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Luis Sánchez–Merlo y la satisfacción inmediata en medio de tanta insatisfacción

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Satisfacción inmediata

“Vivimos en un mundo en el que la gente cada vez sabe más sobre menos cosas”. Siri Hustvedt pronunció estas palabras durante su discurso en la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2019 y Luis Sánchez–Merlo las recuperó para un artículo publicado en La Vanguardia. Tras leer el texto, tuve el inmenso gozo de compartir unas palabras con el autor y transmitirle mi percepción. Sabemos más sobre menos cosas —algo que no tiene por qué ser negativo per se, como explicó la propia Hustvedt en su discurso—, sí, pero además nos hemos acostumbrado a tenerlo todo al instante. Esta cultura adquirida ha pintado las cuatro paredes de nuestra sociedad y nos ha empujado a los dientes del cortoplacismo. ¿Es este un callejón sin salida?

Si algo define este momento que vivimos es el de la inmediatez. Si una página web tarda en cargar más de tres segundos, nos largamos ante el pavor que nos provoca ver una pantalla en blanco. Si algo nos indigna, corremos hacia alguna red social a protestar o crear una nueva polémica que tardará en disolverse lo mismo que una mala digestión. En estos tiempos de insatisfacción, decíamos, y tras la breve charla, llegó a mis manos el último libro de Sánchez–Merlo, Satisfacción inmediata, una obra de edición limitada donde se recopilan 101 artículos suyos publicados entre 2017 y 2018 en diferentes medios de comunicación.

En su obra, Sánchez–Merlo, con su particular excelencia lingüística, posa la actualidad en su microscopio para explicarnos esa parte que se nos escapa, esa noticia a la que no hemos llegado, ese punto de vista que nos faltaba o aquella injusticia que ni siquiera dios sabe cómo se nos ha pasado por alto. Pero también hay tiempo para la belleza, para detenerse bajo el sol del Ampurdán e incluso para charlar de deporte. Plasticidad para abarcar toda la realidad. Sánchez–Merlo, secretario de Presidencia con Leopoldo Calvo Sotelo, sabe más sobre mucho más.

La cultura de la satisfacción inmediata

En Satisfacción inmediata aparece un artículo homónimo publicado en El Independiente. En el texto, el autor, a raíz de la polémica sobre el impuesto hipotecario (resumamos en 46 palabras: el Supremo concluyó por 15 votos frente a 13 que es el cliente el que debe pagar el impuesto; Unidas Podemos convocó una manifestación frente al TS; y un desprecintado Pedro Sánchez anunció un Real Decreto-Ley para que fuesen las entidades bancarias quienes asumiesen esa cantidad), y el consiguiente desplome “de las piezas esenciales de la loriga del Estado”, se preguntaba: “¿Estamos en una cultura de satisfacción inmediata y del me merezco todo sin esfuerzo, lo que forma parte del proceso de destrucción del Estado?”.

Citando al filósofo e intelectual Fernando Savater, el autor sostiene que ha florecido la idea de que “es mejor mirar para otro lado, no mirar, el error fundamental de la política actual es querer contemporizar con quienes quieren lo contrario, imponerse a los demás”. Sánchez–Merlo sostiene que de aquí viene la disculpa “de quienes optaron hace tiempo por la salvación individual y no quieren entretenerse en averiguar lo que pasa” y se pregunta si esto es así porque ya no se piensa: “A quien lo hace, se le acusa de crispar; si es liberal, se le estabula en la extrema derecha y al que no comulga con sus ideas, se le esputa el manoseado ‘fascista’. Así que lo que priva es la apacible condescendencia, compendiada en ese impío esto es lo que hay, tan del gusto de las últimas generaciones”.

Este que escribe pertenece a una de esas últimas generaciones y coincide con el análisis que realiza el autor. Si observamos, todo en nuestro alrededor gira en torno al aquí y ahora, y del borroso mañana que se ocupen otros; en otras palabras, “ceder a la apetencia inminente y no esperar recompensa”. “La desazón social es grande y la angustia vital insoportable, por lo que resulta difícil escapar a ese estado emocional”, recalca.

Desenlaces y punto de no retorno

Todo artículo es un hilo del que tirar, una puerta que se abre para entender una realidad tentacular cuyas dimensiones desborda el cajón de lo simple. Una ducha de argumentos y ejemplos que refrescan a uno y lo revitalizan cuando viene de la guerra, es decir, de las redes sociales. Sánchez–Merlo tiene esa envidiable habilidad para, además de sentar cátedra con plena libertad y sobre cualquier asunto, leer los puntos suspensivos de la actualidad y señalar el desenlace. En esta redacción no se olvida su premonitorio artículo, también en el libro, ‘Próxima estación, El Pardo’. Publicado el 1 de noviembre de 2018 en El Español, Sánchez–Merlo barruntaba que los restos del dictador Francisco Franco, si se hacía cumplir la Ley de Memoria Histórica, terminarían en “el cementerio de la colonia Mingorrubio, perteneciente al barrio de El Pardo y construida para albergar a militares que formaban parte de la escolta de Franco”. Ya conocen lo que pasó. Comprender la realidad y sus formas permiten ir un paso por delante.

Vayamos bajando la persiana a estas líneas. Es posible que a menudo, realizando comparaciones y análisis de nuestro tiempo, pequemos de apologistas y suspiremos por un pasado que nunca volverá. Pero da cierto vértigo reconocer, atendiendo a quienes saben, que estamos en un punto de no retorno y que las esperanzas de cambio residen en escasas manos. Algunos, como Sánchez–Merlo y sus píldoras textuales, hacen mejor esta realidad porque nos animan a reflexionar y nos dan argumentos para entender, que es el primer paso para cambiar. ¡Qué inmensa satisfacción la de este libro!

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Sergio García M.

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