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Enemigos y política: Vox hace caer a Ciudadanos en la trampa de Steve Bannon

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Enemigos y política: Vox arrastra a Ciudadanos a la trampa de Bannon

Todos tenemos enemigos. Con el adversario mantenemos una relación estrecha, casi íntima. Tener un enemigo común sirve como elemento definitorio y como catalizador de una serie de principios. En ocasiones, lo vemos en la política actual, une más el odio a una figura que un objetivo común. Y lo peor no es eso. Lo más desgarrador resulta comprobar que el catálogo de enemigos es cada vez más extenso, y esto solo conseguirá la fragmentación definitiva de la sociedad.

Contaba Umberto Eco en su libro Construir al enemigo que un día, al llegar a Nueva York, un taxista paquistaní le preguntó por los enemigos de Italia, el país del escritor, tan lejano y desconocido para el conductor como la paz en su tierra. Quería saber con qué pueblos estaban en guerra por reivindicaciones territoriales, odios étnicos, violaciones de fronteras, etc. Eco contestó que con nadie, y la respuesta no le satisfizo lo más mínimo. ¿Cómo era posible que un pueblo no tuviese enemigos?

Eco se bajó del automóvil y reflexionó sobre aquella charla. Concluyó que una de las desgracias de Italia en los últimos sesenta años había sido precisamente no haber tenido verdaderos enemigos: «Mussolini pudo gozar del consenso popular incitándonos a vengarnos de la victoria mutilada, de las humillaciones sufridas en Dogali y Adua, así como de las demoplutocracias judaicas que nos imponían sus inicuas sanciones», escribió.

Más muros

Sin darnos cuenta, hemos pasado de la escasez de la que habla Eco a una avalancha irracional de enemigos. Muestra de esta tendencia es lo que Marta Rebón ha llamado en su columna de El País el ‘Síndrome del muro’. La escritora recalca que la mitad de los muros fronterizos construidos desde 1945 han aparecido en el presente siglo. Y, lo peor, que, según Tim Marshall en The Age of Walls, “en Europa pronto habrá más kilómetros de barreras y muros que en el punto álgido de la Guerra Fría”.

Elisabeth Vallet, investigadora de la Universidad de Quebec (Montreal), está realizando un registro en tiempo real de los muros que se están erigiendo en Europa, según un reportaje de The New York Times. Desde 2015 son cerca de 70, y entre todos suman unos 1.000 km de longitud. Algunas de estas construcciones, como las de Austria, Bulgaria, Grecia, Hungría y Eslovenia, han sido concebidas para frenar el flujo de migrantes que llegan principalmente de Oriente Próximo a través de la ruta balcánica. “Casi un tercio de los muros en el mundo están diseñados para mantener fuera al vecino”, explica Vallet.

Más allá de la frontera

Aquel que busca refugio se ha convertido en el nuevo enemigo. La población hispana y musulmana son para Trump el mal que impide prosperar a la nación más poderosa del planeta. Estos pensamientos, ya lo dijimos, unidos a teorías que sugieren que la cultura occidental está en peligro, conducen a que parte de la población compre ese discurso y termine por ver en el inmigrante a un enemigo.

Así, a costa de los inmigrantes a bordo del Open Arms, hemos llegado a escuchar comportamientos vergonzosamente racistas en boca de varios representantes de Vox. Solo quien haya perdido el norte y la vergüenza puede ver una amenaza en el rostro de esas personas.

Pero a estas alturas poco nos puede sorprender la ultraderecha patria. Vox ha hecho del desprecio por el feminismo, de la negación de la violencia de género y de la lucha contra los derechos del colectivo LGTBI sus principales argumentos para hacerse un hueco en los parlamentos. Estos, y todo lo que huela a ‘progre’ y a ‘enemigo de España’, son sus enemigos.

Los enemigos de mis amigos… ¿son mis enemigos?

A los vecinos ideológicos de Vox parece no importarles que sean un poco escandalosos. Poco sorprende que el PP llegue a acuerdos con los de Santiago Abascal –al fin y al cabo, Vox es un renuevo de los populares–, pero más complicado ha sido entender que una formación que se dice liberal, Ciudadanos, haya sido capaz de adentrarse en tan oscuro sendero.

La caída de Ciudadanos en manos de Vox se ha narrado en un plano secuencia que comenzó hace ocho meses, desde la formación de gobierno en Andalucía. Lo que quisieron vender como un pacto inocuo a dos bandas, apoyados, desde fuera, por Vox, ha terminado por ser una aceptación de sus rasgos ideológicos más rancios (entre ellos, la creación de un teléfono para víctimas de la violencia intrafamiliar, un nuevo concepto para enterrar el de violencia machista). También han copiado el discurso racista, como se puede ver en los perfiles de Twitter de varios diputados:

Tampoco se nos puede pasar por alto la metamorfosis de Albert Rivera, quien ha hecho de su animadversión hacia Pedro Sánchez su principal argumento para todo. Sus enemigos son Pedro Sánchez, cuyo PSOE ya no es una fuerza constitucional; el sanchismo, y lo que esto quiera significar; la ‘banda’ y todos aquellos que se arrimen a la hoguera socialista. Todos, sin distinción. Y si no piensas igual, prepara las maletas. Así fue como Toni Roldán comenzó la noche de los cuchillos naranjas.

Construir enemigos hasta que no nos soportemos

En Construir al enemigo, Umberto Eco dijo que desde el principio “se construyen como enemigos no tanto a los que son diferentes y que nos amenazan directamente, sino a aquellos que alguien tiene interés en representar como amenazadores aunque no nos amenacen directamente, de modo que lo que ponga de relieve su diversidad [entendiendo diversidad como diferente] no sea su carácter de amenaza, sino que sea su diversidad misma la que se convierta en señal de amenaza”. Y así se convierte en enemigo a todo aquel que no piense como nosotros.

Es peligroso romper la pluralidad de esta manera porque no podemos vivir rodeados de enemigos, en permanente crispación. Alguien debería clamar mesura a nuestros dirigentes, al menos a los que hasta hace poco parecían sensatos, antes de que sea demasiado tarde y la convivencia se vuelva más compleja. “Si quieres cambiar radicalmente a la sociedad, primero tienes que desmembrarla. Cuando lo hagas, podrás remodelar las partes en tu visión de una nueva sociedad”. Esta frase, sacada del documental El gran hackeo, es la doctrina que promueve Steve Bannon, exasesor de Donald Trump y mano invisible del populismo ultraderechista, a través de sus medios de comunicación. Dicen que nunca es tarde.

Iberia 350
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

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