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Los barones del PSOE quieren liquidar a Sánchez: apoyarán a Rivera mientras se ‘refundan’

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El 14 de julio de 2014, Pedro Sánchez ganó limpiamente las primarias que lo convirtieron en secretario general del PSOE con un resultado rotundo –cerca del 49% de los votos emitidos–, frente a Eduardo Madina (36 %) y José Antonio Pérez Tapias (15 %). El 17 de junio de 2015, Sánchez era proclamado candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno sin necesidad de primarias ya que no tuvo contrincantes. Y el 20 de diciembre pasado, obtuvo un mal resultado en las elecciones generales, con 5,5 millones de votos y 90 diputados, lo que representa 1,5 millones de votos y 20 diputados menos que los que obtuvo Rubalcaba en 2011. Con la particularidad de que en esta última ocasión han irrumpido con fuerza Ciudadanos (40 escaños) y Podemos (69).

Pedro Sánchez fue designado por el rey candidato a la presidencia del Gobierno pero no consiguió la investidura. Ha conseguido, sin embargo, el único pacto transversal, centrista, entre PSOE y Ciudadanos, que podía haber promovido un cambio muy significativo si Podemos lo hubiera secundado, pero la formación de Pablo Iglesias quiere poder y ha optado por el pacto de su organización con el PSOE, que necesitaría el apoyo al menos pasivo de los grupos independentistas, algo que Sánchez tiene vetado por su partido.

Cuando se escriben estas líneas la situación está bloqueada. Sánchez y Rivera mantienen el pacto, sobre un proyecto progresista moderado y reformista que permitiría a este país dar un salto cualitativo hacia la modernidad, reforma constitucional incluida, así como orientar de nuevo el conflicto catalán hacia un desenlace pactado. Podemos, dividido internamente, está haciendo objetivamente la ‘pinza’ a los reformistas con el PP, bloqueando el cambio, impidiendo una primera fase de renovación. Y en el seno del PSOE , donde Sánchez tiene tantos amigos como enemigos, las espadas están en alto.

Lo que dicen los barones

La vieja guardia socialista, escasamente disciplinada y con una cierta tradición marrullera en su haber, ha visto con escepticismo el ascenso de Sánchez, un economista con escasa biografía pero con idiomas, que ha sabido desarrollar un proceso inteligente sobre las cenizas de un partido destrozado por sus predecesores. Y si los barones críticos con mando en plaza –Ximo Puig en Valencia, Susana Díaz en Andalucía, Fernández Vara en Extremadura, García Page en Castilla-La Mancha, Javier Fernández en Asturias– ya estuvieron a punto de frustrar la investidura de Sánchez después del 20D por las críticas en tromba que profirieron injustamente, ahora están afilando los cuchillos con vistas al congreso ordinario que el PSOE va a celebrar antes de las que ya se consideran seguras elecciones del 26 de junio.

La dirección encabezada por Pedro Sánchez está dispuesta a convocar el congreso, pero lo hará seguramente en mayo. En esas fechas, ya no habrá modo de descabalgarle a él de la candidatura en las elecciones siguientes, pero podría ser desposeído de la secretaría general. En todo caso, los barones cuentan con finiquitar el liderazgo de Sánchez, a quien no consideran persona adecuada para sacar al PSOE de la actual postración.

Naturalmente, los barones podrían encontrarse con una reacción adversa de las bases, que podría impedir la maniobra y consolidar el liderazgo de Sánchez. Pero su proyecto pasa por apartarle de la dirección socialista. Y ninguno de los dos expresidentes del Gobierno se oponen a semejante maniobra. Antes al contrario.

Tal operación, que será sin duda visible, repercutirá negativamente en el resultado del PSOE el 26J, pero esto no parece importar demasiado a los cuadros dirigentes, que ya tienen asegurada su supervivencia política en las comunidades autónomas que controlan durante una larga temporada. Y en todo caso, muchos de estos dirigentes no tienen el mejor empacho en reconocer que la mejor fórmula de estabilidad para después del 26J sería una gran coalición encabezada por el líder de la fuerza central, Ciudadanos, es decir, por Albert Rivera. Si Rajoy encabeza en junio la lista del PP, se le augura un resultado todavía peor que el de diciembre, por lo que no podrá negarse a una fórmula como esta.

Son pocas las voces que proponen mantener a Sánchez, permitirle que madure, potenciar su figura para fortalecer a medio plazo su liderazgo. Y todo indica que no la animadversión hacia el todavía secretario general no se tiene otros móviles que la ambición de poder de quienes querrían sustituirle en el protagonismo. Y la frivolidad de algunos líderes ya curtidos que deberían sembrar serenidad y sentido común y enredan entre bastidores como celestinas.

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