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Lamentable Cataluña

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Lamentable Cataluña 1

Sí, esta es la descripción de lo que está ocurriendo en Cataluña. Se pueden utilizar otras expresiones, bochornoso, espectáculo de república bananera, pero en todo los casos los adjetivos se quedan cortos. Llevaban tiempo afirmando que lo harían, pero esperábamos vanamente que fuera parte del juego político. Han cumplido sin escrúpulos las peores amenazas y han llevado a cabo un golpe de Estado alevoso que no tiene parangón y que supone un insulto al conjunto de los españoles y, desde luego, de los propios catalanes.

La traición a la democracia y al pacto constitucional que supuso la Transición  se ha consumado en un pleno atrabiliario, de baja estofa y que demuestra el nulo respeto a la libertad y los derechos del conjunto de los ciudadanos de estos dirigentes de Junts pel Sí y la CUP que se creen autorizados por la orden de un ser supremo que les conduce a la independencia como si fueran ayatolas iluminados por una fe cegadora que les impide ver la realidad.

El valor de una idea, por utópica que pueda ser, debe expresar un concepto positivo para alcanzar tal categoría. Si se sitúa al margen de la ley, solo conduce a la parálisis, es decir, una pérdida o una carencia, en cualquier caso, un retroceso. Por tanto, pretender que se ha producido un mandado popular difícilmente resulta una interpretación afortunada, tal vez solo con la excepción de la metáfora, si lo que se pretende es encontrar una salida digna a la actual situación.

Cuando quien tiene la responsabilidad no la ejerce y cuando, a la vez, ante la falta de proyecto alguien controla los mecanismos de decisión para manejar a su antojo las instituciones para convertirlas en  proyectos legislativos y, en medidas concretas por meros intereses sectarios, la parálisis y el desgobierno es el resultado. Es peregrino y falaz utilizar el argumento de una mayoría parlamentaria cuando ni siquiera se cuenta con más votos populares.

Coarta cualquier iniciativa enriquecedora y toda oportunidad de entendimiento repetir el mismo esquema manido, obsoleto y aburrido, que cercena el debate y lo impide con comportamientos propios de las más abyectas dictaduras.

Valores tales como innovación, participación y, sobre todo, imaginación, entre otros, tienen como denominador común la expresión de un deseo colectivo de cambio, fundamental para alcanzar los más ambiciosos objetivos de convivencia y progreso. No para generar el odio y el enfrentamiento.

Además de hacer frente a su exacción, alguna vez los administrados, tomarán conciencia y exigirán que de una vez se gobierne con la verdad. Cuando no se va quien tiene agota sus opciones, la enfermedad se convierte en crónica y apunta lo peor al garantizar la censura de una oligarquía que trata de perpetuarse para detentar de forma ilegitima el poder.

Su objetivo central es obtener el halago que alientan los corifeos de siempre, de forma que cualquier transformación acabe en pura cosmética destinada a estimular cordones sanitarios y así, suspender el acceso de aquellos a los que se considera insumisos.

A pesar de todo, deviene un cierto valor de esta traición, ya que la retención contumaz, como un error repetido y, por ello, deliberado, genera un impulso indomable de rebeldía destinado a derribar las barreras de la injusticia, cuyos protagonistas tendrán que sentirse aludidos y definitivamente apartados.

Jack Miur
Siempre atento a la innovación, la ingeniería y El Progreso

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