A debate

La izquierda y el ‘three party’: la supervivencia o la destrucción del Estado de Bienestar

1
three party destrucción estado del bienestar

La precampaña electoral, que ha comenzado a cara de perro, se está centrando de momento en cuestiones ideológicas. Ni rastro del debate sobre el Estado de Bienestar. La irrupción de Vox en Andalucía, presagio de que estará presente en las elecciones generales del 28-A y en las europeas, autonómicas y municipales del 26-M, y la evidencia de que la extrema derecha ha surgido como reacción nacionalista (españolista) al nacionalismo (catalanista) y para enfrentarse expeditivamente a la amenaza secesionista en Cataluña, están polarizando el debate en torno a esta cuestión, que, paradójicamente, debería ser más bien un motor de consensos estatales que de lo contrario. De hecho, la conducción del conflicto se ha hecho hasta ahora a través del acuerdo PP-PSOE-C’s, que facilitó la aplicación del artículo 155 CE cuando el incendio ya había adquirido grandes proporciones.

Las cosas del querer…

Lamentablemente, todo indica que la cuestión catalana seguirá siendo el centro del discurso. De hecho, Ciudadanos ha dado un volantazo a la derecha porque percibía cómo parte de su clientela, muy enfrentada al separatismo catalán, emigraba hacia Vox. Y el Partido Popular también se ha escorado en el mismo sentido para detener idéntica sangría (la mitad de los votos cosechados por Vox en Andalucía procedían del PP y el 25% de C’s, según los demógrafos).

En otras palabras, parece que, por primera vez en mucho tiempo la cuestión territorial, los elementos patrióticos, «las cosas del querer», que diría el castizo, marcarán la pauta en estas múltiples elecciones que afectarán a todos los niveles de organización de este país… e incluso a la proyección de España en Europa. Una representación que antaño nutría a las dos grandes internacionales, la del PPE y la socialista, y ahora traspasará a Bruselas nuestra propia y plural confusión.

De hecho, Casado y Rivera han construido ya un escenario en el que se situarían, a un lado, los partidos dispuestos a imponer de inmediato el artículo 155 CE para suspender la autonomía catalana por tiempo indefinido; y, al otro, quienes piensan que el conflicto catalán sólo se resolverá mediante la negociación y el diálogo dentro del estricto marco constitucional. Si no fluye como lubricante cierto sentido común, la colisión entre ambas posturas puede ser dramática, destructiva, debilitante del ser mismo de este país.

…y las cosas de comer (el Estado del bienestar)

Pero no debe olvidarse que en los fundamentos de estos asuntos políticos están las cosas del comer, la política económica, la reubicación de este país a la salida de la crisis, la recuperación de los estándares anteriores a la gran crisis 2008-2014, el regreso a unos niveles de equidad razonables.

En estas últimas semanas de precampaña, el presidente popular, Pablo Casado, ha anunciado que, si el PP llega a la presidencia del Gobierno, habrá “una revolución fiscal” con la que se “bajarán” todos los impuestos y se “eliminarán” las subidas del PSOE; explícitamente, Casado pretende bajar el IRPF por debajo del 40 %; el de sociedades por debajo del 20%; suprimir los impuestos de sucesiones y donaciones, actos jurídicos documentados y del patrimonio… “porque donde mejor está el dinero es en el bolsillo de los contribuyentes”. Esto repercute en la salud del Estado de Bienestar, indudablemente.

La publicidad callejera en Madrid sostiene estos días un cartel que dice: “Carmena ha subido el IBI año tras año. Con Almeida [candidato del PP a la alcaldía] le bajaremos el IBI al mínimo legal permitido”. Los acuerdos PP-Ciudadanos en Andalucía se han centrado en “la bajada de impuestos, sobre todo el de sucesiones”. Albert Rivera ha advertido recientemente a Pedro Sánchez de que “podemizar la economía no es una buena idea” y ha asegurado que “subir los impuestos, como quieren hacer Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, es una mala noticia para España y para una economía que se empieza a frenar…”.

