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La gestión de la Covid-19 por el Gobierno español y las manifestaciones feministas del 8 de marzo

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Samanta Pantoja | Wikipedia

Hace unos días, en una conversación con mi compañero de carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Antonio Papell, le comenté que, por pura inquietud intelectual, había realizado dos estudios sobre los temas citados en el encabezamiento: uno, sobre si el gobierno de España había hecho una buena gestión de la Covid -19; el otro, sobre las posibles repercusiones de la celebración de las manifestaciones feministas del 8 de marzo. Amablemente, me invitó a escribir un artículo en la revista digital Analytiks. Pregunté a Antonio si prefería algún tema y él, con el carácter abierto que le caracteriza, me dio absoluta libertad. He aprovechado ambos: el ofrecimiento y la libertad. Trataré los dos temas, aunque con mayor amplitud el segundo.

Todos conocemos los malos resultados que ha tenido España. Se han repetido hasta la saciedad: los peores resultados, en valor relativo respecto a la población, en número de contagiados en su conjunto y, en particular, entre el personal sanitario, en número de fallecidos y en repercusiones sobre la economía derivadas del drástico y prolongado confinamiento al que hemos sido sometidos los españoles. Nos sitúan a la cabeza como los más afectados, en este último aspecto: la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE…

Parece que el presidente del gobierno tiene la intención de acudir a los mítines, acompañado del ministro Salvador Illa, a defender el éxito del Gobierno, para presumir de que, con el confinamiento, ha salvado la vida a 450.000 españoles. Si su afirmación ha sido esa, tengo que decir que no he visto ningún estudio que la avale. Si quería decir, o ha dicho, que ha evitado 450.000 contagios, la cifra puede ser, más o menos, correcta. Hay dos estudios, uno de la consultora española Fedea y otro del Imperial College London que dejan la citada cifra dentro de la horquilla de sus estimaciones. Pero no es lícito asimilar contagiados con fallecidos. Ni siquiera en una campaña electoral. Como he prometido tratar este primer tema con brevedad, me limitaré a destacar algunas de las conclusiones de mi trabajo.

En primer lugar, el planteamiento fue absolutamente erróneo. Lo fue, al basarse en la afirmación, carente de todo fundamento científico, de que el coronavirus no afectaría a España y que, si acaso, podrían presentarse algunos pocos contagios. Ya el 31 de enero, además de bastantes países orientales afectados, el virus había llegado a EE. UU., Francia, Alemania, Reino Unido e Italia. La base de actuación, a partir de este 31 de enero tenía que haber sido: El virus se detectó en China, se ha trasmitido primero a diversos países asiáticos y, posteriormente, a varios países occidentales, tenemos la información de que su contagio es muy rápido, España no tiene ningún contagiado, pero es preciso actuar.

Podría ser disculpable que nuestro gobierno no hubiera tenido esa capacidad racional de deducción. Pero lo que no es admisible es que no hiciera caso a las recomendaciones de la OMS, formuladas el 24 de febrero: detección rápida de infectados, aislamiento de estos, investigación de los contactos mantenidos por dichos contagiados, realización de test PCR, aislamiento de los positivos y repetición del mismo proceso.

De haberse adoptado estas medidas el 24 de febrero, según mi estudio había razones para haberlas aplicado antes, los resultados, para la fecha horizonte de mi trabajo del 5 de junio, habrían sido los siguientes:

-42.156 registrados por Coronavirus, en vez de los 288.000 recogidos por el Ministerio de Sanidad;

-1.557 fallecidos, en vez de los 27.134 reconocidos por el gobierno o los 45.000, en promedio, calculados por otros Organismos. Algunos de ellos, también oficiales;

-el confinamiento generalizado y prolongado en el tiempo no habría sido necesario. Bastantes países no lo han hecho;

-al no haberse producido el confinamiento, en los términos en que se ha hecho por la inactividad previa del Gobierno, no se habrían producido los daños económicos y sociales que se han generado, de una extrema gravedad.

Surge la pregunta: ¿De qué va a presumir el gobierno en los mítines de Galicia y el País Vasco? Toda presunción, o está basada en una profunda ignorancia, o en un deseo manifiesto de engañar a los ciudadanos.

Pero vayamos al segundo estudio: Los posibles efectos de las manifestaciones feministas del 8 de marzo.

