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Las opciones del Rey

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Las opciones del Rey 1

Es difícil de entender que, cuando se intensifica la presión de la opinión pública en pro de la formación de un gobierno después de más de siete meses de inestabilidad política, el Rey demore hasta el próximo martes la iniciación de la ronda de contactos que debe desembocar en la designación de un candidato a la investidura. Lo lógico hubiera sido que la primera magistratura del Estado hubiera contribuido gestualmente a resaltar la urgencia de un acuerdo que ponga fin al inaceptable impasse.

De cualquier modo, es claro en esta ocasión que, ante una parálisis tan acusada, el monarca debe explotar a fondo la función que le otorga el artículo 99 de la Constitución, de forma que su gestión facilite la toma de decisiones por parte de las cúpulas de los partidos políticos, que desemboquen en una fórmula de gobernabilidad.

La disyuntiva que llega a Zarzuela es, simplificadamente, esta: o un gobierno en minoría de Rajoy o nuevas elecciones (aunque, como después se dirá, existe una tercera opción que no debería desdeñarse a priori). La segunda opción es desechada por todos. Y Rajoy puede gobernar de varias formas: una primera, en solitario, apoyado en sus 137 diputados y aplicando después técnicas de gobernabilidad de geometría variable; esta fórmula requiere la abstención de Ciudadanos y del PSOE. Y una segunda, en coalición con C’s, que le proporcionaría un bagaje conjunto de 169 escaños, que requeriría además un pequeño apoyo de las minorías o del PSOE en el acto de la investidura.

Pues bien: en esta ocasión, el Rey debería ir más allá de la simple exploración de las posibilidades a la hora de confeccionar su propuesta. La Carta Magna dice textualmente que esta deberá efectuarse “previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria”, y este trámite ha de interpretarse con toda la flexibilidad que se requiera: puede incluir determinadas gestiones y distintos sondeos hasta dar con la fórmula adecuada.

Porque si el Rey no logra seleccionar a un candidato con posibilidades de resultar investido, es decir, si no consigue que C’s y el PSOE actúen positivamente para dar viabilidad a una de las posibilidad mencionadas más arriba, probablemente sea conveniente, después del doble fracaso, explorar la “vía Monti”, o la que ahora se ha dado en llamar (Manuel Conthe dixit) la “vía Calvo Sotelo”.

El antiguo secretario de Estadio de Economía y expresidente de la CNMV acaba de proponer en su blog (“El sueño de Jardiel”) que si no se consigue una fórmula viable de gobernabilidad con los mimbres que se han manejado hasta ahora, se opte “por un político con experiencia -no un mero “tecnócrata”- que, propuesto por el PP, resulte aceptable para PSOE y Ciudadanos, carezca de ambiciones políticas y pueda volver a sus quehaceres una vez concluida la nueva legislatura, acaso breve”. Necesitamos, a su juicio “un ‘nuevo Calvo Sotelo’ no para que esta vez meta a España en la OTAN -una decisión que Felipe González combatió desde la oposición pero apoyó desde el Gobierno- sino para que impulse el saneamiento de las finanzas públicas españolas y devuelva a España al redil de los miembros serios del euro”.

Conthe pone de manifiesto que no ha de ser imposible llegar a un acuerdo en torno a un ‘mirlo blanco’ porque PP, PSOE y Ciudadanos comparten unos objetivos comunes, que se pueden delimitar así:

  1. Que España tenga pronto Gobierno.
  1. Que el nuevo Gobierno adopte, con suficiente apoyo parlamentario, las medidas de ajuste presupuestario indispensable para que España sanee sus finanzas públicas y deje de tener un déficit presupuestario excesivo. Esas medidas son necesarias, como sostiene la Comisión Europea, aunque el actual Gobierno en funciones lo niegue -de cara a la galería- y ponga todas sus esperanzas en el crecimiento económico. Los tres partidos solo discrepan -legítimamente- en la mezcla de instrumentos para lograr el ajuste.
  1. Que las medidas de ajuste más impopulares no le sean atribuidas al propio partido, para que en las próximas elecciones no sufra la “maldición” que en 2007 enunció el actual presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: “Todos sabemos lo que tenemos que hacer; lo que no sabemos es cómo salir reelegidos después de hacerlo”.
  1. Que el nuevo Gobierno no tenga lazo alguno con la corrupción política de los últimos años y, en consecuencia, pueda impulsar con credibilidad un programa de medidas de regeneración democrática.

Sobre estas coincidencias, el Rey debería contribuir a buscar a la persona que resultara aceptable por las tres grandes formaciones constitucionalistas, capaz de mantenerse en el poder durante un plazo determinado –en el límite, durante toda la legislatura- y con el cometido concreto de pilotar el final del ajuste en términos aceptables por la opinión pública y de realizar determinadas reformas mediante grandes consensos.

Necesitamos, pues, un estadista si los líderes que tenemos deciden declinar momentáneamente su responsabilidad… Y es claro que el Rey ha de mencionar esta posibilidad en sus entrevistas con los jefes de los partidos, entre otras razones porque la mera mención a la necesidad de recurrir a esta fórmula podría estimular el sentido del Estado de quienes encabezan las tres formaciones concernidas, de forma que acabase surgiendo la solución más ortodoxa sin necesidad de recurrir a salidas excéntricas.

Don Felipe VI, educado con inteligencia por su progenitor, mantiene con exquisita delicadeza su función institucional en el estricto marco de la Carta Magna. Evita el ‘borboneo’, la injerencia del rey en asuntos políticos, que tan negativamente marcó la labor de la monarquía el siglo pasado. Y no se trata, es obvio, de que cambie de actitud: sencillamente, en este caso, debe explotar las previsiones constitucionales hasta resolver el problema, de la misma manera que en 2011 el entonces presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, salvó el vacío político en su país nombrando a una personalidad de prestigio, que dimitió poco más de un año después.

Antonio Papell
Director de Analytiks

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