino echar al que ya no soportas. Y ello porque los electores saben lo difícil que es asegurarse de que una vez elegidos, los políticos vayan a ser capaces de cumplir sus promesas (por más declaraciones solemnes de lo contrario de los candidatos y las invariables ácidas críticas de la oposición al nuevo gobierno por no cumplirlas).

Es por eso que los partidos trabajan la sensación, la idea, “el relato” se dice ahora. El objetivo es convencer de que la opción presentada es la que más conviene al país en la situación de cada elección. Para ello, la credibilidad del candidato es esencial y se trabaja a fondo.

Pues bien, tras todas estas obviedades bien conocidas, aterricemos ahora en nuestra coyuntura.

El prestigio de Errejón

Iñigo Errejón es el depositario del prestigio de Manuela Carmena, que ya ha hecho público su apoyo, como fue ya evidente en la candidatura “conjunta” para locales y autonómicas. Su acelerada y accidentada trayectoria es tachada, y no sólo por sus oponentes, como forzada, adaptativa y poco sincera. Le sitúan en el simple juego de la conquista del poder y recuerdan continuamente sus antiguos juicios sobre Bolivia y Venezuela, para hacerle daño político y para cuestionar su sinceridad. Sus antiguos compañeros de Podemos le consideran un traidor a los compromisos asumidos.

Yo supongo que por prudencia y no echar más leña al fuego, no ha convenido retroceder hasta el punto de no retorno del distanciamiento entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, tras la notoria discrepancia sobre si apoyar a aquel Psoe y a aquel Ciudadanos (situación que ahora mismo sería impensable) o refrescar el aislamiento previsto en las autonómicas, de con qué equipo debería contar el candidato. Lo cierto es que está sólidamente instalado en el ambiente que ahora, por fin, se va a poder ver al auténtico Errejón, ya no más mediatizado por la compleja estructura de poder y de influencias dentro de UP.

Y este es el momento. Los argumentos se van desgranando y la principal estrategia de UP es insinuar que Más País va a entregar gratis su apoyo al PSOE donde se acabará integrando. Es evidente que ni ellos creen eso pero puede que convenza y cohesione a sus acérrimos.

La piedra de toque del pulso fallido ha sido ENTRAR en el Gobierno o nada. Y se ha avisado de que en la nueva situación de necesitar su apoyo, esta vez UP ya no dará un paso a un lado y exigirá la vicepresidencia para Pablo Iglesias.

Futuro incierto

La cosa no tiene buena pinta. O el PSOE a la fuerza “traga” con el purgante (madura, en la visión de UP), o UP cede, confía en un acuerdo programático con todos los blindajes que pueda y mantiene la posición en los presupuestos de cada año de la legislatura para guardarse esa bala. La mala experiencia que dicen haber vivido desde UP, de apoyo gratis a la investidura, no debería cegar segur avanzando y no situarnos en un confortable callejón sin salida cargados de razón.

Lo que Más País puede ofrecer y parece que muchos posibles votantes así lo ven (se comprobará en el recuento la noche electoral) es mediación, cordura, serenidad y sentido común para hacer posibles muchas de las propuestas programáticas que se compartan con UP (otras no), que con sus actitudes y propuestas maximalistas seguirían por años en el baúl de los deseos.

Quienes creemos que eso puede ser posible deberíamos involucrarnos en que lo sea.

Iberia 350
Luis Cueto
Concejal de Madrid. Ex Coordinador General del Ayuntamiento de Madrid

La impostergable dimisión o expulsión de Noelia Posse: urge exterminar las corruptelas de las instituciones

Entrada anterior

El artículo de la discordia: 155

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Los comentarios están cerrados.

Más en Debate