Esta es la propuesta inequívoca del tripartito conservador, que en principio no debería extrañar a nadie: en tanto los progresistas tienden a subir la presión fiscal, las derechas la bajan. Sin embargo, no deberíamos hacernos trampas en el solitario: aquí, las derechas gobiernan desde 2011, y comenzaron a hacerlo cuando Zapatero había llevado ya a cabo un ajuste fiscal de grandes proporciones para capear la crisis, cumpliendo las instrucciones que le llegaban de Berlín y de Washington. Y Sánchez no ha modificado la presión fiscal en el breve periodo de tiempo en que ha ocupado la Moncloa, en el que ni siquiera ha conseguido aprobar la leve subida que recogían los Presupuestos 2019. De cualquier modo, sí ha intentado llevar a cabo un giro social y una serie de cambios normativos, con el fin de regresar al menos a las posiciones previas a la crisis

Así las cosas, la propuesta conservadora consiste en ahorrar todavía más impuestos y en reducir el gasto público, con el consiguiente efecto acumulativo sobre Estado del Bienestar claramente deteriorado y sobre un sistema de pensiones que ya acumula un déficit anual de 17.000 millones de euros. Las consecuencias no son difíciles de adivinar: la muchedumbre en riesgo de exclusión, cerca del 40 % de la clase trabajadora, aumentará todavía más; los servicios públicos se degradarán hasta la inoperancia y la igualdad de oportunidades en el origen dejará simplemente de existir porque se habrá parado el “ascensor social”.

En definitiva, la sociedad civil, gran parte de cuya clase media se ha proletarizado y está viviendo considerablemente peor que antes de la crisis, no debería dejarse embaucar por esta promesa aparentemente atractiva de “bajar impuestos”. En España ya pagamos unos impuestos reducidos, ya que la presión fiscal es del 34,5 % frente al 40,2 % de la Unión Europea y al 41,4 % de la Eurozona.

En todo caso, debemos tener presente que esta promesa no es a cambio de nada sino que implica una mayor injusticia social, una menor equidad, menos atenciones para quienes salgan fuera del sistema.

Casado —recuerda Estefanía en un brillante artículo sobre estos asuntos— ha encontrado la varita mágica para lograr la cuadratura del círculo: ahorrar 42.000 millones de euros, unos 4 puntos de PIB, por el procedimiento de adelgazar las administraciones, incrementar la eficiencia, etc. No hace falta decir que lo de “adelgazar las administraciones” no sólo consiste en echar al burócrata del ‘vuelva usted mañana’ sino en prescindir de médicos, maestros, catedráticos de universidad e investigadores. Tenemos que saber, en definitiva, que la existencia del Estado, que no les importa en los que están en lo alto de la escala social, es el refugio de los menos favorecidos, la garantía de que no caeremos en la indigencia.

En definitiva, es muy inquietante que se nos diga que los estratos económicamente más necesitados perderán protección. Y que se espere que la opinión pública reaccione positivamente a semejante reclamo. Quizá por ello PP y C’s estén tan interesados en hablar de Cataluña.

Antonio Papell
Director de Analytiks

Manifiesto de la huelga feminista del 8M

Entrada anterior

Radiografía de los partidos políticos: regresión democrática e incapacidad

Siguiente entrada

También te puede interesar

1 Comentario

  1. Le escuchaba a vd. en el programa 24 horas y decía cosas sensatas y equilibradas, pero este artículo es pura propaganda. El margen que tienen los gobiernos para realizar gastos sociales es limitado porque tenemos más de 1 billón de deuda , lo cual puede ser una tragedia si suben los tipos o el riesgo para la economía española. Le informo que esa deuda la pagarán las generaciones futuras. Además pertenecemos a la Unión Europea que vigila lo que hacemos. Esto no es un juego de buenos y malos, en realidad en España todos los políticos desde los de Podemos a los de VOX son "malos" porque lo único que les importan son los votos y no los intereses generales.
    En cuanto al tema catalán, hay dos opciones obligar a los independentistas supremacistas catalanes a cumplir con las leyes o dejarles que hagan lo que les da la gana y además darles más privilegios para que no bloqueen el parlamento. Lo que van a seguir haciendo sin duda es atacar a España y a los españoles de manera sistemática, describiéndonos como unos salvajes que vivimos en una sociedad fascista.

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en A debate