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Legislatura para la concordia o pesadilla

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Legislatura para la concordia o pesadilla 1

El candidato a presidente alcanza la investidura en el Congreso, lo que le va a permitir formar gobierno en las próximas horas y, de esta forma, el país podrá superar una inadecuada situación de impasse que amenazaba con bloquear importantes decisiones pendientes y, en consecuencia, el futuro inmediato para consolidar la recuperación económica.

Después de casi un año de constante confrontación y tras la celebración de dos elecciones y tres debates de investidura, podremos tener un ejecutivo que se ponga manos a la obra y se retome una actividad de estabilidad que era urgente y que no se puede aplazar.

Hasta aquí, estamos de enhorabuena, pero no son pocos los que opinan que el nuevo curso que ahora se inicia será duro y muy complicado. Permitirá en todo caso, volver a la senda de una cierta normalidad, aunque es cierto que no sabemos por cuánto tiempo y si, al final, servirá para garantizar esa estabilidad que ahora se busca con ahínco.

El presidente ha afirmado que se muestra dispuesto al diálogo, al menos con las fuerzas razonables que defienden la Constitución y la unidad de España. Ha afirmado que aún conociendo las dificultades, está dispuesto a trabajar para encontrar puntos de entendimiento y acuerdo pensando en el interés general y en el conjunto de los ciudadanos.

De los principales grupos que van a permitir la investidura, el socialista niega cualquier otro apoyo al nuevo ejecutivo. Para el portavoz Hernando la suya es una abstención para evitar las terceras elecciones, pero sin garantizar ni un paso más allá.

Por parte de Ciudadanos, Albert Rivera se muestra dispuesto al diálogo y al entendimiento, siempre vigilante para cumplir los acuerdos alcanzados con el PP. El resto de grupos, a excepción de Coalición Canaria, Unión de Pueblo Navarro y Foro Asturias, se sitúa frontalmente para practicar una oposición dura, sin margen –según parece– para acuerdo alaguno.

Con este esquema, cabe preguntarse las razones que han llevado a un político tan experimentado y pragmático como Rajoy a aceptar formar un gobierno que va a tener casi imposible los acuerdos con los apoyos suficientes para los grandes pactos de Estado a los que se ha aludido.

Los estrategas apuntan cuestiones tácticas. Según algunos análisis, volver a declinar el ofrecimiento del Monarca no sería aceptable después de reclamar tantas veces la abstención para que le dejaran gobernar. Puede que, en el fondo, el líder popular, esperaba en el fondo que no fuera posible la abstención de los socialistas y, de esta forma, acudir de nuevo a las urnas, en esta ocasión –quien sabe– con la opción de alcanzar un resultado cercano a la mayoría absoluta o, en su caso, confortable con el apoyo de Ciudadanos.

Sea como fuera, se abre una oportunidad, tal vez histórica para España y ello si tenemos en cuenta que los cuatro principales partidos, al margen de los nacionalistas o independentistas, podrían conformar una gran mayoría que abordara los grandes problemas nunca resueltos desde un espíritu de concordia similar al que hizo posible la Transición y la Constitución del 78. En aquella ocasión hubo grandeza y eso es precisamente lo que cabría pedir ahora. Pero ni los más optimistas creen ver la posibilidad de tal suerte que nos colocaría en un verdaderamente nuevo horizonte de cambio a mejor.

Cómo vamos a esperar una reforma por consenso de la Carta Magna si hemos tardado un año en que se pueda formar un gobierno y lo hacemos con unas condiciones de precariedad que generan dudas sobre su capacidad de supervivencia.

Albert Rivera que siempre alude al gran impulsor de la Transición, Adolfo Suárez, lo ha vuelto a hacer al comenzar su intervención para recordar aquella cita sublime de “cambiar las cañerías mientras se seguía dando agua”. Tal vez Rajoy, ahora casi socio de Rivera, está pensando en esto, en seguir dando agua y cambiar alguna cañería. Hasta se ha mostrado autocrítico ante Pablo Iglesias al afirmar que va mejorando con twitter, unos mundos en los que no se maneja muy bien. Claro, el líder de Podemos ha aprovechado la ocasión para recordarle “Entiendo que no se maneje usted con twitter, pero con los SMS se maneja usted de maravilla”, un momento en el que Rajoy ha sido capaz de ser autocrítico y reconocer sus errores.

En el fondo de la cuestión, Rajoy no se conforma con la abstención del PSOE, y quiere más: “Queremos un Gobierno que esté en posición de gobernar”. No es lo único, el candidato ha anunciado en el debate de investidura que deja sin efecto académico las reválidas educativas, la última medida de la LOMCE que entra en funcionamiento este curso. La prueba de Bachillerato se mantiene como examen de acceso para la Universidad y no será obligatoria para los alumnos que no quieran cursar estudios universitarios y la de ESO se convertirá en una prueba de diagnóstico. Una oferta del PP para mostrar su voluntad de diálogo y entendimiento, aunque la propuesta no supone que se eliminen definitivamente estas evaluaciones, fijadas por ley y que se mantendrán en cualquier caso como pruebas de diagnóstico, algo que inicialmente no entusiasma a la comunidad educativa.

Se abre un nuevo curso, una etapa histórica o breve, de diálogo o de enfrentamiento, con o sin consecuencias positivas para los ciudadanos. Lo veremos y los votantes encontrarán la manera de poner a cada uno donde convenga. Es cierto que seguiremos viendo un cierto espectáculo de la política porque los partidos ya no saben actuar sin esta impostación en la que confían para obtener réditos, sin pensar que es más importante lo que se hace que lo que parece.

Al final de la primera sesión de investidura los diputados de Podemos abandonan el Congreso al negarles la presidenta la palabra. Por tanto, bronca después de que Rafael Hernando acusara a Pablo Iglesias de estar al servicio de dictaduras extranjeras. Tras preguntar la presidente a Hernando si retiraba sus palabras y negarle el turno, el líder de Podemos ha abandonado el hemiciclo junto a sus diputados. Tal vez un indicio de lo que busca el PP, aislar a Podemos en una oposición radical y fuera de consenso para centrarse en incrementar el apoyo de Ciudadanos y acercar al PSOE a una posición más dialogante. Sin duda, los populares tienen que manejar con suma habilidad el nuevo curso que ahora se abre y en el que conseguir que los socialistas no acaben hundiéndose en sus batallas internas debe ser un objetivo vital. La división en un partido siempre es castigada por sus seguidores.

Igual que este largo período de interinidad ha tenido sus consecuencias, la nueva legislatura permitirá a los ciudadanos conocer a fondo las intenciones y el comportamiento de los partidos y quien defiende de verdad sus intereses sin otros objetivos ocultos. Esta debe ser la principal estrategia de aquellos que quieran tener en el futuro el favor de los ciudadanos en las urnas.

Por ello el titular que encabeza este artículo no es una pregunta, es realmente una afirmación o, mejor diho, si se prefiere, una disyuntiva. Si los grupos no aprovechan la ocasión para la concordia y emprender importantes reformas por consenso, se habrá perdido una gran oportunidad y, al mismo tiempo, estaremos viviendo una pesadilla.

Iberia Navidad

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