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La palabra al pueblo: el Rey debe convocar elecciones sin esperar dos meses

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La palabra al pueblo: el Rey debe convocar elecciones sin esperar dos meses 1

Tras la convulsa sesión parlamentaria de ayer, en que las palabras volaron como cuchillos en un Parlamento en absoluto acostumbrado al dicterio ni a la descalificación histórica, es seguramente imposible conseguir nuevos pactos que logren la gobernabilidad que no ha sido posible alcanzar hasta ahora.

Es más: después del encendimiento de que hicieron gala sus señorías, de los insultos viscerales, de las descalificaciones que sobrevolaron el hemiciclo, sería bochornoso que el PSOE y Podemos fueran del bracete hacia un hipotético gobierno, o que Rivera y Rajoy acordaran pacíficamente una coalición. Ya se sabe que en las cámaras parlamentarias de nuestro contexto occidental se levanta la voz con frecuencia, pero a partir de ciertos límites no cabe pasar súbitamente del frío al calor, del insulto al abrazo, sin que quede en evidencia la inconsistencia intelectual de quienes efectúan mudanzas tan radicales.

Así las cosas, lo más sensato es devolver cuanto antes la palabra al electorado –es decir, a la ciudadanía organizada que forma el cuerpo electoral-. Si se extiende entre los cuatro grandes partidos la convicción de que no tiene sentido continuar una negociación fallida irremisiblemente y si el Rey está de acuerdo –quizá después de solicitar dictamen al Constitucional o al Consejo de Estado-, podrían disolverse las Cortes de inmediato, sin esperar a que discurran los dos meses del límite máximo que la Constitución concede. Sería un gesto hacia quienes pensamos que la provisionalidad actual no es inquietante aunque sí puede perturbar la economía en tiempos en que la mayor urgencia sigue siendo el crecimiento para el empleo.

Muchos pensamos -y es una convicción subjetiva, y por lo tanto controvertible- que el electorado español se ha pronunciado en las urnas con gran inteligencia desde comienzos de la Transición. Las alternancias de 1982, 1996, 2004 y 2011 fueron sensatas, racionales, oportunas. También fue brillante la opción que tomó el país el pasado 20D, pero la clase política no ha sido capaz de gestionar el complejo resultado –no ha estado a la altura- y pide más aclaraciones al dueño del negocio, al pueblo soberano. No es una tragedia y sí el reconocimiento de una impotencia.

En todo caso, algunos pensamos que la racionalidad de los electores, tan acreditada, premiará esta vez a las formaciones que han intentado de buena fe satisfacer la demanda del electorado en las urnas y castigará a quienes lo han obstaculizado e impedido. Veremos si el tiempo nos da la razón.

Iberia Alexa

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