Hace unos días, una periodista preguntó al Doctor Fernando Simón, en una de sus múltiples comparecencias, cuál había sido la repercusión de dichas manifestaciones sobre la evolución de la pandemia. El Doctor respondió que no lo sabía, pero que no creía que hubiera sido relevante. La respuesta, con dos afirmaciones, me pareció doblemente inadmisible. El Ministerio, en mi opinión, tenía la obligación de haber estudiado las repercusiones de unos actos masivos, desaconsejados por todos y, en particular, por la OMS. Yo lo he intentado, con unos recursos infinitamente más reducidos. En segundo lugar, el Doctor Simón comparecía en tanto que científico. A los ciudadanos nos deben traer sin cuidado las creencias, no fundamentadas, de un científico. Lo que nos interesan son sus conclusiones, basadas en estudios rigurosos.

En algunos medios se ha dicho que el estudiar las repercusiones de las manifestaciones feministas era profundamente antifeminista. En mi caso, esto no es cierto. Podría citar varias actuaciones de mi vida profesional y familiar que acreditan lo contrario. Pero no las voy a exponer, y los lectores tienen perfecto derecho a creerme o no.

Me impulsó a dedicar mi tiempo a este trabajo el que, como he dicho, se trataba de actos multitudinarios en muchas ciudades de España y el hecho de que, el día 12, dos ministras, la mujer del presidente y, días después, la primera vicepresidenta del gobierno, manifestaran su contagio. Como no parecía lógico pensar que el virus tenía “delirios de grandeza” y atacaba preferentemente a personas relevantes, supuse que, entre las manifestantes menos notorias, habría también otras contagiadas. El estimar cuántas, me parecía una obligación del gobierno y, en su defecto, un noble objetivo. Antes de entrar en los fundamentos y en las conclusiones del estudio, deseo hacer dos comentarios previos:

-Con anterioridad al envío de este artículo para su publicación en Analytiks, ofrecí a TVE el texto completo de mi trabajo para que hiciera con él lo que estimase conveniente: una crítica, un resumen, la exposición de sus conclusiones en una tertulia… Me comunicaron que habían enviado mi ofrecimiento a la Dirección de Informativos. No he tenido respuesta. Tampoco TVE, igual que el Gobierno, está interesada en conocer los eventuales efectos de estas manifestaciones. Lo he sentido. TVE es la televisión pública de ámbito nacional, la televisión de todos (al menos la pagamos entre todos), la televisión imparcial. En resumen, la televisión de la Administradora Única eventual: Rosa María Mateo. Por esa espera de respuesta por parte de la Dirección de Informativos, he retrasado el envío de este artículo. Pido excusas a Antonio Papell por esta demora y le reitero mi agradecimiento por la publicación.

– Las manifestantes han sido muchas menos en el año 2020 que en el año anterior. Ciñéndome a Madrid, en 2019 la Organización estimó en 360.000 las asistentes y en 120.000 en el año actual. La propia ministra Montero expresó, en conversación más o menos privada, que la causa era, probablemente, el miedo a los contagios. Si en el Consejo de Ministros hubieran tenido dos tercios de sus miembros el mismo temor que tuvieron dos tercios de las manifestantes del año 2019, quiero pensar que la autorización de la manifestación no se habría otorgado. No fue así. Se dio autorización y se alentó.

En todos los países, en cuanto la epidemia se muestra en un número de casos estadísticamente representativo, la distribución, entre los hombres y mujeres afectados, alcanza una cierta estabilidad. Con frecuencia, el porcentaje de hombres supera al de mujeres. En España, el día 11 de marzo, los hombres contagiados eran un 58,82 % y el de mujeres un 41,18 %. Se ha tomado esta fecha del 11 de marzo como base de nuestro estudio. Cuanto más avanzada fuera la fecha, menor sería la estimación de las mujeres contagiadas. No era admisible tomar el 12 de marzo o fechas posteriores porque ya el día 12 se habían detectado tres de los contagios producidos en las mujeres del gobierno o de su entorno. Cada vez que en el estudio se han presentado dos opciones, se ha elegido, siempre, la que estaba del lado de la seguridad.

El fundamento del estudio era: si las manifestaciones feministas del 8 de marzo no han tenido repercusión en los afectados por la pandemia, el porcentaje de hombres contagiados continuará estando en el entorno del citado 58,82 %. Si ha tenido efectos, se incrementará el porcentaje de mujeres ya que la amplísima mayoría de manifestantes eran mujeres, y naturalmente, se reducirá el de hombres. Así ocurrió.

