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La desidia de la nueva política o cuando el electorado no sabe quién es peor

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La desidia de la nueva política o cuando el electorado no sabe quién es peor 1

¿Qué hace pensar a los grupos políticos que la gente va a cambiar su voto si se celebrasen unos nuevos comicios? ¿Por qué todos piensan que han hecho un papelón y que saldrán beneficiados, si lo único que han hecho es poner su granito de arena para torpedear la situación? Los días de la marmota que se han vivido en el Congreso solo han dado paso a una cosa: la desidia del electorado.

¿Qué pueden hacer los votantes del PP? El electorado conservador, con amplia presencia entre los jóvenes no cualificados y los ancianos, pueden volver a votar a Mariano Rajoy –si es que no se ha servido su cabeza en bandeja de plata antes-, pero para qué, si a la hora de la verdad se ha acobardado. A pesar de tener más votos que ningún otro partido, la formación azul ha dicho ‘no’ al rey para formar gobierno. Ha tendido la mano a otras formaciones y ha mencionado un par de miles de veces eso de que quieren presidir la gran coalición, con Rivera y Sánchez de escuderos, pero lo han dicho con la boca pequeña. Saben que nadie quiere a Rajoy, pero nadie sabe cómo decírselo. Lo mejor que han hecho hasta ahora ha sido criticar en televisión que son el resto de formaciones los que no quieren saber nada de ellos. Quizá, y solo quizá, tenga algo que ver que en la pasada legislatura fueron ellos los que no quisieron saber nada de nadie. Quizá.

Entonces el futuro votante, que ya vota por votar, sin convicción ideológica alguna, podría pensar en dar su papeleta al Partido Socialista Obrero Español, una formación que ha obtenido los peores resultados de toda su historia, pero que al menos se ha sentado en la mesa de negociaciones para desencajar la situación. Aunque habría que pensárselo. Su líder, Pedro Sánchez, coqueteó con la formación del cambio, con ese movimiento de izquierdas que surgió de la protesta callejera, reiteró su pasión por los colores morados como un futbolista que a cambio de 20 millones de euros brutos por temporada resulta que ha firmado por el club de su vida y cuando casi les había jurado amor eterno (“Nuestros electores no entenderían que no llegásemos a un acuerdo con Podemos”), apareció la niña bonita, Albert Rivera. Tocó cambiar de discurso. Llegar a un acuerdo con un partido de derechas era, ahora, el mejor plan y al que se tenían que sumar todos, incluidos los de Podemos.

Vale, entonces el futuro votante podría decantarse por Podemos, una formación que ansía formar el gobierno a la de ya y que le den un par de carteras y de puestos importantes; bueno, más de un par, en realidad le pidió “al menos la mitad” de los ministerios. Pero ese votante también pensará que a Pablo Iglesias, quien dijo que no entraría en un gobierno que él no presidiese, le faltó tiempo para decirle a Sánchez eso de “¿y qué hay de lo mío, Pedro?”. No importa, el votante pasa por alto esas cosas porque quiere que su país tenga un gobierno estable y cree que si vota a la formación morada, que en estas elecciones de que hablamos acudirá con Izquierda Unida, pueden obtener más votos, más asientos en el Congreso y ser la segunda fuerza política. Pero, un momento. Podemos es una amalgama de grupos, círculos, agrupaciones, confluencias, partidos y pachangas, es el Duralex de la política. Se rompe con mirarlo. Si no, mira cómo esta la formación en Madrid.

Entonces, ¿qué? Al votante le quedan dos opciones: Ciudadanos e Izquierda Unida. Si los de Garzón van con Podemos a las próximas elecciones, no diremos nada más; si, por el contrario, deciden volver a presentarse en solitario, también en solitario se van a quedar. ¿Volverían a votarles sus votantes al ver el pobre resultado que obtuvieron en la pasada campaña? No, así que nos queda una última opción: C’s. Pero, ¿por qué votar a la naranja mecánica si es un partido bisagra? Ha quedado claro que esta formación del cambio quiere preservar el statu quo, queriendo hacer que todo sea diferente para que siga siendo lo de siempre. Rivera, igual que ha apoyado a Sánchez en esta ocasión, podría apoyar un gobierno popular, siempre y cuando Rajoy no esté al frente. El votante podrá pensar “pues para que al final manden los de siempre aunque haya votado a los nuevos, volveré a votar a los de siempre”. ¿Volveremos al bipartidismo, si es que alguna vez nos alejamos de él?

Iberia Alexa
Sergio García M.
Periodista. Redactor jefe de Analytiks.

¿Están los partidos a la altura de la situación?

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