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Franco, del Valle de los Caídos a Mingorrubio: fin a una anormalidad democrática

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Francisco Franco: Del Valle de los Caídos a El Pardo
Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos | AdobeStock

El PSOE ha estado trabajando prácticamente un año para que la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos fuese posible. 44 años después de la muerte del dictador en la cama, sus restos reposarán en un panteón familiar discreto en un cementerio cercano al Palacio del Pardo, en Mingorrubio, donde ya está enterrada su esposa, y cerca de varios ilustres franquistas como Carrero Blanco y el último jefe de gobierno de la dictadura, Arias Navarro.

Al fin se corrige esta anormalidad democrática. Por mucho que le pese a parte de la derecha, una democracia no se puede permitir tener enterrado a un dictador en un túmulo megalómano. No se puede pagar con dinero público —casi dos millones de euros al año— el mantenimiento del mausoleo de un golpista que inició una guerra civil, instauró la dictadura, fusiló, encarceló y persiguió a una parte de España.

Porque, como señala Paloma Aguilar Fernández en El País, el monumento no es una construcción inocua. Al no explicar quién fue Franco, es decir, al no existir una explicación pedagógica y certera sobre los pasajes más oscuros del franquismo, se deja a sus herederos vía libre para retransmitir su mensaje e interpretación del pasado. No explicar quién fue este sátrapa equivale a “indoctrinar, como ocurriría si hubiera una estatua de Hitler en un lugar público de Alemania sin más leyenda que su nombre”, señala la politóloga experta en memoria histórica.

Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a 50.000. Sin contar las 4.000 víctimas que perecieron de hambre y de frío en las prisiones.

Según la obra colectiva coordinada por Juan Pablo Fusi, Víctimas de la guerra civil, a partir de 1939, cuando el éxito militar ponía a prueba la catadura moral del ejército vencedor, Franco encarceló a 270.000 personas y fusiló a 50.000. Sin contar las 4.000 víctimas que perecieron de hambre y de frío en las prisiones.

Francisco Franco, enterrado junto a más de 30.000 cadáveres

El verdugo, enterrado junto a sus víctimas. En el Valle de los Caídos, Franco yacía junto a otros 33.000 cadáveres, de los cuales se calcula que 28.000 eran franquistas y el resto republicanos. Son cálculos aproximados, pues muchos restos se trasladaron de forma clandestina, de modo que ni siquiera sus familiares tuvieron conocimiento.

La presencia del dictador en aquel monumento, construido, como ya sabrán, por presos políticos en condiciones penosas, se había convertido en un mastodóntico anacronismo: en una democracia fuerte como la nuestra, es inconcebible que los circuitos turísticos del entorno de Madrid condujeran a los visitantes al enterramiento del caudillo, donde algunos guías realizaban una visión blanqueada del franquismo y hablaban del carácter reconciliador del monumento. Despropósitos que al fin terminarán.

Dignidad nacional y democrática

El traslado de los restos de Franco a Mingorrubio no tiene nada de épica. El dictador va a su tumba como las capitulaciones de los vencidos de la guerra civil fueron en su día a los archivos para historiadores. Este capítulo merecía ser cerrado por cuestiones de dignidad nacional. Es ilógico a todas luces que el símbolo de tanta intolerancia, crueldad y sectarismo descanse en un homenaje perpetuo.

Los familiares no pueden, o no deben, hablar de un espíritu revanchista o de reabrir heridas. Lo único que se busca es dignidad, justicia. Si los Franco hubiesen entendido que este era el objetivo de la mayor parte de la sociedad, el traslado hubiera tenido lugar hace ya tiempo.

Ahora queda la tarea de destinar el Valle de los Caídos a la pedagogía, para que nadie más invoque en este país la violencia como método para resolver los conflictos. La reconversión de este lugar en un espacio desacralizado, donde quede constancia del horror de la guerra civil y la perversión de los fascismos, nos sitúa en el lado correcto de la historia.

 

Iberia Alexa

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