Debate

Motivaciones de voto

0
Motivaciones de voto 1

Cualquier persona que tenga un problema relevante o que piense que puede tenerlo en el futuro, si cree que un partido se lo va a resolver o se lo va a evitar, votará por él, independientemente de que su posición ideológica coincida o no con dicho partido. Si alguien considera que su vida o la de sus familiares o amigos están en peligro, votará por el partido que minimice ese riesgo, si es que cree que existe algún partido capaz de conseguirlo.

Por lo tanto, cuando una persona se ve sometida a situaciones de estrés vital (amenaza de pérdida del puesto de trabajo o la diminución de una pensión o la desaparición de un subsidio…), si localiza una opción política que minimice o aligere ese estrés, los incentivos que tiene para votarla son muy fuertes.

Es por eso que el miedo explica el voto a determinadas opciones como es el caso de Alternativa por Alemania, del Frente Nacional francés o del Partido por la Independencia en el Reino Unido; que han conseguido implantarse fuertemente en países con una economía privilegiada y una democracia robusta. Todas estas formaciones han entendido la potencia del miedo, han sabido ver sus causas y han propuesto soluciones para evitarlas, aunque estas soluciones sean insolidarias, inaplicables y algunas antidemocráticas.

Pero no sólo el miedo es una emoción poderosa a la hora de inducir el voto. La ilusión es otro elemento de una elevada potencia. Después del miedo, la ilusión es la siguiente fuente de motivación para votar a una opción frente a otra. Este estímulo es, al contrario que el miedo, un estímulo positivo y su núcleo es la esperanza en un futuro mejor.

La ilusión muchas veces está salpicada con matices de miedo o de revancha, como puede ser el caso de Syriza, pero no deja de ser una fuerza de decisión en positivo, es la idea de un futuro mejor, la superación de un impasse o de una incapacidad, en definitiva la sustitución de una frustración por una ilusión.

El voto a Ciudadanos y a Podemos en las últimas elecciones generales ha estado en gran medida motivado por la ilusión, una ilusión por cambiar una forma de hacer política que se ha revelado incapaz de salvar la crisis económica con un mínimo de daños.

Una de las diferencias más importantes entre el miedo y la ilusión es que el voto por miedo es bastante más estable que el voto por ilusión, pues esta última no está sustentada por el instinto de supervivencia y ante cualquier contratiempo se desinfla, mientras que el miedo se agarra a las ideas como un náufrago a un salvavidas, con necesidad ciega.

Cuando no existen motivaciones tan a flor de piel, el voto se expresa a través de las fracturas que dividen una sociedad, en España en el ámbito nacional, fundamentalmente en forma de ideología : en este sentido, la ideología es el poso de la experiencia vivida, una experiencia que comienza al pertenecer a un grupo, como la familia, el entorno de amigos o el ámbito laboral, entonces se es de un partido como se es de un equipo de futbol y después se evoluciona hacia otras opciones como consecuencia de la decepción o del cambio de estilo de vida o no se cambia y se consolida la opción inicial.

La ideología que, habitualmente, es una forma más sosegada de vivir la política que el miedo o la ilusión, encuentra su máxima capacidad de influencia cuando se activa la polarización, cuando se consigue generar un clima de “bandos”, de con nosotros o contra nosotros, sin alternativas intermedias, cuando cualquier razonamiento que no apoye a uno de los dos grupos, o lo que es lo mismo, que no ataque al grupo contrario, se tacha de melifluo, buenista o revisionista.

La ideología, junto con algo de miedo a los nuevos partidos, es lo que ha permitido que PP y PSOE, pese a la perdida de voto que han tenido, hayan conseguido seguir siendo las dos fuerzas más votadas.

La combinación del miedo, la ilusión y la ideología dio a luz en los últimos comicios de diciembre a un Congreso con tal diversidad de grupos, que ha hecho imposible la formación de un gobierno y ha supuesto una prueba de fuego para los partidos políticos, tanto tradicionales como de nuevo cuño.

Desde entonces, los ciudadanos nos sentamos en el patio de butacas observando la actuación de cada uno de ellos, la valoración general de la obra es mala, pues el deseo mayoritario era no tener que ir unas nuevas elecciones y este deseo no se ha cumplido, ninguna fuerza política ha conseguido aglutinar votos suficientes para elegir presidente de gobierno.