El estudio lo he realizado para dos fechas horizonte: el 27 de abril y el 29 de mayo. Ya el 27 de abril el porcentaje de mujeres afectadas había pasado del 41,18 % al 55,34 %. Un 3,01% de incremento cada diez días. El día 29 de mayo el porcentaje de mujeres contagiadas siguió subiendo: alcanzó la cifra de 57,01 %. Un aumento de 1,67 % desde el 27 de abril.  El ritmo de crecimiento fue más lento, como era de esperar: un 0,52 % cada diez días.

En base a estos fundamentos, no tiene sentido preguntar por la razón de no estudiar los diversos acontecimientos deportivos de fútbol, baloncesto, etc. que también se celebraron el día 8 de marzo. Estos se habían venido celebrando todos los días y semanas anteriores y, con ellos, se había llegado a los citados porcentajes del día 11 de marzo. No suponían ninguna excepcionalidad. Sí tiene sentido el que se pida que se analice el posible efecto de la Asamblea de VOX. Con una mayoría de hombres, aunque no abrumadora. Pero, evidentemente, este acto no tuvo la asistencia de más de 250.000 personas. En este caso, con una altísima participación de mujeres. Por eso, tiene menos interés el estudiar las repercusiones de la Asamblea de VOX.

Con los datos oficiales manejados y un sencillo modelo matemático, se obtuvieron las estimaciones de mujeres contagiadas. Tanto las afectadas directamente por su asistencia a las manifestaciones —primera generación— como las de las siguientes generaciones de contagiadas por otras contagiadas previas.  A partir de las afectadas, se estimaron las fallecidas. Es evidente que también puede haber hombres contagiados tanto de primera generación —pocos, porque su asistencia fue muy minoritaria— como de sucesivas generaciones. Estos, previsiblemente, no tan pocos.

El estudio se ha concentrado en analizar los impactos sobre las mujeres.

A continuación, copiamos las conclusiones del estudio:

RESULTADOS PARA EL 27 DE ABRIL

Mujeres adicionales registradas, como consecuencia de las manifestaciones del 8 de marzo: 50.435.

Mujeres registradas, fallecidas como consecuencia de las manifestaciones del 8 de marzo: 4.216.

RESULTADOS PARA EL 29 DE MAYO

Mujeres adicionales registradas, como consecuencia de las manifestaciones del 8 de marzo: 64.202.

Mujeres registradas, fallecidas como consecuencia de las manifestaciones del 8 de marzo: 5.560.

CONCLUSIONES SOBRE LA AUTORIZACIÓN DE LAS MANIFESTACIONES Y OTROS ACTOS EL 8 DE MARZO

Como se ha expuesto justificadamente en el estudio, el gobierno tenía conocimiento sobrado y tiempo suficiente para haber prohibido, tanto las manifestaciones feministas como los restantes actos multitudinarios celebrados el 8 de marzo

Tuvo tiempo incluso para haberlo hecho unas semanas antes, con las informaciones de las que ya disponía. De haberlo realizado, según un estudio de la Empresa Consultora Fedea, sólo con el adelantamiento del confinamiento en una semana, se habría reducido el 62,35% de los contagiados. En este sentido, es muy aleccionador el párrafo del Informe de la misión conjunta OMS-China en el que dice:” El tiempo que pueda ganarse- incluso aunque sean algunos días o semanas- con la plena aplicación de estas medidas puede ser inestimable para reducir la enfermedad y los fallecimientos debidos a la COVID-19”

El autor, finalmente, quiere dejar constancia de que ninguna de las anteriores opciones: prohibir las manifestaciones del día 8 de marzo o declarar el confinamiento una semana antes coincide con su propuesta. Esta queda reflejada en el estudio titulado: “Los errores culposos del gobierno en el tratamiento de la COVID-19”. Básicamente, esta propuesta consiste en la aplicación en España de la recomendación de la misión conjunta OMS-China: Es fundamental una cuidadosa vigilancia para detectar casos de contagio de manera inmediata, efectuar un rápido diagnóstico y proceder al aislamiento de los casos y al rastreo y cuarentena rigurosos de los contactos próximos. Esta actuación habría ahorrado, previsiblemente, más del 80 % de los contagios y habría hecho innecesario el confinamiento masivo y prolongado en el tiempo. Hay países que lo han conseguido. En consecuencia, se habría evitado la limitación de derechos individuales, la angustia de la población y los daños económicos y sociales derivados del confinamiento. Pero el gobierno, y en particular su presidente, se encuentra orgulloso de este draconiano confinamiento.”

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