Pero, una vez hecha la valoración global, empieza la valoración de los distintos actores. Analizando a los principales partidos, de más a menos votado, tenemos en primer lugar al Partido Popular.

El Partido Popular, siendo el partido más votado, renunció a presentar candidato a la presidencia de gobierno por temor al desgaste que le podía suponer las sesiones de investidura; es posible que así hubiese sido, pero el no hacerlo también le ha supuesto un desgaste importante al transmitir una imagen de indolencia o de no actividad.

Sus votantes, como se indicaba antes, presentan una motivación principalmente ideológica, pero la composición del Congreso ha activado en una parte de ellos el miedo a un posible gobierno con Podemos.

De cara a unas nuevas elecciones la posición de salida para el PP parece estable, sin desgaste importante por no presentar candidatura para la presidencia de gobierno, ni fuertes impulsos por su predisposición al acuerdo con el PSOE, después de todo, aunque la ideología no sea tan fuerte como el miedo, no se desgasta tan rápido como la ilusión.

Por su parte el PSOE, que fue el principal impulsor durante la campaña electoral del “bandismo” ideológico, cambio de táctica y apoyándose, en un cierto miedo al extremismo de Podemos, se ha definido por el acuerdo con Ciudadanos, si bien mantiene su rechazo a cualquier acuerdo con el PP.

Esta estrategia que parecía que le podía beneficiar electoralmente, pues escenificando el deseo de acuerdo con Podemos para evitar que continuase el gobierno de Mariano Rajoy, elemento básico de su estrategia de lucha ideológica con el PP, también ha presentado una cara moderada ante un Podemos con bastante menos brillantez para gestionar los resultados de la que tuvo para obtenerlos, parece que no está siendo suficiente, pues la sensación de división interna y como consecuencia de ello, la imagen de líder provisional que se transmite de Pedro Sánchez, les está lastrando sus expectativas de voto.

Podemos, como se señalaba al principio, obtuvo gran parte de sus votos debido a la ilusión, ilusión generada por la imagen que han dado de ser una opción capaz de conectar con un segmento de la población que se ha sentido abandonado por los partidos tradicionales. Pero precisamente por ser un voto de ilusión, es un voto mucho menos tenaz que si fuese un voto motivado por el miedo, por tanto, no obtener resultados le supone un desgaste, sobre todo porque las desilusiones se suceden. Primero no consiguieron tener más votos que el PSOE, asumible, después de todo, son los ciudadanos los que así lo han querido, pero después, no consiguen entrar a formar parte de un gobierno, con lo que supone de falta de capacidad para actuar sobre la realidad, pero es que, tampoco han sido capaces de quitar un gobierno del PP, esta sucesión de decepciones, ha hecho mella en su electorado y consecuentemente su estimación de voto ha ido a menos.

Pero como si la capacidad de impactar en la sociedad de Podemos se activase y desactivase con las campañas electorales, Podemos ha sido el único partido capaz, hasta el momento, de presentar una actuación significativa y aliándose con IU ha conseguido frenar la sangría de votos que se estaba produciendo hacia esa fuerza política e introducir un estimulo que vuelve a generar cierta ilusión entre su electorado.

Por último el cuarto partido, otro de los beneficiados del voto ilusionante, Ciudadanos, aunque inicialmente su resultado fue hasta cierto punto decepcionante, pues no le permitía formar gobierno con ningún partido y por tanto marcar un nuevo estilo político, su trabajo en pos de un acuerdo con el PSOE y buscando que el PP se incorporase al mismo, le ha dado réditos positivos. Pero no hay que olvidar que en el caso de Ciudadanos su voto está más basado en la ilusión que en la ideología y si la ilusión disminuye serán los dos partidos adyacentes, PP y PSOE los que activen la ideología para captar su electorado, lo que explica que siendo su actitud la mejor valorada, no sea capaz de despegar en estimación de voto.

Así pues, parece que el baño de realidad que ha supuesto la inoperancia del legislativo a la hora de dar su confianza a un presidente de gobierno pudiera estar acabando con la ilusión de una nueva política y por tanto, ante las nuevas elecciones, si en el tablero no aparecen ideas nuevas, esta campaña volverá a ser una campaña clásica con mayor influencia de la ideología y del voto útil en relación a la misma.

Iberia Navidad

Vida y literatura

Entrada anterior

Jesús Silva, ¿Ingeniería pública al servicio del país?

Siguiente entrada

También te puede interesar

Comentarios

Dejar un comentario:

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Más en Debate